Escrito por Carolina Brañas: medidadora familiar. / Nº 235 /  19 April 2016
Caso: “Estoy casada con un eterno estudiante”

“Llevó 8 años de matrimonio y desde que nos casamos Julio está haciendo magisters y diplomados. Eso significa que dos noches a la semana llega tarde, los sábados tiene grupos de estudios, las tardes de domingo tengo que salir sola con los niños porque estudia para un examen y lo peor de todo: ¡siento que no madura y que le encanta sentir que sigue en la universidad!. Yo trabajo desde los 25 años en mi empresa, he ido ascendiendo, he vuelto de mis dos postnatales y gano más que él. Cada vez que le digo que busque otro trabajo donde le paguen mejor y tenga más responsabilidad, me dice que aún no, que por ahora está bien trabajando con su papá porque eso le deja tiempo para estudiar. Va en el tercer diplomado y no sé cómo decirle que basta, que ya me cansé de vivir como matrimonio de estudiantes becados, pero en nuestra propia ciudad. Me cuesta hablar con él porque se amurra”. (Angélica, 34 años).

Análisis de Caso: Carolina Brañas, medidadora familiar.

No hay duda que la vida familiar y muy especialmente el desarrollo de la relación conyugal nos pone a prueba en muchos planos de nuestra vida personal. Constituir esta nueva realidad y que en ella se expresen los aportes de cada uno de los cónyuges, requiere de mucha paciencia, compromiso con el proyecto común, y una buena dosis de humildad para saber pedir ayuda en forma oportuna, de empatía para darnos mejor al otro y de perseverancia para replantearnos metas, y trabajar juntos en ellas.

Este matrimonio ya tiene ocho años de vida y durante ellos, sin duda han habido muchas vivencias y logros que tanto a Julio como Angélica les puede hacer bien recordar: el nacimiento de sus dos hijos, el equipamiento de su casa; el ambiente hogareño que los identifica; sus logros profesionales, celebraciones, anécdotas, momentos de intimidad plena y también variadas dificultades superadas en conjunto. Todos acontecimientos que dan cuenta de sus virtudes personales y de la gran entrega que ambos han puesto en lo logrado hasta el momento.

Junto a lo anterior, Angélica siente necesario evaluar una situación que ella apoyó en su momento, pero que probablemente visualizó para un tiempo determinado y no como una situación permanente. No se puede desconocer el apoyo generoso que ella ha dado a su marido, ni tampoco enjuiciar el entusiasmo de Julio por seguir aprendiendo. Esto es porque el conflicto no deriva exactamente de eso. Las posiciones se van rigidizando en la medida que los intereses que están detrás de ellas no están siendo satisfechos, ni menos reconocidos y validados por el otro.Esto porque generalmente no hablamos de ellos. La comunicación se corta porque nos quedamos en la superficie de la posición, enrostrándola al otro, como una postura rígida e incompatible con lo que la otra parte nos plantea. Cortar este círculo requiere de mucha honestidad para plantear realmente lo que pasa en nuestro interior, qué nos preocupa, a qué tememos y muy especialmente qué extraño de ti, porque finalmente: “te quiero muchísimo y sí me es importante construir contigo y caminar de a dos”.

¿Qué necesita Angélica?
Tiempo para compartir con su marido y sus hijos; espacios de intimidad para estar con él fuera de los libros; tiempo para ella; sentirse apoyada y saber que él puede y quiere aportar en su rol de papá y esposo; sentirse más alivianada y con la responsabilidad compartida de la mantención de la casa y de los niños; etc.

¿Qué pasará con Julio?
Al parecer para él es una gran necesidad el mantenerse estudiando y adquiriendo nuevos conocimientos, quizás sienta que el aprender es su ocupación tanto como su hobby… se siente feliz haciéndolo y le reporta muchas emociones positivas: autovaloración, nuevos desafíos, incluso puede ser un factor que lo mueve a organizarse mejor en sus tiempos para cumplir con su trabajo y sus estudios. ¿Es esto tan malo? podría ser la pregunta que Julio le planteara a su esposa. Y probablemente ella al escucharlo le diría que no… Es tan solo que sus intereses no son los únicos que están en juego.

Buscar la ganancia compartida

Una vez más es necesario plantearse preguntas que hagan compatibles los intereses de ambos: ¿Cómo lo podríamos hacer para que tú puedas seguir estudiando y a su vez podamos tener tiempo asegurado para nosotros y para estar con los niños?

Tan solo de esta pregunta pueden salir muchos subtemas que abordar y para ellos nuevos acuerdos colaborativos que busquen la “ganancia compartida” que a veces creemos que es imposible.

Por ejemplo: ¿Qué días de la semana se me hace más difícil que estudies?, ¿por qué?, ¿para qué me gustaría disponer de ese día de estar juntos?, ¿cómo afecta a los niños?, ¿qué sería lo mejor para ellos?, ¿hay alguna hora que sea más oportuna?, ¿hay algún lugar que prefieran?, ¿hay fechas que debemos privilegiar?, etc.

No todos los días son iguales; quizás hay un día de la semana en que para Angélica resulta muy duro no contar con él porque suele tener reuniones que la dejan agotada y espera llegar a casa para sentirse sostenida y escuchada por él. ¿Será factible que ese día él le asegure que estará 100% disponible para ella y los niños?

De esta conversación pueden ir saliendo muchos acuerdos pequeños que modifiquen la realidad y especialmente, les regale mutuamente la experiencia de escucharse, entenderse y mostrar en cosas concretas que “me importas más que el estudio” o “porque te quiero necesito estar más contigo”. A su vez, desglosar bien concretamente la realidad con lápiz en mano, dando respuesta a cada pregunta, y aportando en soluciones creativas los hará sentirse responsables y comprometidos con el éxito de lo propuesto.

PLANIFICAR EL FUTURO

Por otro lado, tanto los “siempre” como los “nunca” son agotadores. Será “siempre” estudiante, llena de ansiedad a Angélica; tanto como “nunca” se cambiará de trabajo, y “siempre” seré yo la responsable de la mantención de la familia. Plantearlo así es agobiante para cualquiera.
La invitación para Julio será acoger estos temores y con su capacidad de planificación y aprendizaje, ayudar a despejar concretamente los temores de su esposa; asumiendo compromisos que permitan no solo distribuir mejor tiempos, sino especialmente, que Angélica se sienta escuchada, comprendida y más aún, muy querida por él.

Tener un proyecto matrimonial y familiar, que involucre los sueños y aspiraciones que ambos tienen a nivel personal, como pareja y familia, puede ayudar como un criterio objetivo a la hora de tomar decisiones. ¿Qué nos gustaría lograr?, ¿qué valores queremos grabar en nuestros niños?, ¿qué vivencias queremos que nos marquen en nuestra vida familiar?, etc…, son conversaciones que es necesario tener y actualizar cada día. En ellas más que recriminaciones, hay sueños, esperanzas, metas que nos desafían a vivir en forma consecuente para lograrlas.
Por ejemplo, si anhelan ser una familia unida, podrán evaluar desde esa mirada la realidad del estudio de Julio o del trabajo de Angélica. ¿Cómo les aporta a su unión matrimonial esto? Quizás al principio era una situación que vivían apoyándose mutuamente y en la que compartían desafíos y éxitos en conjunto. Hoy podría sentir que es distinto. ¿Qué pasó?, ¿qué realidad ha cambiado?, ¿qué tendrían que modificar para volver a sentirse unidos?.

Siempre será bueno recordar que a veces la situación puntual que nos hace discutir es sólo la punta del Iceberg, y que será el diálogo permanente, más una cálida actitud de acogida al otro, lo que ayude a compartir honestamente la profundidad de nuestro mundo interior y ayudarnos mutuamente a alcanzar la anhelada felicidad trascendente.

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