Escrito por Mónica Bulnes P. / Nº 230 /  15 octubre 2015
Ser niño o ser niña: La formación de la sexualidad

La sociedad influye en las maneras que tenemos de hacer las cosas, pero nuestra biología tiene un enorme impacto también y, si por temor a una “desventaja cultural”, le negamos a nuestros hijos la posibilidad de conocer y apreciar su propia naturaleza, les estaremos provocando un daño formativo importante.

Hace años, una pareja de intelectuales se casaron y cuando tuvieron su primera hija, decidieron que no iban a educarla con los “estereotipos culturales femeninos” tradicionales que, según ellos, le impedirían el éxito personal y profesional. Así fue como la niña sólo usaba pantalones, no le compraban nada color rosado, no tenía muñecas, etc. Cinco años después, llegando a su casa después del trabajo, el papá escuchó a su hija jugando en su habitación. De puntillas para no interrumpir la escena, el padre se asomó por la puerta y observó cómo su pequeña tenía a todos sus camiones acomodados sobre una almohada y, mientras los tapaba con una cobija, le decía a su papá: “¡Shhhhhh, están dormidos!” El hombre se dio cuenta que su hija jugaba a ser la mamá de los camiones…

El proceso psicológico en el que el niño se reconoce como hombre y la niña como mujer ocurre muy temprano en su infancia: alrededor de los tres años. Esta identificación sexual no sigue pasos específicos, no sigue el mismo orden y no ocurre al mismo tiempo en todas las personas. Depende de factores tales como la personalidad del pequeño, las características y dinámicas familiares y muchos otros aspectos igualmente importantes, por lo que, si pensamos en todo esto al mismo tiempo en que estamos tratando de educar a nuestros hijos como hombres y mujeres de bien, no vamos a hacer un buen trabajo.

Por supuesto que la sociedad influye en muchas de las maneras que tenemos de hacer las cosas, pero nuestra biología tiene un enorme impacto también y, si por temor a una “desventaja cultural”, le negamos a nuestros hijos la posibilidad de conocer y apreciar su propia naturaleza, les estaremos provocando un daño formativo importante.

Así que en estos tiempos en donde existen tantos cuestionamientos e interrogantes sobre la sexualidad de las personas, una inagotable cantidad de información y un incremento en el nerviosismo e inseguridad de los padres sobre la mejor manera de manejar este tema, creo que lo fundamental es centrarse en darle a los hijos la información y herramientas para tener una vida adulta plena, trascendente y feliz, a través, entre otras cosas, de tu ayuda y acompañamiento en el proceso de descubrir quién es como persona y a conocer sus características individuales que lo distinguen de los demás, siempre en concordancia con su naturaleza femenina o masculina.

Desde el punto de vista biológico, psicológico y socio-cultural, con una sólida base valórica, un hombre debe saber las generalidades sobre lo que quiere decir ser un hombre. Una mujer debe comprender lo que significa ser mujer. Ambos sexos deben conocer los puntos que comparten como seres humanos, para después, durante toda su infancia, pero de manera más preponderante a partir de la pubertad, tratar de incrementar sus conocimientos sobre el sexo opuesto, de tal manera que puedan desarrollar una mayor comprensión de sí mismos a través de quien es el otro y prepararse para una profunda complementariedad al formar una familia.

Sé que suena complicado, pero en realidad no lo es. Tus respuestas directas y claras a las preguntas de tus hijos -para lo que tendrás que prepararte en algunos temas-, la congruencia entre tu vida y los valores y el acercamiento sencillo y natural que tengas sobre el tema, irá facilitando el proceso. El miedo o el silencio son tus peores enemigos, pues ambos dejarán a tus hijo indefenso en un mundo lleno de información confusa y contradictoria. Prepáralo para que pueda enfrentarlo con seguridad y confianza, no sólo de saber quién es como hombre o mujer, sino como la persona íntegra y capaz que le permitirá construirse un buen destino.

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