Escrito por Luz Edwards / Nº 230 /  10 octubre 2015
Juan Carlos Castilla, ecólogo: El discurso de cuidado ambiental  debe traducirse en acciones

La tierra está enferma y el ser humano es el principal responsable. Juan Carlos Castilla, Premio Nacional de Ciencias, plantea que es necesario abrir los ojos a esta realidad. Inspirado por la encíclica del Papa Francisco Laudato Sí’, propone un cambio de mentalidad y una acción colectiva que comienza en la familia.

A Juan Carlos Castilla le gusta decir que en Chile hoy no hace falta una alfabetización en temas de cuidado ambiental, sino una pre-alfabetización: “Aprender a hacer el palito de la A. En esa etapa estamos”. Esto lo sabe porque regularmente da charlas a escolares, profesores, universitarios, autoridades de gobierno o gerentes de empresas, y siempre se encuentra con una audiencia que queda boquiabierta a sus datos respecto del daño que produce al ambiente la actividad humana actualmente o, por ejemplo, o cuánto anhídrido carbónico captura una planta.

También observa frecuentemente errores conceptuales, como la confusión entre ecología y ecologismo, o el mal uso del adjetivo “ecológico”. “Decir que un bus es ecológico porque contamina poco es un sinsentido. La ecología no es la contaminación. Lo mismo que llamarle ‘punto ecológico’ a un sector donde se instalan basureros”, ejemplifica.

¿Qué es la ecología y en qué se diferencia del ecologismo?
– La ecología es una ciencia y como ciencia tiene sus hipótesis, sus paradigmas, y un modo de hacer, que es el método científico. Una definición simple sería: ecología es la ciencia de las interacciones. Interacciones entre organismos, de ellos con el ambiente y viceversa; por ejemplo, quién se come a quién, quién compite con quién, quién gana y quién pierde en la interacción, qué pasa cuando aumenta la productividad, cuál es y qué pasa con la interacción del ser humano… Eso estudia el ecólogo: cómo funcionan los sistemas naturales. El ecologismo, es otra cosa. Es una agrupación, una postura, una tendencia, una mezcla de posiciones, de política, de filosofía, de economía, de ciencia también… y hasta puede transformarse en un partido político, como el Partido Verde, o en organizaciones no-gubernamentales, como Greenpeace. No digo que sea peor o mejor; sólo que es otra cosa.

¿Y usted como ecólogo, siendo científico, tiene alguna postura?
– Sí, la tengo. Lo que hace el ecólogo es trabajar en interacciones y tratar de entender cómo funcionan los sistemas bio-físicos. ¿Para qué trato de entenderlas? Con esa pregunta, se abre un mundo. Yo personalmente, trato de entenderlas para, en último término, ayudar a mejorar el bienestar humano. Ese es mi propósito último como ecólogo. Esto, ya que para mí algo fundamental es que el ser humano es parte del ambiente: así como otros organismos son parte de mi ambiente, yo soy parte del ambiente de esos otros seres.

¿Somos poco conscientes de esa realidad?
– Sí, muy poco conscientes. Hablamos como si la naturaleza quedara en la Patagonia; lejos de nosotros, cuando el ser humano es también la naturaleza. Cuando yo digo algo sobre las ballenas, estoy diciendo algo sobre el ser humano. Yo tomo una posición. Para mí el ser humano está por sobre las ballenas y eso no quiere decir que no me importen las ballenas. Quiere decir que mi filosofía ecológica se enfoca muy preferentemente hacia el bienestar humano.

Ciegos al daño que produce el consumismo

El efecto de algunas acciones humanas sobre el ambiente es cada vez más dañino y la mayoría de las personas continúa sin enterarse. Lo de “No tirar papeles al suelo” parece estar ya superado, pero no es suficiente. Juan Carlos Castilla explica que el problema del cambio climático y el calentamiento global es hoy uno de los más graves y el más importante de difundir, pues las acciones y decisiones de cada uno de nosotros repercuten en su agudización.

¿Qué es lo esencial que debemos saber acerca del cambio climático?
– El anhídrido carbónico es un gas, una molécula que se representa como CO2. Esa molécula cuando llega a la atmosfera vive aproximadamente 100 años antes de destruirse. Hace 800 mil años, había entre 200 y 280 partículas de CO2 por millón. Desde la revolución industrial hasta ahora, aumentó a 400 partículas por millón. ¿De dónde salió eso? De la actividad humana. Esto se exacerbó en 1945, al terminar la II Guerra Mundial. Dejamos de pelear y nos convertimos en consumistas desenfrenados.

¿Y cuál es la principal causa de la acumulación de CO2?
– Detrás de cada cosa que adquirimos y de muchas de nuestras actividades diarias, hay emisión de anhídrido carbónico; ya sea porque lo que compramos se fabricó con uso de combustibles fósiles o porque nosotros mismos lo generamos; por ejemplo, cuando nos desplazamos en auto, cocinamos o nos duchamos. Vivimos en un mundo hiper-consumista que quema petróleo; donde en vez de tener una cartera, se tienen 10; y 15 camisas y 40 pares de zapatos. Ésa es la relación y de ahí proviene más del 50% del CO2 que se almacena en la alta atmósfera y ha incrementado muy súbitamente el efecto invernadero y está modificando el clima.

Pero no lo vemos. Como tampoco percibimos el aumento de temperatura provocado por el efecto invernadero. ¿Cree usted que por eso no hacemos nada al respecto?
– Efectivamente, el CO2 es invisible al ser humano: sin un color y sin olor. Se sabe que en los últimos 100 años la temperatura de la tierra ya aumentó en 0,7 grados promedio. Y se sabe que aunque desde hoy dejáramos de emitir anhídrido carbónico, el que ya está estacionado en la atmósfera hará que la temperatura aumente en unos 2 grados en los próximos 40 años. ¿Qué dice uno? Ah, qué rico, va a hacer más calor, o me da lo mismo. Pero para el sistema atmosférico y climático no da lo mismo. Porque si aumenta la temperatura, aumenta la evaporación del agua del mar; eso lleva a que haya más nubes, por eso cambian los sistemas de presión, los periodos de sequía o de lluvias elevadas e imprevistas, muy posiblemente por esa razón cambia en duración y frecuencia el Fenómeno del Niño o La Niña; los vientos cambian, el clima cambia. Todo esto se sabe. Está descrito. Pero pocas personas han tomando conciencia de ello.

¿De cuánto CO2 soy responsable?
A Juan Carlos Castillo le gusta dar datos que abran los ojos a las personas y los acerque a darse cuenta de que todos somos responsables del problema del calentamiento global. Aunque unos sean más responsables que otros, sin duda.
Cada chileno emite, en promedio, 5 toneladas de CO2 anuales. Eso significa que Chile emite 0,3% del total mundial. Un habitante de Estados Unidos emite, en promedio alrededor de 20 toneladas, y un habitante de Ghana, 0,5. El detalle por país de 2011 está en datos.bancomundial.org/indicador/EN.ATM.CO2E.PC
Existen calculadoras online para saber de cuántas emisiones genera cada uno basándose en datos como el medio de transporte utilizado, combustible de calefacción, frecuencia de visitas al mar, etc.
www.huelladecarbonochile.cl/?page_id=63

Hacia un decálogo personal a partir de la encíclica de Francisco

El cambio climático es uno de los temas que aborda la Carta Encíclica “Laudato Si’” del Papa Francisco. Juan Carlos Castilla hace ver que el documento trata principalmente acerca de los recursos de uso común, que no debieran pertenecer a nadie, como son los océanos, las aguas interiores, la biodiversidad y el aire.

¿Qué le pareció la encíclica?
– Me parece un documento muy veraz, feroz y desafiante. Por ejemplo, describe cómo nuestro modelo económico, que busca maximizar ganancias y que no mira con la profundidad necesaria la desigualdad y a los más pobres, nos induce a un estilo de vida hiper-consumista, y cómo ello ha llevado a dañar aquellos recursos que son de todos. El Papa le habla explícitamente a los gobiernos y a las sociedades organizadas y les dice que lo han hecho mal. También le habla a cada uno de nosotros.

Usted ha dicho que ese llamado debe traducirse en acciones. ¿Qué consejo nos daría?
– Pienso que uno de los factores de importancia central es que la lectura de la Encíclica provoque un cambio en nosotros, en nuestras tomas de decisiones diarias y conductas. Por ejemplo, yo, como ecólogo, economista, como padre de familia, como periodista, como profesor, ¿qué voy a hacer al respecto? Y la respuesta es personal, diferente en cada caso. Preguntarse de qué manera puedo comprar lo necesario, usar menos electricidad, menos combustibles fósiles. Además, el Papa habla mucho de bienestar humano, de desigualdad. ¿Cuánto le pago a la persona que hace el aseo en mi casa? ¿Soy consecuente o no? Le debo respeto a esa persona, pues ella es parte de mi medio. Luego, es necesario mostrarle esto a toda la familia, pues ahí está la primera potencialidad de hacer acción colectiva y yo tengo el deber de abrirles los ojos si es que todavía no han tomado conciencia. La familia es mi primer círculo colectivo. Lo que hago en beneficio del ambiente lo puedo multiplicar fácilmente por un factor de al menos de 10. Más aun, con mi circulo de colegio, universidad, lugar de trabajo… puedo multiplicar por un factor de 100. ¡No estoy solo en esta sociedad!

¿Qué acciones ha tomado usted, en su día a día?
– Luego de pensarlo, me auto-escribí un decálogo que me deja bastante tranquilo, para reducir mis emisiones de anhídrido carbónico. Por ejemplo, desenchufar en mi casa, cuando no se usan, los artefactos eléctricos, no usar más ampolletas incandescentes, usar el metro lo más posible, difundir a otros, con palabras simples, lo que yo sé. Además, tuve suerte y con el dinero de un premio que me otorgaron en Europa, decidí vender mi 4 X4 y comprarme un auto híbrido. Desde entonces, contamino entre 70-80% menos que otro auto idéntico no híbrido. No digo que todos lo tengan que hacer, pero es una opción para los si lo puedan hacerlo, que son muchos.

UN LLAMADO A CUIDAR DE LA CASA COMÚN
En mayo de este año, 2015, el Papa Francisco publicó la Carta Encíclica llamada “Laudato Si’ (Alabado seas), Sobre el cuidado de la casa común”. Para el título, el Papa se inspiró en el “Cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís, donde expresa: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”. Algunas citas de la encíclica:

Daño irresponsable a la hermana tierra / “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”.

El ejemplo de San Francisco / “Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. (…) Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo”.

Calentamiento global / “La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. (…) Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo”.

Inequidad / “Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.
Política y ambiente / “El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre medio ambiente”.

Consumismo / “El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano «acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y lo acertado».

Educar la responsabilidad ambiental / “La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad”.

Reportajes Relacionados

About Author

Carolina

(0) Comentarios de lectores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *