Escrito por Felipe Hidalgo Bustos / Nº 239 /  24 August 2016
Nuestro álbum de matrimonio

Gracias a la digitalización de todo, hoy podemos por primera vez ordenar nuestra vida sin cachureos y empezar a sentirnos más livianos, tranquilos y por qué no decirlo, más en paz, pero sin olvidar nuestro álbum de fotos.

Hace un año estuve en Vancouver, Canadá,  visitando a uno de los más grandes importadores de fruta del mundo. Después de recorrer sus instalaciones pasamos a saludar un minuto al vicepresidente de la compañía quien tenía una luminosa, transparente y amplia oficina. Conversamos cerca de quince minutos y en toda la reunión no hubo una sola distracción telefónica, ni de secretaria, y mucho menos siquiera un vistazo al Iphone para chequear correos por parte de nuestro anfitrión.

Pura paz y puro orden. Me llamaron la atención las superficies de su escritorio, mesas y repisas. No había un solo papel ni ningún tipo de cachureo. Solo una agenda y un block de notas. Se respiraba un ambiente inspirador y daba confianza hacer negocios con esa compañía. Sin ir más lejos con ella obtenemos los mejores resultados comerciales.

Me acordé de esto cuando la semana pasada en la casa de mi suegra estuvimos viendo las fotos de los matrimonios de cada uno de sus hijos, ya que pensé es el único documento que vale la pena conservar, aparte de los libros por supuesto. El resto es cachureo. Pero ver las fotos de nuestro matrimonio es una experiencia totalmente emocionante: ahí están nuestras caras de campeones sin merecerlo y enfrentarse a nuestros rostros de arrojo a la vida puede ser incluso pudoroso. Recordar esos tiempos de bolsillos vacíos es un ejercicio motivador y refrescante.

Resulta también conmovedor ver la presencia de todas aquellas personas que con cariño se hicieron presentes y a las que ya no están. Un porcentaje importante de las personas que aparecen en un álbum de matrimonio ya murieron y recordar que estuvieron con uno en ese momento tan importante puede ser también un aliento a la hora de pedir una ayuda desde el cielo.

Hoy, con los avances de la tecnología uno tiende a guardar el CD o a mantener las fotos sólo en digital, lo que constituye un gran error y falta de responsabilidad. Es importante seleccionar, imprimir y conservar las fotos de nuestro matrimonio. Nosotros mismos,  nuestros hijos y nietos lo valorarán, cuando el matrimonio es cada vez menos importante.

Ya lo decía San Agustín, no puede haber paz en el desorden y vaya que es verdad. Hágame caso, rescate su álbum de matrimonio (físico). Aproveche la era digital que estamos viviendo y respalde todo. Tenga cuidado eso sí con perder la memoria externa.

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