Escrito por Luz Edwards / Nº 239 /  22 agosto 2016
¿Puedo ayudarlo a hablar mejor?

El lenguaje es una capacidad innata, pero no se desarrolla bien sin el apoyo de los padres u otros adultos significativos. Una forma concreta de estimular a los niños es estando atentos a sus avances y dispuestos a conversar a su ritmo y de los temas que a ellos les motivan, mirándolos a los ojos.

Muchos de los avances de un niño no se enseñan explícitamente, sino que son pasos que él naturalmente dará. Si se les permite probar y practicar, los niños aprenden a caminar cuando están preparados, son capaces de comer con la cuchara, de a ir al baño, subirse al resbalín, tomar en vaso y miles de otros pequeños grandes logros.

El lenguaje, en cambio, si bien es una capacidad innata de todo ser humano, es una potencia que sólo se vuelve realidad mediante el contacto con otras personas. Y no cualquier tipo de contacto, sino mediante relaciones significativas, es decir, con personas que quieren al niño y se interesan por él, lo cual lo hace sentirse seguro y considerar relevante lo que ocurre mientras está con esas personas o lo que ellas le van mostrando.

“El lenguaje es una de las capacidades más complejas en el ser humano; traduce pensamiento, emociones, lógica. Ocurre a partir de experiencias sensoriales (auditivas, visuales, táctiles, propioceptivas, vestibulares) y emocionales de desarrollo muy precoz”, explica la doctora Lorena Pizarro Ríos, neuróloga infanto-juvenil de Clínica Las Condes.

¿Cómo ocurre el desarrollo del lenguaje a nivel cerebral?
– Desde las 20 semanas en el útero el feto puede oír la voz de su madre y, si bien no comprende, al nacer ya es capaz de decodificar los sonidos en forma única, posee la capacidad de decodificar fonemas de todos los lenguajes existentes y en la medida que se expone a su lengua nativa va seleccionando aquellos fonemas familiares e incorporándolos a su lenguaje. Alrededor de los 6 meses esta capacidad universal disminuye y se vuelve más específica al idioma propio entre los 8 y 10 meses.

¿Qué ocurre a nivel cerebral para qué pueda irse desarrollando el lenguaje?
– A nivel cerebral todo aprendizaje es la expresión de la formación de sinapsis (la unión entre neuronas). En la medida que una experiencia se repite y se considera relevante, el cerebro es capaz de establecer conexiones entre neuronas que van formando redes de comunicación. Así el concepto de “gato”, por ejemplo, se conformará gradualmente al verse expuestos a la imagen (visión), su maullido (audición), textura de su pelo (tacto), olor y la forma en que se mueve y según la relación establece con el bebé o niño. Esto significa que es una función compleja, que requiere un sistema nervioso y sensorial sano, y la posibilidad de experimentar de forma emocionalmente significativa. Esto explica por qué no basta la exposición a la televisión como experiencia única para aprender lenguaje.

¿El lenguaje es una capacidad innata en los niños?
– Sí es una capacidad potencial innata, pero que se desarrolla en la medida que la exposición sea significativa emocionalmente, esto es lo que determina que “se fije” en la memoria y se incorpore al funcionamiento diario. La interacción con adultos es relevante, más si tienen un vínculo especial con el niño. Ellos son capaces de captar su atención en forma preferente y dirigir esta atención a las cosas más importantes, ya que la atención del niño está inmadura y permanece en algo por periodos cortos. Además, el lenguaje no es sólo palabras, hay gestualidad, emociones que el niño va aprendiendo a leer desde muy pequeño a través de cómo interactúa con sus figuras de apego.

La difluencia en los niños pequeños puede ser algo normal y no quiere decir que vaya a ser tartamudo de grande. ¿Cómo se explica esto?
– La difluencia en las etapas de aprendizaje del lenguaje puede estar dentro de lo normal en la mayoría de los casos y suele ser un fenómeno transitorio. La alteración neurológica subyacente no está del todo definida, pero se han descrito alteraciones a nivel de la red de activación cerebral del lenguaje.

nino-hablaUN ENFOQUE PARA LA ACCIÓN

La fonoaudióloga Bernardita Edwards, miembro del Proyecto de Integración Escolar (PIE) del Colegio San José de Lampa, de la Fundación Marcelo Astoreca, observa en sus alumnos y también en sus pacientes particulares, que bastan algunas acciones muy sencillas para ayudar al niño a desarrollar su potencial en el área del lenguaje. “En la mayoría de los casos esta estimulación en la casa y en el jardín infantil, si es que asisten, es suficiente. Cuando el niño trae un trastorno ya sea físico o neurológico que afecta su desarrollo es algo evidente para los padres y en ese caso el apoyo de una profesional del área es importante”, explica la fonoaudióloga. Aquí algunas pautas:

Hablarle al niño aunque él todavía no hable. Los niños comprenden más de lo que pueden expresar y cuando su cerebro esté preparado, intentará articular las palabras. Es bueno “conversar” con él cuando balbucea, para que vea que su comunicación tiene un efecto en el entorno y así se motive a comunicarse más.

Desde los primeros meses, acostumbrarnos a irle contando lo que pasa. Así él asocia lo que ve con lo que oye y va aprendiendo su primer idioma. Hacer descripciones como “Mmmm, qué rica la galleta, es blanca, se hace con harina y azúcar”, para aumentar el vocabulario y el manejo de la gramática.

También desde pequeños preocuparse del contacto ocular con ellos, acciones como los dos mirar el mismo objeto y comentar lo que se está viendo: él se da cuenta de que él y su mamá están pensando en lo mismo. Son pasos previos al habla.

Permitir que el niño ejercite los músculos de la boca y la lengua, lo cual ocurre fundamentalmente con la succión y luego con el mastique de alimentos sólidos. También pueden hacerse juegos frente al espejo de subir y bajar la lengua, entrarla y sacarla. Una lengua floja y descoordinada influirá en su habla.

Desde que el niño comienza a hablar, fijarse en qué letras dice y cuáles no, para reforzar esos sonidos. Sin corregir, sino naturalmente, podemos repetir sus palabras, ojalá separándolas por sílabas.

Buscar temas que le interesen al niño. Podemos hojear un cuento y preguntarle de qué se trataba. Al tomar desayuno con él, preguntarle qué le gusta más. A veces pasamos tiempo con los niños pero vamos a un ritmo que ellos no pueden seguir o hablamos de temas que ellos no manejan. Eso afecta su habla.

Reportajes Relacionados

About Author

Carolina

(0) Comentarios de lectores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *