Escrito por María Ester Roblero / Nº 236 /  12 mayo 2016
III Festival de ciencias de Antofagasta: Viaje al fondo del cerebro

De la mano de destacados científicos de distintas partes del mundo, durante tres días cientos de personas pudieron adentrarse en un tema aún misterioso para el ser humano: su propio cerebro.

“Los investigadores somos exploradores y una de las fronteras que nos queda por entender y conquistar es nuestro propio sistema nervioso, el cerebro, este extraordinario órgano que llevamos dentro del cráneo y que nos permite ver, oír, sentir, amar…, en definitiva, ser humanos”, señaló en su conferencia Arturo Álvarez-Buyllá, científico mexicano, doctor en neurociencias por la Universidad de Rockefeller y ganador del Premio Príncipe de Asturias en Investigación el año 2011.

“Si logramos entender mejor cómo funciona nuestra mente, podremos usarla mejor”, explicó por su parte Facundo Manes, médico argentino, doctor en ciencias por la Universidad de Cambridge y especialista en un área de la neurociencia –la neurociencia cognitiva- que se dedica a estudiar cómo funciona la memoria, el aprendizaje, la interacción social…, todos aspectos claves para nuestras sociedades.

EL MILAGRO DE LA NEUROGÉNESIS

El estudio del cerebro es muy reciente en la historia de la ciencia. El Dr. Álvarez-Buyllá nombra al Dr. Santiago Ramón y Cajal como uno de los pioneros en esta área de investigación. Fue un neurólogo aragonés que describió poéticamente a las neuronas como “células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental”.

Su aporte al estudio del cerebro fue tal que recibió el premio Nobel de Medicina en 1906 por sus trabajos sobre los procesos conectivos de las células nerviosas y es considerado el padre de la “teoría de la neurona”. Describió distintos tipos de células nerviosas y sus diferentes conexiones y conducciones. Así y todo, señaló el Dr. Álvarez-Buyllá, Ramón y Cajal se equivocó en algo crucial: él pensaba que la “neurogénesis” –o nacimiento de nuevas neuronas de repuesto- podía ocurrir solo en etapas muy tempranas del desarrollo humano. Que una vez terminado el desarrollo, las fuentes nerviosas se marchitaban y así todo podía morir y nada regenerarse. Esta creencia estaba muy extendida en su tiempo, pero hoy se sabe que es falsa.

EL CASO PHINEAS GAGE

Curiosamente Chile y concretamente la ciudad de Valparaíso fue el lugar donde ésta y otras creencias sobre el cerebro comenzaron a ser cuestionadas.

Hasta nuestro puerto llegó en 1854 Phineas Gage, un norteamericano que años atrás había sufrido un accidente laboral perdiendo parte de su masa encefálica. Su caso, fascinante y asombroso, llamó la atención de algunos científicos y hasta hoy sigue motivando a guionistas de cine y a escritores. Porque aunque Phineas Gage sobrevivió el accidente, cambió completamente. De ser un hombre amable, gentil, líder de su cuadrilla, se transformó en un hombre solitario, tosco, impusivo.

El periodista chileno Francisco Aravena, editor general de revista Qué Pasa, publicó el año pasado el libro La vida eterna de Phineas Gage (Ediciones B) y también estuvo presente el III Festival de Ciencias en Antofagasta: “Antes se pensaba que el cerebro era un órgano unitario; pero el cambio de personalidad de Phineas Gage permitió demostrar que tiene partes y localizaciones. El perdió funciones ejecutivas, habilidad para planear su futuro y capacidad de convivir socialmente y con códigos de moral humana. No obstante, cuando viajó a Valparaíso demostró algo más: que la neurogénesis era posible y que en un nuevo ambiente, ante nuevas experiencias, nacen nuevas células que permiten nuevos aprendizajes”, relató Francisco Aravena.

La vida eterna de Phineas Gage
“Eran las 4:30 pm. El fierro perforó la cabeza de Phineas. Su rostro primero. Entró por debajo de su pómulo izquierdo y salió por la parte superior y anterior de su cabeza. En el camino, sacó su globo ocular izquierdo de su órbita, desplazándolo levemente hacia adelante. En su trayectoria de salida se llevó un pedazo del cerebro del hombre al que conocían como Phineas Gage”. El hombre de esta historia tenía 25 años cuando un accidente laboral lo transformó en un mito. Lo que vino después -la vida de alguien que ya no fue el mismo- lo trajo a Valparaíso y lo convirtió en el caso que cambiaría el rumbo de las neurociencias. En todo lo que se ha escrito sobre la asombrosa vida de Phineas Gage siempre faltó una pieza: ¿Qué pasó durante sus años en Chile? Los escritos de Manuel Antonio Carmona, el médico chileno que resolvió el misterio de la Endemoniada de Santiago, proveen un relato extraordinario sobre las andanzas en Valparaíso de uno de los pacientes más famosos de la medicina mundial”.
Este es un resumen del fascinante libro escrito por el periodista chileno Francisco Aravena y que muestra cómo un accidente laboral, que hizo perder masa encefálica a un hombre, abrió la posibilidad de estudiar el cerebro humano.

LO QUE HOY SABEMOS

El Dr. Antonio Damásio es uno de los neurocientíficos más connotados de hoy. Trabaja junto a su esposa, también médico, Hanna Damásio. Su campo prioritario de investigación se refiere a los sistemas neuronales que subyacen a la memoria, el lenguaje, las emociones y el procesamiento de decisiones. Pero en su último libro, En busca de Spinoza (Barcelona, Ed. Crítica, 2005) Damásio propone directrices para la ética humana en relación con la ciencia.
En efecto, el estudio del cerebro humano se enfrenta a limitaciones éticas. No obstante, las investigaciones en animales, con sofisticados scanners y técnicas de contrastes, han permitido importantes avances. Observando cómo el canto de los canarios varía en distintas épocas del año se logró comprobar que cada primavera los pájaros producen nuevas células cerebrales. Y a través del estudio del olfato de los peces se ha logrado demostrar cómo las células olfativas especializadas son claves para la supervivencia.

“Hoy sabemos que cerebro surge de un epitelio, una delgada capa de células, muy sencilla, a las pocas horas de la concepción. A partir de esta estructura tan pequeña van creciendo nuevas células hasta llegar al encéfalo formado, con 90 mil millones de neuronas, la mitad del número de estrellas de la Vía Láctea. Cada neurona tiene su propia historia, cada una ha registrado y sufrido un proceso de formación, migración e integración que es esencial para que se depositen en zonas exactas y formen conexiones adecuadas. Si logramos entender cómo se arma esta maravillosa máquina que conocemos como cerebro vamos a ser capaces de imitar ese proceso y de generar células para reparar células que han degenerado”, señaló el Dr. Arturo Álvarez-Buyllá.

El estudio del cerebro, en efecto permitiría tratar muchas enfermedades. “Sabemos que no hay un solo tipo de neuronas, sino muchos tipos, y la muerte de éstas resultan en enfermedades distintas como el Parkinson o el Alzheimer. Si entendemos cómo se forman estás células algún día podremos saber cómo curar estas enfermedades”, señaló el Dr. Arturo Álvarez-Buyllá. “También sabemos que nuestro cerebro es en gran parte corteza cerebral, pero tiene dos tipos de células en ésta: las activadoras y las inhibidoras. Su balance hace que la corteza funcione de forma adecuada. El desbalance puede generar epilepsia, esquizofrenia, entre otras patologías”, agregó.

Pero el estudio del cerebro humano también alumbra los procesos de aprendizaje: “Las células nerviosas tienen un reloj que les dicen cuándo madurar. Existen “ventanas” en las que el cerebro se abre a la plasticidad y luego se vuelve a cerrar. Por eso la infancia es tan crítica, porque en distintas partes del cerebro se abren y cierran ventanas de plasticidad que permiten a las células llegar a su madurez. Sabemos que el proceso es muy largo, algunas células a los 16 años aun no han terminado de madurar, pero también sabemos que existen momentos especialmente críticos para la especialización celular como es el caso del lenguaje“, concluyó.

PENSAR NUESTRO CEREBRO PARA MEJORAR LA CALIDAD DE VIDA

Ante una sala llena de público, formado por adultos, jóvenes y niños, el neurólogo argentino Facundo Manes preguntó: ¿Por qué hay tanto interés hoy en la neurociencia? “Entre otras razones –explicó- porque es fascinante entender quiénes somos”.

“Nuestro cerebro es producto de una evolución de miles de miles de años. Hemos protagonizado saltos evolutivos: ser bípedos, tener gestualidad, memoria, lenguaje… Si pensamos en esto último podemos darnos cuenta que la lecto escritura tiene alrededor de 7 mil años de desarrollo, lo que evolutivamente es nada”, dijo. “Pero la pregunta esencial es qué salto evolutivo nos hizo plenamente humanos. Para muchos investigadores fue crítico la necesidad de conectarse y formar sociedades. Sin embargo, otros señalan que los lémures son muy sociales…, y no son humanos. Nos falta un gran camino por recorrer”, agregó el Dr. Manes.

“Muchos equipos de investigadores están abocados a descubrir la cura para muchas enfermedades del cerebro son hoy la principal fuente de discapacidad en el mundo: ansiedad, depresión, insomnios, estrés crónico…. La suma de estos males, más enfermedades como Alzheimer y Parkinson, confirman que la mente afecta nuestra calidad de vida”, expresó .

Pero además, agregó, actualmente muchos científicos están investigando sobre la felicidad. En gran parte de la historia de nuestra evolución nuestra especie se dedicó a sobrevivir. Hoy estamos dando un paso más allá y preguntándonos sobre el bienestar”.

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Chantal Signorio: Creadora de Fundación Puerto de ideas
La gran mujer detrás de este gran proyecto llamado Fundación Puerto de Ideas es Chantal Signorio. Ella nació en Chile aunque su padre, de origen italiano, llegó desde Lombardía, y su madre de Irún, en el país vasco. Está casada con el abogado Arturo Majlis y es mamá de cuatro hijos. Cientista política de profesión, comenzó el año 2010 a dar forma a esta Fundación que organiza dos festivales anuales: Puerto de Ideas Valparaíso, que se realiza en el mes de noviembre desde el año 2011, y Puerto de Ideas Festival de Ciencia de Antofagasta, desde 2014 durante el mes de abril.
“Con el equipo que lo produce nos hemos preocupado de que Puerto de Ideas sea un punto de encuentro familiar, que convoque a los papás con sus hijos y, en especial, a los padres con sus hijos universitarios que muchas veces están en ‘un mundo aparte’ y sólo conviven con gente de su edad. Conozco a un montón de personas que les ha dicho a sus hijos adolescentes ‘los invitamos a este fin de semana de Valparaíso’ y quedan maravillados. ¡Todos dicen que sí! Eso me encanta porque este festival es para todas las edades. Mis hijos, por ejemplo, no se lo pierden y llevan a todos sus amigos. Eso es muy bonito, además que les da a los jóvenes la posibilidad de abrirse a otros mundos, los motivas a pensar”, agrega.
Y para los niños más pequeños también hay actividades pensadas para ellos, como entretenidos talleres y cuentacuentos. “Cada año nos preocupamos que la programación para este grupo sea más contundente y de calidad. Es una oportunidad fantástica para cautivar a los niños con el mundo de las ideas y las artes”, señaló a revista Hacer Familia.

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