Escrito por Marco Mocelli / Nº 234 /  29 March 2016
Ana María Güiraldes, escritora chilena: “La frase ‘había una vez’ me cambió la vida”

“De niña me contaban muchísimas historias. Era la forma de entretenernos. Mi abuela era un hada llamada Aurora que con la frase “había una vez” abría puertas hacia mundos encantados. Y la tradición continuó, Mi Ciruelo es una historia que yo contaba en los colegios y que luego publiqué con SM”, cuenta esta destacada escritora chilena.

El primer libro que me influyó literariamente y me dije que quería escribir algo así, fue El manantial de plata.
Estaba escrito en verso. Yo debo haber tenido diez años y quedé alucinada: ¡un cuento que rimaba, una poesía que me contaba! Repetía las estrofas como si fueran una canción.

El que no lee no sabe lo que se pierde.
Muy poca gente se arrepiente de probar esa cucharadita de lectura. A todos les gusta que le cuenten cuentos, el “había una vez” te abre los ojos, la mente, el espíritu. Es mágico, sin tiempo ni espacio. A mí la frase “había una vez” me marcó la vida.

Supe tarde que quería dedicarme al mundo de la escritura, cuando ya estaba sumergida en ese mundo.
Era algo natural en mí, como respirar, no me daba cuenta que escribía: tenía coleta y pecas y escribía; tenía pololos y escribía; tenía hijos y escribía. La escritura y yo éramos una unidad.

Si quiero escribir un cuento no pienso mucho en qué va a pasar.
Parto con una imagen en mi cabeza. Por ejemplo en Un embrujo de siglos, editado también por SM, partí con una imagen de una mujer flaca que me miraba con una tristeza atroz, de repente sonrió y le faltaba un diente. Yo dije “este es un personaje”, entonces empecé a escribirlo y recién en la página 68 descubrí por qué le faltaba el diente.

No me gustan los personajes perfectos.
Me gusta que sean un poco ridículos, y no hay nada más ridículo que una ratona que se cree regia. Las ratonas de mis historias se creen estupendas, de piernas flacas. Yo me rio mucho de mí misma. Me ridiculizo mucho ante mis hijos. Entonces me identifico con las ratonas que son mis personajes más ridículos y lo hago a propósito.

Estoy releyendo Seda de Alessandro Baricco, que tiene un lenguaje perfecto.
Me maravilló como trabaja la forma: frase y punto aparte, frase y punto aparte. Fue tan difícil leer en un principio que tuve que parar, salir y entonces las imágenes se fueron recreando en mi cabeza.
Recién en la página 40 explica por qué está escribiendo así: para él es tan impactante la imagen que tiene de esta niña Charlotte que es como si respirara cada frase. Entonces la forma tiene que ver con lo que él siente.

Hay algunas anécdotas dignas de contar.
Un hijo mío se sacó mala nota en la prueba de un libro que tenía que leer. ¡Y el libro era mío! Lo había leído a la rápida. Otra, es un niño muy serio que me dijo que me había equivocado en una parte de un libro. Me explicó y tenía razón. ¡Hasta colorada me puse!

Los infaltables de Ana María

• Papelucho de Marcela Paz
• Mujercitas de Luisa May Alcott
• Tom Sawyer de Mark Twain
• David Copperfield de Charles Dickens
• Las aventuras de Pinocho de Carlo Collodi
• El gigante egoísta de Oscar Wilde
• Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis
• Enanos y gigantes de Hernán del Solar.

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