Escrito por Soledad Garcés / Nº 231 /  06 noviembre 2015
Celulares y videojuegos: ¿Cómo, cuándo y por qué?

“¿A qué edad debo regalarle un celular a mis hijos?” Esta pregunta me la hacen decenas de padres cuando doy charlas sobre el uso de tecnologías. La desorientación de los padres se debe a que ellos son la primera generación que se enfrenta a esta pregunta y porque como sociedad carecemos de referentes y patrones de conducta para guiarnos en esta materia.

La Academia Americana de Pediatría y la Sociedad Canadiense de Pediatría recomiendan que entre los 0 y 2 años, los menores no tengan contacto con pantallas. Explican que es necesario promover actividades que fomenten el movimiento físico para estimular actividades cerebrales básicas para el crecimiento. El desarrollo temprano del cerebro está determinado por los estímulos ambientales, que no necesariamente se logran con actividades de dispositivos electrónicos ya que éstos restringen el movimiento físico de los menores.

Entre los 3 y 8 años, sugieren un tiempo menor de una hora al día frente a pantallas y ya a partir de los 8 años, se puede ampliar a un par de horas más para el entretenimiento y estudio. Cerca de los 12 años, el cerebro de un menor ya tiene la capacidad de gestionar con ayuda y supervisión de un adulto, lo que implica el uso de una pantalla con acceso a internet.

Los riesgos desde tres ejes

Exceso de conexión y los trastornos conductuales que esto puede generar (problemas de sueño, adicción, estados ansiosos, entre otros).
Problemas derivados del contacto con terceras personas (ciberbullying, acoso, suplantación de identidad, ciberataques, entre otros).
Consecuencias que conlleva el acceso a contenidos inadecuados. (Acceso a contenidos falsos, pornografía, violencia explícita, o contenidos no aptos para la edad del menor).

A la luz de estas problemáticas que pueden surgir al empoderar a un hijo con un celular, es importante que tengamos presentes algunos consejos:

1. Ofrezcamos instancias de entrenamiento:
Los niños deben aprender a utilizar los teléfonos celulares de manera gradual de acuerdo a su edad y capacidad para comprender los beneficios y riesgos que este aparato implica. Deben estar siempre supervisados por un adulto que pueda resolver sus dudas y que modele el proceso de aprendizaje.

Se recomienda la entrega de celulares con acceso a internet una vez cumplidos los 12 años, o bien, cuando se observe la capacidad de gestionar de manera correcta este tipo de dispositivos con responsabilidad, seguridad y ética.

Es importante dejar claro las reglas de uso y especificadas las consecuencias que puede acarrear su uso inadecuado: calumnias, amenazas, injurias, son delitos penados y debe respetarse ante todo, la dignidad de las personas con quienes se relacionan a través de internet , evitando el contacto con desconocidos.

Apóyenlos con horarios escritos o contratos donde se establezcan las condiciones de uso pactadas.

2. Determinemos reglas y normativas familiares:
Dialogar sobre los beneficios y riesgos implícitos en el uso de las tecnologías facilita el establecimiento de reglas y normas familiares de acuerdo a la edad y necesidades específicas de cada miembro de la familia.

Es importante determinar: horarios de uso, lugar y momentos del día y las maneras en que se tratará la información personal de cada miembro de la familia. Por ejemplo: siempre debes contestar las llamadas de tus padres, no uses redes sociales que no sean propias de tu edad, evita el contacto con desconocidos, el celular se cargará en la habitación de tus padres cada noche, entre otros.

3. Eduquemos en la prevención:
Considerar a los niños víctimas pasivas de los riesgos de internet impide comprender el real aporte que pueden tener los medios digitales en sus vidas. Conversar con ellos sobre los riesgos a los que se exponen si no toman las medidas de seguridad necesarias es clave para evitar problemas que luego serán de compleja solución.

Debemos incentivar las medidas de autocuidado como: controlar el tiempo de uso, seleccionar juegos o aplicaciones que los desafíen intelectualmente libres de violencia, aceptar solo a personas conocidas en sus redes sociales, y evitar publicar información personal que pueda ser usada por personas malintencionadas.

Pensar antes de actuar es clave ya que les ayudará a los hijos a evitar situaciones que podrían no saber gestionar de manera adecuada. Conversen con sus hijos, sobre los riesgos y beneficios que pueden tener las tecnologías dejando claro las consecuencias que su mal uso puede traerles. Por ejemplo: las redes sociales permiten acercar a personas, crear canales de comunicación entre usuarios con intereses comunes pero también son medios para el acoso sexual, la ciberdelincuencia y el ciberbulliyng. Ejemplo: el publicar fotos personales puede provocar una ola de memes humillantes que luego, un menor, no puede controlar provocando una situación muy difícil para ellos ya que quedan expuestos a la burla de sus pares.

4. Enseñemos autocuidado y hablemos de su huella digital:
Es importante que los niños y jóvenes conozcan qué sucede en internet con sus datos personales una vez que abren una cuenta en alguna red social, usan Google, o se inscriben en algún sitio web para jugar online a través de su teléfono celular.

Proyectar a futuro cada una de las acciones que se realizan en internet, es un buen ejercicio para dimensionar el impacto y las consecuencias que puede tener para ellos el hacer un uso inadecuado de sus datos personales, expresarse irrespetuosamente sobre terceras personas, publicar información privada o acceder a contenidos no aptos para su edad.

Lean con ellos, las políticas de privacidad y condiciones de uso de las herramientas que ha escogido tener en su teléfono. Ejemplo: reconocer las herramientas de localización que tiene su equipo y que son usadas por las empresas para saber dónde y con quien interactúa cada usuario.

5. Gradualicemos el acceso a las tecnologías:
En la medida que los hijos van creciendo pueden ir accediendo a equipos cada vez más sofisticados, siempre cuando se justifique su uso y sepan utilizarlos de manera sana, controlada y responsable.

6. Ofrecezcamos alternativas:
Debido al temprano acceso a las tecnologías que están experimentando los niños, es importante generar espacios para el juego activo, social y no puramente digital. Priorizar el deporte, la vida al aire libre, las actividades familiares y sociales, será clave para que crezcan de manera integral y equilibrada. Faciliten los juegos de mesa, ingenio, juguetes que fomenten el racionamiento lógico, lectura recreativa, entre otros. El teléfono celular lo tendrán igual en la adultez, demore todo lo que pueda su llegada dando espacios para otras actividades propias de la niñez.

7. Controlemos el contenido:
Tan importante como la cantidad, es la calidad de las actividades que realizan los menores en sus celulares. El control parental y familiar debiera priorizar la discusión sobre los temas que se consumen en la web y el aporte que éstos significan para los niños y jóvenes. Es importante desarrollar en ellos hábitos de autocuidado enseñándoles a evitar los contenidos que no aportan o dañan su integridad por ser ilícitos o nocivos y a controlar lo que ven y comparten en las redes sociales.

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