Escrito por Luz Edwards / Nº 237 /  08 junio 2016
Ser niño ¡no es fácil!

La vida de los niños está llena de desafíos y eso a veces se nos olvida. Especialmente hoy, cuando se tiende a educar en clave académica. Este es el mensaje de la psicóloga española Rosa Jové, en su libro Todo es posible. En éste invita a los padres a repensar los objetivos de la crianza poniendo en primer lugar la seguridad de los hijos en sí mismos, la empatía, la resilencia, la capacidad de disfrutar y el respeto a los demás.

“El cerebro de nuestro bebé es como tantas cosas que están muy bien hechas: es difícil hacerlas mejores, pero no es tan difícil malograrlas”. Afirmación fuerte y clara de la psicóloga española Rosa Jové en su libro “Todo es posible”, donde explica el funcionamiento del cerebro humano desde la gestación. Les habla a los padres que quieren lo mejor para sus hijos, pero que a veces pueden confundir las prioridades.

“La idea que subyace es que hay que preparar a los hijos para este mundo tan complicado y dotarlos de los recursos para vencer los problemas que se les puedan presentar. Sin embargo, y con demasiada frecuencia, estos problemas se observan únicamente en clave académica y por eso la solución que se busca es generalmente académica. Esto supone facilitarles conocimientos: que aprendan música, refuerzos de matemáticas, idiomas, por supuesto, y algún deporte”, dice la psicóloga.

Antes que enfocarse en conocimientos, plantea la experta, los padres debemos pensar en la seguridad en sí mismos, la empatía, la capacidad de disfrutar, el respeto a los demás y tener como una máxima el respeto a la etapa de desarrollo del niño. “Esa carrera contra el reloj, intentando que asimilen lo que por su edad aún no están capacitados para aprender y, especialmente, privándolos de cosas que necesitan para su correcto desarrollo en todas las esferas (como el acompañamiento afectivo y físico), va a ir en detrimento de esas cualidades que los padres desean para sus hijos y que van mucho más allá de las académicas”.

ROSA-JOVE

La disyuntiva: ¿Felicidad o inteligencia?

La psicóloga explica que no es que debamos escoger hacia dónde enfocar la crianza: hacia la felicidad o a la inteligencia. Para Rosa Jové es un tema de perspectiva, pues preocuparnos de su felicidad va a promover sí o sí su inteligencia. “Solo la felicidad puede aumentar nuestras expectativas de ser, de hacer y de aprender. La depresión y la tristeza (quizás los estados de ánimo que más alejan de la felicidad) van acompañados por poca motivación por ‘ser’ (ideas suicidas) y poca motivación por ‘hacer’ y ‘aprender’”, explica Jové.

Por lo mismo, la experta plantea que la inteligencia debe servir para procurarnos ese bienestar y que tener esa visión integrada nos ayuda a los adultos a no cometer el error de que por potenciar un área, malogremos otra. Jové pone el ejemplo de un niño que no quiere ir a clases de guitarra porque le da vergüenza pasearse con el instrumento por el colegio. Obligarlo a hacerlo argumentando que la música desarrolla su cerebro y que tocar guitarra puede ser un pasatiempo sano para toda la vida, no es buena idea. Mejor es conversarlo y llegar a un acuerdo que lo haga sentir cómodo, como pasar a buscar la guitarra a la casa, aunque sea menos práctico.

Respecto del sistema educacional, la psicóloga entrega los mismos consejos: “Poco importa si hacen una hora más o menos de música si la hacen a disgusto de los niños, si no les aporta casi nada”. Lo básico detrás de toda reforma educacional, plantea, debiera estar en promover que los profesores tengan una alta formación, sean personas generosas y con un don para tratar con niños. Porque los niños tienen una capacidad innata para aprender, pero para aprender de aquello que los motiva.

DOS ESCENCIALES PARA EL DESARROLLO ÓPTIMO DE LOS NIÑOS

• Antes de los 6 años: Permitir que el niño juegue libremente y, sobre todo, con objetos del hogar en lugar de juguetes sofisticados. Desde muy pequeños los niños tienden naturalmente a eso, a abrir cajones y a agitar cada embase a ver qué sonido se produce. Acompañándolos a jugar se puede aprender mucho de los intereses del niño y de la manera en que se enfrenta a los objetos nuevos.

•  De los 6 a los 8 años: Transmitirle al niño que él es una persona única y que respetamos su manera particular de mirar las cosas. Eso no significa hacerle caso en todo, pero sí nunca burlarse de sus ideas ni descartarlas de plano sin una conversación donde le mostremos por qué existe una alternativa que funciona mejor. De esta manera el niño aprende a confiar en sí mismo, se fomenta su creatividad y le permitirá hacerse respetar por lo demás.

EL ESTRÉS INFANTIL EXISTE

Rosa Jové advierte que los adultos podemos ser “ladrones de sueños y aspiraciones infantiles”, la mayoría de la veces, sin estar conscientes de ello. Es un terreno más sutil que los golpes o los malos tratos graves, pero muy común, protagonizado por adultos represivos, poco tolerantes e incomprensivos que reprimen el correcto desarrollo emocional del niño.

Para resumir su postura la autora entrega una cita del filósofo José Ortega y Gasset: “Solo si los niños pueden vivir hoy plenamente como tales, mañana serán personas adultas en plena plenitud de su potencial. El renacuajo no se hace mejor sapo si se le fuerza a vivir fuera del agua prematuramente”.
Es que cuando una persona -sea niño o sea adulto- se siente evaluada, presionada a ser de una manera distinta o incómoda en el ambiente donde vive, se estresa; y sobra evidencia científica acerca de cómo el estrés prolongado daña la capacidad de aprendizaje y memoria. Rosa Jové explica que a los niños de 4 a 12 años los estresa especialmente sentir que los están engañando. Esto, en situaciones banales como una promesa de ir a la plaza que intuyen que no se concretará, o al ocultarles un dato relevante como la enfermedad de un ser querido.

La psicóloga explica que los niños de esta edad ya tienen una teoría de la mente que les permite darse cuenta de lo que ocurre y leer señales no verbales. También en esta etapa están muy atentos a las conversaciones entre los adultos y de ahí obtienen la información correcta, querámoslo o no. Por lo tanto, el consejo general en la crianza es hablar con la verdad. Tal vez decirle al niño “Hijo, no vamos a alcanzar a ir a la plaza hoy” desencadene una discusión en el momento pero a largo plazo forja una relación de confianza y una tranquilidad para el niño, pues entiende que no es necesario estar alerta a segundas intenciones en sus padres. Esa seguridad, es el terreno óptimo para su desarrollo.

Otra situación que estresa a los niños es no sentirse aceptados tal como son. Y esto, no sólo en el colegio o con los amigos, sino fundamentalmente dentro de su familia. Si el niño está seguro de que sus más cercanos lo aman y acogen sin condiciones podrá afrontar la incertidumbre que implica tratar con personas nuevas. Rosa Jové hace un llamado a reflexionar sobre cómo se siente nuestro hijo en la casa y a conversar explícitamente con él sobre esto.

PARA PENSAR… Y ACTUAR

La vida de los niños está llena de desafíos y eso a veces se nos olvida. Para algunos la hora de almuerzo del colegio es una tortura, otros no se atreven a pedir permiso para ir al baño en clases, algunos pasan los recreos solos porque no han logrado hacer amigos, los niños inquietos deben hacer esfuerzos enormes para estar dentro de una sala más de una hora cronológica… Sentarse a pensar qué nos complicaba, apenaba o hacía sufrir cuando niños es una excelente manera de empatizar con nuestros hijos y poder acompañarlos.
Si detectamos que el niño lleva meses pasándolo mal por una situación que podemos cambiar, es urgente hacerlo. “El cortisol (hormona del estrés) es antagonista de las hormonas encargadas de la regeneración de los tejidos del organismo”, explica Rosa Jové. Un estrés prolongado puede provocar problemas dermatológicos, disminución de las defensas, retrasos en el desarrollo, problemas emocionales en la adultez como ansiedad y depresión debido a una alteración del sistema límbico, entre otros.

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