Escrito por Felipe Hidalgo Bustos / Nº 237 /  06 July 2016
El club de los buenos padres

Cuando me pregunten de nuevo a qué me dedico, responderé orgulloso: “al igual que mi mujer, soy dueño de casa”.

Algo pasó en algún momento, en que se asignaron naturalmente los roles del hombre y la mujer: el hombre partía temprano a cazar y su deber era llegar con el alimento para los suyos. La mujer, por su parte, hacía las tareas domésticas. Con la llegada de los electrodomésticos y el mundo moderno, esta repartición de roles se ha mantenido: la mujer, en el mejor de los casos, entra a compatibilizar su trabajo con el de la casa y el hombre sigue estando afuera (física y mentalmente). La mujer con dificultad y el hombre libre.

No por nada en Barcelona ha tenido tanto éxito El Club de las Malas Madres, donde en su página web las agotadas mujeres expresan, con ironía, su angustia por no poder hacer ninguna de las dos cosas bien: ni el trabajo ni las cosas de la casa, intercambiando sus experiencias de lucha en el intento.

Pero el mundo cambió totalmente también para los hombres y quien intente dejar a su mujer a cargo de la casa, más temprano que tarde terminará mal. El ejecutivo que vive bajando del avión o tapado de reuniones y muy ocupado, es un personaje obsoleto para los tiempos de hoy. No es sustentable ni siquiera con él mismo.

Es necesaria una nueva configuración de roles en la casa y entenderla como algo bueno, con estilo y aún más, como algo aristocrático y propio de la realeza. Los reyes, por ejemplo casi no salían de sus castillos, es más, la reina tenía más roles con la comunidad que el mismo rey. Házme caso, se rey, se el dueño de casa, deja que tu mujer haga todo lo que quiera hacer, dale alas y tu reina dentro de su casa. Ojalá tu señora quiera quitarte la corona. Lo mejor es estar dentro de Palacio, en vez de andar callejeando.

Cuando me pregunten de nuevo a qué me dedico, responderé orgulloso: “al igual que mi mujer, soy dueño de casa”. Hazme caso, sé dueño de casa y hazte una lista de cosas que hacer. Al final del día tendrás tiempo para compartir con tu señora, disfrutarás de una vida matrimonial de mayor calidad. Estarás preparado para compartir más tiempo en la casa y colaborar con quienes quieres, aumentando el grado de felicidad de todos. Mejorarás tu complicidad con tu señora y tendrás más argumentos para también querer salir sólo o con tus amigos. Conocerás mejor a tus hijos y podrás participar en su crianza viéndolos crecer. Aprende a cocinar. Comparte la carga de ser el sostenedor de la familia, confía en el rol generador de ingresos de tu mujer y dale máxima libertad. Ten cuido eso sí con caer a Dicom.

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