Escrito por Daniela Vieira Papapietro / Nº 236 /  10 mayo 2016
El abc de las emociones

Últimamente se escucha mucho sobre la importancia de la alfabetización emocional. Pero: ¿qué es realmente? ¿Por qué es tan importante? ¿Cómo podemos trabajarla con nuestros niños?

Una gran preocupación en los primeros años de vida de nuestros hijos, es otorgarles conocimientos y acompañarlos en distintos procesos de aprendizaje. Les enseñamos a decir los nombres de los animales, colores, partes del cuerpo, nombres de los distintos integrantes de la familia. Pero, ¿cuánto les enseñamos sobre las emociones? Es más, ni siquiera nosotros mismos sabemos muy bien sobre éstas. Nadie nos enseñó y hemos tenido que ir aprendiendo con la vida lo importante que son.

En el colegio, existen muchos ramos donde los niños aprenden: lenguaje, matemáticas, música, arte, etc…, pero no hay ramos sobre las emociones.

Las emociones existen por algo, tienen una razón de ser. Son adaptativas, sin ellas no podríamos sobrevivir. Cada emoción nos trae un mensaje al que debemos prestar atención y adoptar una conducta acorde. Muchos problemas surgen cuando no las escuchamos, las invalidamos o no nos permitimos sentirlas. Cuántas veces hemos dicho: “No puedo tener pena por esto” o “Qué absurdo/a soy…, siento rabia”. También aparecen algunos conflictos cuando nos cuesta identificarlas y no sabemos muy bien qué sentimos, por lo tanto es difícil escuchar el mensaje y por ende saber qué hacer.

Cuando me refiero a que cada emoción nos brinda un mensaje, quiero decir, a modo de ejemplo, que la felicidad nos trasmite “haz más de aquello”. Es así, como si me junto con una persona y me siento feliz, el mensaje es ése y por ende, la acción acorde sería poder destinar más tiempo a estar con esa persona, o a hacer más de una actividad que me hace sentir feliz. La rabia por su parte, nos trae el mensaje de que hay alguna situación injusta y en la que nos podríamos defender. Y así con todas las emociones: angustia, alivio, tristeza, temor, etc.

La importancia de la alfabetización emocional radica en brindar a la persona, en este caso a los hijos, un mayor autoconocimiento. No olvidemos que ¡el conocimiento es poder! Permitirá a la persona tener mayor auto-control, mayor empatía, mejores relaciones interpersonales, alta autoestima y excelente capacidad para resolver conflictos.
Ahora bien, ¿cómo podemos trabajarla con nuestros niños?

ABANICO DE EMOCIONES

En primer lugar, es fundamental que nosotros los adultos, comprendamos e identifiquemos una amplia gama de emociones. ¡Hay miles! Por lo tanto, lo primero es ampliar “el lenguaje emocional” en la casa. Por lo general tenemos un lenguaje emocional pobre y muchas veces respondemos a cómo nos sentimos con un: “bien”, “mal”, o “siento lata”. “Bien y mal” no son emociones, son juicios de valor. Detrás de un “bien” puede haber una sensación de felicidad, orgullo, tranquilidad, alivio, etc…, todas emociones muy distintas y que se están perdiendo detrás de un “bien”. Por lo tanto, a esta edad y en primer lugar, ampliemos el lenguaje emocional en la casa y estimulemos a nuestros niños a utilizarlo también. Cuando les preguntemos como se sintieron en el colegio o en el cumpleaños del amigo/a, no nos quedemos con la primera respuesta automática, sino que desde el principio de la conversación, mostrémosle las distintas emociones y que ellos elijan una. Por ejemplo: “Bien: ¿Feliz? ¿Entretenido? ¿Entusiasmado? ¿Tranquilo? Hasta que posteriormente ellos vayan identificando las distintas emociones por sí mismos.

UTILIZAR EL CUERPO

Otro aspecto fundamental es enseñar a los niños a utilizar el cuerpo en relación a sus emociones. Es decir, poder identificar en qué parte del cuerpo sienten y con qué sensación. Hay muchas emociones que las sienten en el corazón…, pero mientras algunas son como una sensación tensa en el pecho, otras proporcionan una sensación agradable y ligera. Cada uno de nosotros siente las emociones en distintas partes del cuerpo y con los niños pequeños se puede dibujar esto y hacer un “mapa de las emociones”. ¿Cómo? Que se dibujen a ellos mismos, elijan cinco emociones principales, un color que identifique cada emoción y posteriormente, pinten con ese color en qué parte del cuerpo las sienten. Como los niños a esta edad son concretos, les ayuda dibujarlo, ponerles algún color o algún tipo de símbolo.

EMOCIONES COMO BRÚJULA

También hay que enseñarles a los niños para qué sirven las emociones y que las emociones son como una brújula. Nos muestran el camino a seguir cuando nos sentimos perdidos y no sabemos qué hacer. Contémosles sobre los distintos mensajes que cada emoción nos trae. Por ejemplo: el alivio por lo general aparece cuando hicimos lo correcto. Es así como después de una gran decisión sentimos alivio, y esto ocurre porque hicimos lo que teníamos que hacer. Ahora bien, si por el contrario, posterior a una gran decisión sentimos angustia…, nos estaría indicando que algo tenemos que volver a mirar o a considerar.

En la medida que utilicemos las emociones cómo brújula, tenemos mayores posibilidades de tener conductas coherentes con lo que necesitamos, buena capacidad para resolver conflictos y una excelente relación con los demás.

VALIDAR LAS EMOCIONES

Las emociones siempre, siempre, siempre son válidas. Grabémonos esa frase. Si alguien siente rabia…, es eso lo que siente y no tristeza ni vergüenza. Como adultos siempre validemos las emociones propias y la de nuestros niños.

Finalmente para poder alfabetizar emocionalmente a los niños, nosotros los adultos tenemos que hacernos responsables de identificar y trabajar nuestra propia emocionalidad.

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Carolina

(1) Comentario

  1. Un efecto secundario común es un grupo de síntomas conocido como síndrome de evacuación gástrica rápida, que incluye calambres, náuseas, diarrea
    y mareos después de comer.

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