Escrito por Extracto de la conferencia dictada por Emerson Eggerichs / Nº 233 /  18 February 2016
Amor y respeto en el matrimonio

¿Has mantenido alguna vez una discusión con tu cónyuge en la que de pronto él o ella se sintieron abatidos o desmoralizados? ¿Reconociste el instante en que “la cuestión” de la que hablaban dejó de serlo? ¿Te has preguntado alguna vez: ¿cuál es “la cuestión” cuando “la cuestión” ya no es la cuestión? Por Emerson Eggerichs. (Extracto de la conferencia dictada por Emerson Eggerichs en el 19th InternationalFfamily Congress, organizado por IFFD en México, 2015).

Pongamos un ejemplo. Una esposa se ha estado quejando de que ha engordado y su marido, el día siguiente, encuentra un libro que lleva por título “Dieta para la mujer de negocios de hoy”. Lo compra y lo lleva a casa y se lo tiende a su mujer, que lee de pasada el título impreso en la portada. Él ve que su cara cambia súbitamente, que adopta un gesto de perplejidad; percibe decepción y desánimo. “¿Qué ocurre?”, le dice. Y ella grita: “¡Ustedes los hombres tienen dos cerebros! ¡Uno se ha perdido y el otro ha salido a buscarlo!”.

¿Por qué reacciona ella de ese modo? La cuestión ha dejado de ser el libro. En su lugar, ella escucha otro mensaje que nada tiene que ver con ponerse a régimen y que va en la línea siguiente: “No te acepto. No te doy el visto bueno”.

Consideremos a otra pareja. Llevan dos años casados y durante este último ella ha comprado dos libros sobre el matrimonio. Hoy llegó con el tercero, lo ha dejado en una repisa cerca del sillón de su marido, así que él no tarda en verlo cuando llega del trabajo. Se siente desanimado y niega con la cabeza diciéndose: “Genial, sencillamente genial… ¡Otro libro sobre el matrimonio!”. Lo guarda en un cajón y se niega incluso a agradecerle a su mujer que lo haya comprado. ¿Por qué? Porque escucha en su mente el siguiente mensaje: “No te acepto. No te doy el visto bueno y no te respetaré a menos que cambies y seas más cariñoso conmigo”.

¿Qué está pasando entonces con el libro de dietas y el tercer libro sobre el matrimonio?

Desde cierto punto de vista, no se trata de libros sobre dietas o el matrimonio. La cuestión de fondo, en realidad, es que ella no se siente demasiado querida ni él demasiado respetado.

Esta es mi tesis: durante un conflicto matrimonial, “cuando la cuestión deja de ser la cuestión”, la mayoría de las esposas no se sienten queridas y la mayoría de los maridos no se sienten respetados.

QUIÉN ES
Dr. Emerson Eggerichs es autor de los best sellers “Amor y Respeto: el amor que ella más desea; El respeto que necesita desesperadamente”, escrito el 2004 y El Lenguaje de Amor y Respeto: Descifrando el código de comunicación con su pareja, el 2009.
Es MA en Comunicaciones por la Universidad de Wheaton, casado y padres de tres hijos adultos. Junto a su mujer Sarah ambos recorren el mundo dando conferencias sobre matrimonio y familia.

Necesidad real contra necesidad sentida

¿Estoy sosteniendo que las mujeres no necesitan respeto y que los maridos no necesitan amor? De ningún modo. De hecho, todos necesitamos amor y respeto por igual. No obstante, durante los conflictos, las necesidades de los hombres y las mujeres son distintas.

Déjenme comentarles que el amor y el respeto no son sinónimos. Una madre puede amar a su hijo adolescente pero no sentir respeto hacia él, debido quizás a su mal comportamiento. O podemos respetar a nuestro jefe sin sentir amor alguno hacia él. Muchas esposas han afirmado abiertamente en nuestros estudios: “Amo a mi marido, verdaderamente, pero lucho por respetarle”.

Podemos expresarlo del siguiente modo: la mejor forma de respetar a una esposa es satisfacer su necesidad de amor, especialmente durante las disputas conyugales; y la mejor forma de querer a un esposo es satisfacer su necesidad de respeto, especialmente durante las disputas conyugales.

¿Hombres narcisistas?

¿Y no hace esta necesidad de respeto narcisistas a los hombres? Sí, imagino que al hombre se le podría considerar narcisista…, del mismo modo que a la mujer, en su caso por querer ser la destinataria especial del amor, una prima donna; así que es mejor no catalogarles como tales. La mayoría de las veces sólo aparentan serlo. Veremos en un momento que muchas de las reacciones negativas que menudean en el matrimonio se deben muy particularmente a los malentendidos que se originan -sin mala fe de por medio- entre hombres y mujeres.
Habría que decir, en defensa del hombre, que está programado de esta manera. Las investigaciones señalan que la necesidad de sentirse respetado es innata incluso en los chicos adolescentes.

He aquí un axioma importante: la clave para motivar a una persona consiste en conocer sus necesidades, sobre todo en periodos de dificultades y conflicto. Cuando un marido se muestra cariñoso durante una disputa con su mujer, ella permanecerá tranquila y serena. Cuando una esposa se muestra respetuosa durante una disputa con su marido, él permanecerá tranquilo y sereno, y conectará con ella emocionalmente.

¿Por qué no se sienten queridas las mujeres ni respetados los hombres?

Una de las revelaciones interesantes que arrojó nuestro estudio fueron las diferencias -estadísticamente significativas- entre hombres y mujeres, que hacían que ellas no se sintieran queridas y que ellos no se sintieran respetados.

Por ejemplo, un 85% de los que lanzan evasivas y se retiran de una discusión, como estrategia, son hombres. Esta diferencia entre hombres y mujeres es particularmente grande. Lo que también encontraron los investigadores es que durante los momentos de tensión y disputa, los latidos de corazón por minuto -frecuencia cardiaca- de los hombres alcanzaban los 99, cifra que se encuentra en la horquilla conocida como ‘modo guerrero’. Para los maridos, debe haber lucha o huida. Como el marido no quiere que el conflicto se desate y descontrole, se aparta. Él diría: “Déjalo. Olvídalo. Vámonos. No quiero hablar de esto.”

Para el hombre, retirarse y calmarse es el comportamiento digno y honorable; no lo es, en cambio, permitir que el conflicto se eleve y se desboque sin control.

Cuando los investigadores les preguntaron a las esposas por esa retirada característica, en mitad de la disputa, de sus maridos, dijeron haberla sentido como un acto de hostilidad. No podían dar crédito a que ellos hicieran oídos sordos y se desentendieran de lo que estaban escuchando, ante cualquier desavenencia.

En otras palabras, no se sintieron queridas. ¡Falta de amor!

Por otra parte, las reacciones desairadas de las mujeres fueron, en términos estadísticos, otro punto reseñable de la investigación. En esas situaciones de conflicto, las mujeres se dirigían habitualmente a sus maridos para emitir alguna crítica o expresar alguna queja.
Para la mujer, afrontar el conflicto en común, resolverlo, reconciliarse de corazón y sentirse de nuevo unida a su marido, es una cuestión de amor. No lo es, sin embargo, permitir que el conflicto languidezca, se posponga o quede irresuelto, más si cabe cuando lo protagonizan dos personas que se quieren y se preocupan sinceramente del bienestar de la otra. Los dos han de hablar sobre lo que sienten.

Cuando los investigadores les preguntaron a los maridos por esa característica aproximación agresiva de sus mujeres al conflicto, dijeron haberla sentido como una muestra de desprecio.

No pocos hombres sintieron que su mujer estaba empleando el tema de la discusión en cuestión para enviarle el mensaje de que no le gustaba como persona. Ella no sentía que él estuviera a su altura, así que no le respetaba. ¡Falta de respeto!

¿Quién tiene razón?

Cuando una esposa critica a su marido y se queja de lo que sucede, lo que busca en realidad es una solución al conflicto. Le preocupa e importa su marido. Ella no busca la confrontación para ejercer algún tipo de control sobre él, sino para ayudarle y fortalecer su matrimonio. Ella anhela ser uno con él.

Para ella, la crítica no es sino una muestra de preocupación y cariño. Para él, sin embargo, es prueba de su desprecio.

¿Quién tiene razón? Depende del color de las gafas, rosa o azul, a través de las cuales se mire el mundo.

En el otro lado de la ecuación, cuando un marido se aparta de su mujer para evitar que el conflicto se agudice -también para tranquilizarse-, lo que busca en realidad es hacer algo digno y honorable. Él permanece callado y pasa por alto la discusión para no enturbiar la buena relación que mantiene con su esposa. Él no necesita hablar sobre ese delicado asunto, sino seguir adelante, seguir avanzando. “Muchas de las cosas que pasan -piensa-, no tienen importancia.”
Para ella, la estrategia de lanzar evasivas y retirarse de la discusión es un acto de hostilidad; para él, un acto de honor.
¿Quién tiene razón? Depende, de nuevo, del color de las gafas, rosa o azul, a través de las cuales se mire el mundo.

¿Por qué el hombre hace hincapié en el respeto?

Una de las razones por las que el hombre durante un conflicto centra su atención en el respeto, es que porque da por seguro el amor que su mujer siente hacia él. Las mujeres aman profundamente. De modo que, incluso durante las peleas, el hombre apenas duda del amor de su esposa. Si después de una fuerte discusión, se le pregunta a George si su mujer le quiere, responderá: “¡Claro!”. Pero si se le pregunta si él le gusta a su mujer, dirá: “No, hoy no”. La mayoría de los maridos se sienten queridos, pero no siempre respetados, y sentirse respetado para quien lo lleva dentro de sí es un asunto importante.

Durante las disputas, muchas esposas les dicen a sus maridos: “Te quiero. Esa es la razón por la que me muestro crítica”. Y el hombre responde: “Sé que me quieres, pero siento que no me respetas. Tengo la sensación de que nunca seré lo suficientemente bueno para ti.”
Algunos esposos me han comentado en ocasiones: “Preferiría vivir con una mujer que me respetara aunque no me quisiera, que con una mujer que me quisiera pero no me respetara. ¿Hay algo que esté haciendo mal?”.

Respeto: una palabra mal entendida
Algunas esposas se rebelan contra la idea de sentir respeto hacia el hombre, explica este autor. Algunas han dicho en su consulta frases de este tipo:
“La definición que aparece en el diccionario sobre mostrar respeto se refiere al privilegio que disfruta quien es superior, y yo no soy inferior a él. No permitiré que me trate como un felpudo. Somos iguales.”
“Todo el mundo sabe que el respeto hay que ganárselo. Él no lo ha hecho y no se lo merece.”
“No le voy a permitir hacer todo lo que le venga en gana. Respetarle de ese modo sería como decirle: ‘Respeto las malas cosas que haces.’”
“Sospecho que usted lo que pretende en el fondo es devolverle al hombre su patriarcado y hacer que las mujeres teman su dominio. Pero yo no voy a participar en eso. Eso significaría ceder las conquistas que ha logrado el feminismo, retroceder al menos 50 años.”

“En mis conferencias, cuando comparto todos estos comentarios, el auditorio no puede evitar soltar alguna carcajada. Esos son los sentimientos de la mayoría de las esposas. Ellas son las minas sobre las que pisamos cuando hablamos de la necesidad –de la conveniencia– de sentir respeto hacia el hombre. Lamentablemente, hemos echado a perder el corazón de la mayoría de los hombres. Los hombres sirven y mueren por honor. Un hombre le dijo a su esposa: “Te quiero tanto que moriría por ti”, y ella replicó: “Vaya, Harry, no dejas de decirlo y sin embargo nunca lo haces”.

¿Por qué la mujer hace hincapié en el amor?

Porque en su naturaleza está cuidar de sus hijos, y porque les encanta amar, muchas esposas se preguntan si sus maridos las quieren tanto como ellas a ellos. Cuando atraviesan conflictos conyugales graves, muchas dudan del amor de sus maridos. Dada esa incertidumbre, ella le preguntará en busca de consuelo: “¿Me quieres? Dime que me quieres”.

Sí, una mujer también puede sentir que su marido no la respeta. No obstante, si él sigue comportándose de esa manera semana tras semana, ella acabará diciéndole: “¿Cómo puedes tratarme así y decir que me quieres?”. Su pensamiento desemboca en el amor, termina por aludir a él. Pero si es la mujer la que trata a su esposo de esa forma, es poco probable que él le haga la misma pregunta; sabe que ella le quiere, así que, en lugar de eso, dirá: “No merezco tu falta de respeto. Todo el mundo me respeta salvo tú”.
Ella se centra en el amor. Él se centra en el respeto. Pero no está todo perdido, porque he descubierto que existe una conexión entre el amor y el respeto.

¿Cómo se puede ayudar a las parejas?
Como profesionales, ¿cómo podemos ayudar a las parejas a salir del ‘ciclo alienante’? Debemos ayudarles a asimilar estos seis mensajes.

1. Descubre -decodifica- la buena voluntad de tu cónyuge.
La esposa, cuando se queja y critica a su marido, no quiere mostrarse irrespetuosa, sino intentar contrarrestar, a base de cariño, la falta de amor que siente. En su corazón, no protagoniza un acto de desprecio, sino de afecto. El marido debe concederle el beneficio de la duda.
El marido, cuando lanza evasivas y se retira de la discusión, no quiere mostrarse rudo y distante, sino intentar contrarrestar, a base de respeto, la falta de respeto que siente. En su corazón, no protagoniza un acto de hostilidad o agresión, sino de honor. La esposa debe concederle el beneficio de la duda.

2. Habla humildemente con tu esposa o tu marido sobre lo que necesitas en vez de dar la impresión de que no la quieres o no lo respetas.
Si nos tergiversamos a nosotros mismos, seremos malinterpretados. Si una esposa, al quejarse y criticar a su marido, parece comportarse de manera irrespetuosa, no será capaz de trasladar el mensaje que esconde en su corazón: “Por favor, quiéreme”. Es crucial que ella le diga a él: “No pretendo ser irrespetuosa ni insultarte. Lo que necesito es tu apoyo y tu consuelo, saber que me quieres. Quiero resolver las dificultades que se nos presenten porque cuando las cosas entre nosotros no van bien, no me siento respaldada ni querida, y siento miedo”.
Si un marido, al lanzar evasivas y retirarse de la discusión, parece comportarse de manera distante y poco afectuosa, no será capaz de trasladar el mensaje que esconde en su corazón: “Por favor, muéstrame más respeto”. Es crucial que él le diga a ella: “Si doy un paso atrás es para tranquilizarme. Intento comportarme dignamente, a pesar del efecto que causa en ti. Mi corazón va a 99 revoluciones por minuto. No pretendo ser desconsiderado contigo. Quiero que las cosas entre nosotros estén bien y sean amistosas. Dame 20 minutos para calmarme y hablemos a continuación de lo que sucede otros 15 más. Hagamos un plan de acción”.

3. Entiende la diferencia que existe entre vulnerabilidad e infantilismo en tu cónyuge.
Que una esposa no entienda cómo reacciona su marido ante sus críticas y quejas, no significa que él sea infantil o inmaduro. Debe entender que su esposo es vulnerable en ese punto, y ella en cambio fuerte. Él considera que esas críticas son una muestra de desprecio a su persona, por mucho que ella no sea capaz de concebirlo así. Por este motivo, ella no debe juzgarle sino comprenderle, haciéndole saber que busca su amor y no pretende faltarle al respeto.

Que un marido no entienda las críticas y quejas de su mujer cuando lo que intenta es mantener la calma y no dejar que el conflicto se recrudezca, no significa que ella sea infantil o inmadura. Debe entender que su mujer es vulnerable en ese punto, y él en cambio fuerte. Ella considera que el comportamiento de su marido es su particular manera de decir: “No me importa que no conectemos porque no siento amor alguno por ti en este momento”. Por este motivo, él no debe juzgarla sino comprenderla, haciéndole saber que da un paso atrás para no agravar la situación. Él actúa de este modo, según su código del honor, para protegerla, no para que se sienta despreciada.

4. Cuando las cosas se compliquen, pregúntate a tí mismo por la cuestión más importante.
Una pareja escapa del ‘ciclo alienante’ cuando el marido se pregunta: “¿Le parecerá a mi mujer cariñoso lo que estoy a punto de decir?”. Ella también puede eludir el ‘ciclo alienante’ si se pregunta: “¿Le parecerá a mi marido respetuoso lo que estoy a punto de decir?”.

5. Ten siempre presente qué tiende a satisfacer tus propias necesidades de amor y respeto y te lleva a pasar por alto las de tu cónyuge durante un conflicto.
Una esposa se inclina naturalmente hacia el amor, y omite de forma inconsciente el respeto al que se inclina su marido. En otras palabras, un marido ve su matrimonio a través de sus gafas azules, que vuelven de ese color todo lo que le rodea. Ella puede ver falta de amor donde él ve lo contrario. Él ve que las reacciones de su mujer expresan desprecio, no anhelo de amor.
Un marido se inclina naturalmente hacia el respeto, y omite de forma inconsciente el amor al que se inclina su mujer. En otras palabras, una esposa ve su matrimonio a través de sus gafas rosas, que vuelven de ese color todo lo que la rodea. Él puede ver falta de respeto donde ella ve lo contrario. ¡Es el ‘ciclo alienante’!

6. ¡Puedes hacerlo!
Algunas parejas dicen: “¡No puedo hacer esto!”. Pero yo les contesto: supongan que mantienen una discusión muy agria, a gritos, y que están perdiendo los nervios hasta el punto de no saber cuál será el desenlace. Entonces suena el teléfono. Cuando uno de cónyuges contesta a la llamada, ¿se muestra de pronto tranquilo y sereno? Sí. Todos somos capaces de detener ese arrebato. Nos engañamos a nosotros mismos si pensamos lo contrario. O considérenlo de esta otra manera. Supongan que un equipo de grabación filma todo lo que hacen durante seis semanas, y que si trascurre ese tiempo sin que se hayan peleado, recibirán como premio 10 millones de dólares libres de impuestos. ¿Se enfadarían? No. Esa es la verdad. Se puede conseguir. Lo único que pasa es que usted no está seguro de que vayan a pagarle lo suficiente.

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