Escrito por Daniela Vieira Papapietro / Nº 231 /  06 noviembre 2015
Las frustraciones de fin de año

En noviembre y diciembre aumentan frases como: “Para que voy a estudiar, si no hay caso con Historia, haga lo que haga me va a ir mal”, “No puedo con Matemáticas, no me entra en la cabeza, no puedo”, “Lo que más quiero es salir del colegio y no estudiar nunca más en mi vida”. Y los padres por su parte dicen: “Si te va mal, vas a estar castigado en el verano y vas a tener que estudiar todos los días, una hora mínimo”.

La tolerancia a la frustración en un concepto transversal a todas las edades. Si nos centramos específicamente en los adolescentes, éstos tienen que enfrentar muchas demandas y presiones tanto con su propio crecimiento y grupo de pares, como con las exigencias del colegio y las expectativas de los padres.

Es frecuente ver a estas alturas del año a muchos jóvenes (y padres) frustrados por el rendimiento escolar, lo cual puede desencadenar diversos síntomas tales como: marcada impaciencia, irritabilidad, cambios repentinos de humor y en la manera de relacionarse con sus padres, hermanos y amigos, deseos de dejar de hacer alguna actividad que antes realizaban con placer.

En noviembre y diciembre aumentan frases tales como: “Para que voy a estudiar, si no hay caso con Historia, haga lo que haga me va a ir mal”, “No puedo estudiar, Matemáticas no me entra en la cabeza, no puedo”, “Lo que más quiero es salir del colegio y no estudiar nunca más en mi vida” o frases de los padres tales como: “Si te va mal, vas a estar castigado en el verano y vas a tener que estudiar todos los días, una hora mínimo”.

¿Cómo acompañar a los adolescentes en este proceso y poder ayudarlos a generar estrategias para enfrentar el estrés y la frustración a lo largo de sus vidas?

En primer lugar, empatizar con que para nadie es fácil o agradable no lograr aquello que se desea, en el tiempo que se desea. Validar lo difícil y desagradable que es. Poder acompañar al otro en este proceso y luego impulsarlo a seguir adelante. Decir: “Se que es difícil, vamos adelante, tu puedes”, “Te entiendo, se que dan ganas de no seguir, pero estoy segura que vas a poder ¿cómo te puedo ayudar?”, pueden ser de gran ayuda.

Ayudarlos a que estén conscientes de las señales que le entrega su propio cuerpo de estrés y frustración, de manera que aprendan a manejarlas antes de que sea demasiado tarde. Por ejemplo: empezar a dormir mal, despertar sintiéndose poco descansados, sentirse más impacientes, etc.

Impulsarlos a enfrentar. El estrés y frustración generalmente nos llevan a abandonar aquello que nos está costando. Impulsémoslos a continuar: no hay peor tramite que el que no se hace. Evitar aquello que me está resultando difícil solo aumenta el estrés, la frustración y me genera auto-diálogos negativos que afectan mi autoestima y mi autoeficacia (“No soy capaz”, “No sirvo para esto”, “Nunca voy a poder”, “Soy tonto”). Eso aumenta la frustración, como un efecto de bola de nieve cada vez mayor.

Fomentar momentos de descanso y especies de “premios” cuando vayan avanzando y enfrentando lo que les resulta difícil. Diseñar un plan, paso a paso para ir enfrentando aquello que me resulta difícil y me puede frustrar. Cuando lo vaya logrando, me puedo generar un “premio”. Por ejemplo, “si hago las dos primeras hojas de la guía, me regalo 15 minutos para ir a comprar ese jugo exquisito que venden en el negocio de la esquina”. “Si me leo todo lo que me falta del libro hoy, mañana me junto un rato con mis amigas”.

¡Atentos con las expectativas! Es importante dimensionar el tamaño de las expectativas, tanto del joven, como de los padres. A mayor expectativa, más grande puede ser la frustración. Esto no implica que no los impulsemos a superase a sí mismos y a que se exijan…, el tema es que las expectativas sean lo más reales posibles y a la medida de la persona. Por ejemplo: Si Pablo ha obtenido puros 3,0 en lenguaje, no le vamos a exigir sacarse un 6,8 en la prueba global.

En periodos de estrés y donde puede haber mayor probabilidad de frustración, tengamos especial cuidado en mantener una alimentación sana, un sueño reparador, realizar actividad física. De esta manera el cuerpo estará mejor preparado para enfrentar lo que sea.

Finalmente, entender el proceso de aprendizaje como tal, con errores, con sentir a veces que no voy a poder y que de todas estas experiencias se irá aprendiendo algo distinto que me va a sumar en el futuro.

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