Escrito por Carolina Brañas-mediadora familiar / Nº 236 /  10 May 2016
Caso: Las amigas de mi mujer

“Yo siempre había escuchado que las suegras eran las metidas y que tenían mala relación a veces con sus yernos. En nuestro caso, mi suegra es un aporte y alguien fundamental en la familia. Pero los problemas los he tenido desde que nos casamos hace tres años con las amigas de Ignacia, mi señora. Son compañeras de colegio y se tratan entre ellas de “hermanas”. Aparte del chat eterno de todos los días, en que se cuentan todo, están sus tardes sin niños una vez a la semana y la “cláusula pre nupcial” que nos obliga a todos los maridos a salir en parejas el viernes o el sábado, al menos.
Hasta acá todo pareciera anecdótico, pero hay demasiados asuntos que me molestan: Ignacia le ha contado a sus amigas temas privados míos, de mi infancia y de mis padres. Y cuando sale algún tema relacionado con la educación de los hijos, ellas me dicen: “Ah, tu estás traumado”… Viceversa: yo sé cosas de los maridos de esas amigas que no tendría por qué saber. Pero además, a veces con Ignacia tomamos una decisión, quedamos de acuerdo, y a los dos días, ella se retracta porque sus amigas la convencieron. Y nuestra última discusión fue porque según Ignacia todas sus amigas coinciden en que yo soy un avaro porque no quiero cambiar nuestro auto ahora que va a nacer nuestro primer hijo. Me gustaría saber cómo convencerla de que tiene que poner límites entre nuestra intimidad y sus amigas, sin que esto se transforme en un tema de cotilleo para todas ellas”. Antonio, 33 años.

Uno de los principales desafíos que enfrenta la pareja durante los primeros años de matrimonio es constituirse como una nueva realidad, diferente de la de sus familias de origen y expresar en ella toda su originalidad.

Los amigos son de gran valor para nuestras vidas. Contar con amigos fieles, a los que podemos recurrir y con quienes crecer juntos es un tesoro de indudable valor, que no está en tela de juicio ni para Antonio ni para Ignacia.

Para Ignacia la vida unida a la de sus amigas, ha sido una realidad enriquecedora que desde un principio ha intentado defender y por tanto, no está dispuesta a transar. Ha sido un punto conversado y “negociado” antes de su matrimonio, favoreciendo tiempos para estar con sus amigas del alma y a su vez, asegurando que esta unión entre ellas se traspase también a sus maridos. ¡Cuánto habrán soñado y planificado, desde antes de conocer a sus esposos, cómo sería su vida compartida! Probablemente, ha sido impensable para ellas no estar juntas en episodios tan vitales como sus noviazgos, matrimonios, la llegada de sus hijos, etc. sumando alegrías y logros. Tan vital ha sido este anhelo, que sus maridos han estado dispuestos a compartir este “pacto de amistad” colaborando con estos “acuerdos pre matrimoniales” y sumándose de la mejor forma a ellos. ¿Es injusto entonces el reclamo de Antonio?¿Es infantil pensar que la vida entre amigas entrañables no pueda seguir su curso por su condición de “casadas”? ¿Cómo conciliar el amor de pareja y el amor de amistad de tantos años?

LA CONQUISTA DE LA INTIMIDAD: PARTE DEL CICLO VITAL FAMILIAR

Antonio e Ignacia llevan tres años de matrimonio y esperan su primer hijo. En esta etapa han ido gestando su realidad matrimonial asumiendo en lo cotidiano su compromiso, ajustando sus costumbres, intereses, su intimidad y aterrizando en la práctica todas las ilusiones y anhelos con que cada uno inició este camino común.

Los facilitadores en el tránsito de esta etapa son el lograr una intimidad en todo sentido: emocional, física (sexual), en valores, proyectos, etc. como también una complicidad y aceptación recíproca. Para esto es fundamental nutrirse de una comunicación rica, donde puedo expresar en distintos planos de profundidad lo que pienso, siento, e interpreto del mundo que compartimos. En ese sentido, hay que ser muy paciente, humilde y transparente para abrirnos a la necesidad de aprender juntos, muchas veces por ensayo y error, con el fin de compartir y procurarse mutua felicidad.

En la conquista de esta necesaria intimidad de pareja, pueden ser factores de distracción y conflictos, la influencia o falta de límites sanos con terceros, ya sea, la familia de origen, el trabajo, y en este caso particular: las amistades.

LA IMPORTANCIA DE LAS AMIGAS Y EL RESGUARDO DEL OTRO

En la complementariedad del hombre y la mujer está el reconocer una enorme diferencia en el procesamiento de las ideas y el contenido de la comunicación.

El pensamiento masculino es monofocal, es decir, tiene mayor capacidad para concentrarse en una sola cosa, separando en “cajones” o “casilleros mentales” las distintas áreas: o está en el trabajo o está con los amigos o con la señora o con los hijos. Se aboca 100% a la actividad que realiza y si hay algo que le preocupe, primero se silencia, luego lo analiza y soluciona internamente y solo lo comunicará cuando ya lo tenga resuelto.

Para la mujer, este último punto, suele ser diametralmente opuesto. La mujer integra en su ser todo al mismo tiempo, y en cuanto a la comunicación, se va aclarando y resolviendo en la medida que lo habla. Pareciera que al verbalizar va encontrando el camino de salida al peor de los laberintos.

Probablemente sea ésta una de las mayores riquezas que Ignacia encuentra junto a sus amigas. Deben ser incontables las horas compartidas aclarando sus pensamientos respecto a los más variados temas que ocupan la mente y muchas veces, el corazón de cada una. Aquí es importante no enjuiciar lo compartido entre ellas, como una deslealtad, pues parte de los límites traspasados de su privacidad, pueden haber sido por una conversación sana, donde se ha compartido algo que les ha impactado profundamente o la pena que les pueda haber provocado una situación e historia personal. Junto a esa aclaración, es necesario acoger la preocupación de Antonio, en el reguardo de su intimidad de pareja y en la suya personal.

Es muy tentador culpar al otro de lo desagradable de la situación, especialmente si lo que se siente procede de una acción injusta o desconsiderada de su pareja. El culpar nunca resuelve los problemas, sólo contribuye a que la otra parte se defienda y deje de escuchar, en vez de colaborar en la solución del problema.

CONSEJOS PARA ANTONIO

El desafío para Antonio implicará un acto de mucha humildad y valentía: traspasar a su mujer las emociones que despierta en él esta situación, en forma clara, bien dimensionada, contextualizada en el tiempo, sin responsabilizar a Ignacia como culpable sino aclarándole el efecto que produce en él la situación y su necesidad de asegurar un espacio íntimo y privado, que no es compartible con nadie, sino sólo entre ellos.

En el libro ”COUPLE SKILLS, Making Your Relationship Work”, los autores Mattew McKay Ph.D, Patrick Fanning y Kim Paleg Ph.D. dan algunos elementos que ayudan a expresar sentimientos:

• Palabra clave: “Estoy preocupado de la falta de privacidad que siento ante tus amigas… me preocupa porque finalmente no puedo confiar en ti”. Aquí se aprecia que es primordial ponerle nombre a aquello que sentimos, identificar claramente la emoción intentando ser lo más certero en su descripción: preocupación, no es lo mismo que frustración, o que pena, desilusión, rabia, etc. En esta palabra clave contestamos la pregunta: ¿qué siento realmente?

Intensidad: Para ayudar al otro a dimensionar cómo nos sentimos, es bueno precisar la intensidad de la emoción. “Estoy realmente muy preocupado…”

Duración: ¿Hace cuánto tiempo se siente así? “Desde que nos casamos… o hace un par de meses… o desde la semana pasada… que me preocupa que me veas como un avaro por no querer comprar un auto, cuando antes los dos estábamos de acuerdo…” Precisar la duración ayuda al otro a aquilatar la persistencia e intensidad de sus sentimientos.

Precedentes históricos: Puede ser que esta sensación la asocie a cosas del pasado. Compartir ese pensamiento, aumenta el grado de comprensión del otro… “Me siento como un cabro chico, cuando me cargaba que mi mamá contara todo lo mío a sus amigas… después todas te consolaban… qué rabia me daba…”

Causa y contexto: Es muy tentador culpar al otro de lo desagradable de la situación, especialmente si lo que se siente procede de una acción injusta o desconsiderada de su pareja. El culpar nunca resuelve los problemas, sólo contribuye a que la otra parte se defienda y deje de escuchar, en vez de colaborar en la solución del problema. Para esto es vital evitar mensajes “tú” (“tú no sabes respetar límites… le cuentas todo a tus amigas y no respetas nuestra privacidad”) a mensajes “yo” (“para mí es importante contar contigo, sentir que los dos tomamos las decisiones… yo quiero escucharte y que juntos acordemos las cosas. Además, para mí es importante que cuando hemos decidido algo los dos nos comprometamos en cumplir lo acordado”…) Será muy valioso para Antonio, no perder de vista su objetivo, que no es precisamente pelear, sino resolver el problema y recuperar la confianza en su señora, asegurando un límite de intimidad conyugal.

APRENDER A AMAR

Como toda crisis, la situación que preocupa a Antonio puede ser vista como una gran “oportunidad”. Oportunidad para dar un paso en la profundidad de su conversación; para botar muros y mostrarse vulnerable y preocupado; para darse y recibirse mutuamente como don. Enfrentar desacuerdos, construir lo “nuestro” y salir adelante mejor que antes es el desafío de cada crisis. Visto así, será una oportunidad única para aprender a amar.

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