Escrito por Luz Edwards / Nº 234 /  27 March 2016
La puerta giratoria de la educación superior

Hace pocos meses muchos padres celebraron que su hijo entró a la universidad o instituto profesional. Pero, según indican las cifras, muchos en breve lamentarán que ese mismo hijo abandone sus estudios o se cambie de carrera. En esta decisión influyen muchos factores, pero según Raúl Figueroa, Director Ejecutivo de Acción Educar, la gratuidad se sumará a éstos favoreciendo más aún la deserción.

La deserción es un problema significativo en la educación superior y afecta tanto al prestigio de las instituciones como, evidentemente, a los alumnos que terminan por abandonar el sistema educacional. En Chile, la deserción en primer año en todo el sistema de educación superior -universidades, institutos profesionales (IP) y centros de formación técnica (CFT)- es de alrededor del 30%. La deserción definitiva, es decir, los que no se incorporan luego a otro programa de estudios, bordea el 17%.

Raúl Figueroa, abogado y director ejecutivo de Acción Educar, analiza esta realidad desde la política pública. Para él un primer punto interesante es que las tasas de deserción se distribuyen de manera bastante homogénea en la sociedad, afectando tanto al primer quintil como al quinto. “¿Qué muestra esto? Que la deserción es multifactorial. No se puede atribuir a una sola causa el hecho de que los alumnos abandonen la educación superior. Tiene que ver con aspectos vocacionales y aspectos financieros. Y tiene que ver también con los mecanismos de selección. Esta es otra discusión que se abre y por eso no es raro que exista más deserción en el mundo técnico, porque ahí basta con pagar la matrícula para entrar”.

¿El rendimiento en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) es predictor del desempeño posterior?
– En el contexto internacional los mecanismos de selección más que identificar las capacidades de un alumno tienen por objetivo tratar de anticipar si ese alumno va a estar en condiciones de cursar una carrera. En nuestro país la deserción está relacionada con los puntajes PSU; hay más deserción a menor puntaje. Por supuesto que hay excepciones y puede ser que un alumno de 800 puntos se salga de la carrera y trabaje, y después vuelva a estudiar, no porque no tenga capacidades sino porque no tiene claridad de cuál es la ruta que quiere seguir.

¿El cambio de Prueba de Actitud Académica (PAA) a PSU aportó en este sentido?
– El instrumento de selección se cambió porque se consideraba que la PAA dejaba fuera del sistema de educación superior a los alumnos más vulnerables. En la práctica eso no mejoró en nada y, en cambio, se ve que la PSU trajo nuevas dificultades como la estreches curricular por centrarse en los conocimientos más que en las aptitudes. Otro nuevo problema fue sumar mecanismos a la prueba de selección como el ranking o darle mayor peso al promedio de notas de enseñanza media. Los efectos de dichos mecanismos no están testeados, pero ya sabemos que son más bien negativos, pues distorsionan la capacidad predictiva del rendimiento futuro del alumno. Esto podría incidir en aumentar la deserción en la educación superior.

¿Eso porque ingresarían al sistema jóvenes que no están preparados para cursar una carrera?
– En Chile todavía está en discusión la gratuidad, pero los pocos sistemas gratuitos que existen en el mundo tienden a no ser selectivos y eso hace que tasas de titulación en universidades como la de Buenos Aires sean inferiores al 30%. Muchos pueden entrar, pero muy pocos egresan.
¿Podría funcionar en un mundo ideal donde a esos jóvenes se los capacitara y además se les aportara recursos para subsistir?
Eso es imposible. Por eso el foco del uso de los recursos del Estado, que son escasos, debe estar en la educación escolar y preescolar, no en la última etapa formativa que por definición es más selectiva que las anteriores. De hecho, no es obligatoria. Por lo tanto es razonable que el grueso de los recursos públicos se ponga ahí para que los alumnos lleguen en mejores condiciones a la universidad y puedan a acceder a ellas a través de otros mecanismos de financiamiento como las becas o los créditos subsidiarios.

¿En su opinión el sistema de becas y créditos funciona bien?
– El sistema de becas y créditos es exitoso. Chile, en acceso de los más pobres, tiene una cobertura de 27% que es la más alta de Latinoamérica y mayor que Francia, Inglaterra, Alemania, y las tasas de deserción son bajas en los jóvenes que han recibido ese apoyo. Lo lógico era potenciar ese sistema y complementarlo, por ejemplo, con becas de mantención que les permitan estudiar y subsistir a la vez y no los obliguen a tener que abandonar los estudios para ir a trabajar. Esa es una política mucho más razonable que insistir, como señala el programa de gobierno, en pagarles la universidad a los hijos de las familias más ricas de Chile. Por eso el diseño de política pública es tan importante y diseñar políticas adecuadas para problemas que tiene el país y no para problemas que no tiene.

Escoger la mejor carrera para cada uno

Además de mecanismos de selección adecuados que logren anticipar el rendimiento futuro, Raúl Figueroa explica que es importante que el sistema no restrinja la diversidad de proyectos educativos y que cada universidad pueda seleccionar a sus alumnos de acuerdo a cada proyecto. “Si una institución quiere poner énfasis en habilidades como liderazgo o compromiso, por ejemplo, que no se miden en los mecanismos de selección, es bueno que lo pueda incorporar. Porque son jóvenes adecuados para un proyecto determinado y tiene la misma lógica, de identificar si el joven va a poder cumplir”, dice el experto en educación.

¿Las universidades deberían apoyar más a los alumnos para que puedan cumplir con las exigencias?
– Cada universidad tendrá que decidir si es mejor nivelar a los alumnos para que sigan u ofrecerles otro programa de estudios más adecuado. No es terreno de la política pública.

QUIÉN ES:
Raúl Figueroa es Director Ejecutivo y fundador de Acción Educar. Abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Máster en Derecho de la Empresa de la Universidad de los Andes. Fue Jefe de la División Jurídica y Jefe de Asesores del Ministerio de Educación, donde, entre otras materias, tuvo a su cargo la elaboración y discusión de los proyectos de ley en materias de educación escolar y superior.

¿Qué consejo puede darles a los jóvenes y sus familias a la hora de escoger?
– Es importante que la gente conozca las características de las distintas universidades e institutos e incorporen en su toma de decisiones las oportunidades que esos programas dan. Para eso hay mecanismos de información como el sitio Mifuturo.cl que es un portal que aún tiene mucho por mejorar, pero te da las proyecciones salariales de distintas carreras y universidades.

Ahí queda claro que no da lo mismo la universidad que se escoge…
– Sobre este tema hay una mirada muy elitista. El alumno debe saber que no es lo mismo estudiar Derecho en una universidad de alto prestigio que en una de menor prestigio, pero por otro lado es cierto que el alumno que estudió en una universidad de menor prestigio accede a oportunidades laborales que, aunque no son las mismas del estudiante de otra institución, son mejores que las que hubiese tenido si no hubiese estudiado Derecho en la universidad. Eso uno lo ve. Como abogado sé que oportunidades de trabajo que antes desempeñaban egresados de enseñanza media hoy las llevan abogados y sin duda hacen mejor su trabajo que una persona sin ningún estudio. Ellos y el sistema se benefician. Es muy importante entender la diversidad de proyectos que se necesita para hacerse cargo de la diversidad de las personas, tanto de sus capacidades como de sus objetivos o los desafíos que quiere enfrentar.

Además, los informes internacionales muestran que mayor educación no sólo incide en mejor salario, sino en mayor bienestar, mayor participación y compromiso con la sociedad…
– Por eso la diversidad de proyectos es tan relevante para el tema de la deserción. Si no hay diversidad de proyectos la probabilidad de que aumente la deserción es mayor, porque una oferta amplia permite que existan alternativas para las distintas personalidades y características de los individuos. Si homogenizas los proyectos tienes menor oportunidad de encontrar programas que se adecuen a sus intereses y eso influye en la deserción. La gratuidad fija requisitos a las instituciones que tienden a homogenizar y a desconocer la diversidad que es necesar

Cifras claves de la deserción en el sistema de educación superior en Chile

La retención al 1er año es de 69,4%. Por lo tanto, hay un 30,6% de los alumnos de pregrado que desertan al cabo de su 1er año de estudios. Es decir, 3 de cada 10 estudiantes dejan su carrera, ya sea por motivos vocacionales, económicos u otros.

Al analizar la matrícula 2008 se observa que el 13,4% de los alumnos que desertaron reingresan al sistema en los tres años siguientes, y que sólo el 17,2% de los jóvenes pueden ser considerados desertores más definitivos.

Las Universidades tienen mayores tasas de retención que los IP y CFT.

Salud, Educación y Agropecuaria son las áreas con mayor tasa de retención al 1er año si se consideran sólo carreras profesionales (sobre 78%). Por su parte, las áreas con menor retención (bajo 70%) son Administración y Comercio, Ciencias Básicas, Arte y Arquitectura.

Las menores tasas de retención se dan en las regiones más extremas, Tarapacá (63%), Antofagasta (65%), Atacama (64,1%), Aysén (66,5%) y Magallanes (66,2%).

Existe clara relación entre el puntaje PSU con que se ingresa a Educación Superior y la tasa de retención que muestran los estudiantes. Así, los estudiantes con puntaje mayor o igual a 800 puntos tienen retención de 1er año superior a 95%. En el otro extremo, aquellos que ingresan con menos de 475 puntos muestran un retención de 68,1%. Esta relación se mantiene si se analizan sólo carreras profesionales.

Hay directa relación entre las notas de Enseñanza Media (NEM) y las tasas de retención de 1er año; mientras más alto es el promedio NEM más alta es la retención. En los alumnos con promedio sobre 6,0 la retención supera el 80%. Llama la atención la baja retención de quienes poseen promedio NEM bajo 5.0, la que bordea un 52%. Esta relación se mantiene cuando se analiza por tipo de institución.

Consistentemente las mujeres muestran una tasa de retención de 1er año más alta que la de los hombres (73,6% versus 68,1%).

Sólo los estudiantes del Quintil 1 (menores ingresos) muestran una retención más baja que el resto de quintiles (73,8%). Del quintil 2 al 5 la retención bordea el 77%.

Se distingue clara diferencia entre estudiantes que recibieron beneficios (Becas y Créditos) y los que no, en el primer caso la retención es de 82,5%, y en el segundo 62,7%.

Fuente: “Retención de 1er año en Educación Superior. Carreras de pregrado”, Servicio de Información de Educación Superior (SIES), del Ministerio de Educación de Chile.

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