Escrito por Andrea Puyol M. / Nº 240 /  26 September 2016
Baja en la tasa de fecundidad: Chile, país envejecido

En el complejo escenario actual, en que el debate por el sistema previsional ha hecho que Chile despierte de golpe a una realidad que acecha hace tiempo nuestro sueño de ser un país desarrollado, no hemos abordado el tema del envejecimiento de la población y la baja natalidad con suficiente urgencia. Acá algunos datos para reflexionar.

El motivo por el cual nos hemos vistos obligados a hacernos cargo de este problema es que Chile es un país que ha envejecido. No solo porque la población está viviendo más, sino porque la tasa de fecundidad, que en nuestro país en el periodo 1960-1965 era de 5,4 hijos por mujer, cayó a 2,8 en el periodo 1975-1980 y a comienzos de los 2000 ya había disminuido a 2. Desde el 2015 en adelante se ha mantenido en 1,85 hijos por mujer, cifra inferior a la necesaria para el recambio generacional.

Así lo confirma el libro Una mirada al alma de Chile 2006-2015, diez años de la encuesta Bicentenario editado por la Universidad Católica, donde al revisar las cifras de sus levantamientos anuales, se concluye que: “la familia chilena se ha reducido en número de integrantes, llegando en el año 2013 a un promedio de 1,8 hijos. Existe una clara concentración del número deseado de hijos en dos niños. Ahora bien, son los más jóvenes quienes menos hijos desean tener, siendo la opción de 4 o más hijos muy minoritaria (15%) a diferencia de los mayores de 55 años para quienes tener más de 4 hijos es, relativamente, la mejor opción (2013)1.

¿Qué nos pasó?

Rodrigo Cerda, director Alterno del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, CLAPES UC, explica que el envejecimiento de una sociedad, como le ha sucedido a la chilena “es un proceso que ocurre principalmente porque aumentan las expectativas de vida, debido a adelantos médicos y a mejores hábitos de vida, que permiten vivir más. Al mismo tiempo, y sobretodo a medida que las mujeres se educan más, ellas tienden a retrasar el momento en que tienen sus hijos, lo que a su vez produce una caída en la tasa de fecundidad. Este proceso lleva finalmente a un cambio en la composición de la población, que pasa a tener una proporción mucho más grande de adultos mayores y mucho menor de jóvenes”.

¿Cuáles serían los principales desafíos que plantea una realidad como ésta?
– Primero, que nada hay que adecuar la oferta de bienes y servicios. Por ejemplo, en el sector salud, hay que aumentar los doctores especializados en adultos mayores. Al mismo tiempo, al disminuir el número de niños, hay que reducir el número de colegios. En segundo lugar, en el área económica se empiezan a enfrentar desafíos para seguir creciendo. Por ejemplo, el envejecimiento va de la mano de una disminución en la proporción de nuestros ciudadanos en edad de trabajar y aumenta las personas que tienden a estar retiradas (pensionadas). Esto es un desafío para la economía porque debe adecuarse a una menor disponibilidad de trabajadores (proporcionalmente a la población) y por lo mismo el Estado debe incurrir en mayores gastos. No solo de pensiones, sino también gasto en salud como he indicado antes. Además, como los que más ahorran son los jóvenes (y los adultos mayores tienden a desahorrar), disminuye la tasa de ahorro del país, y como el ahorro se ocupa para invertir, disminuye la inversión y el crecimiento económico. Esto último, afecta la recaudación fiscal, y no permite aumentar el gasto público, afectando los beneficios sociales y el pago de pensiones financiadas por el estado como la Pensión Básica Solidaria (PBS) y el Aporte Previsional Solidario (APS). Finalmente, aquellas personas que no utilizan las PBS o el APS porque no están en el 60% más vulnerable ven reducidas sus pensiones, porque al aumentar su expectativa de vida, deben financiar más años de pensión con sus ahorros en las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP).

Rodrigo Cerda insiste en lo anterior señalando que se debe tener muy en cuenta ya que “el primer efecto relevante de la longevidad de las personas es que disminuyen las pensiones, porque las personas viven más y sus aho­rros en las AFP les alcanzan para pensiones menores. Por otro lado, a las personas que reciben las PBS les puede afectar el me­nor crecimiento económico por el cambio demográfico debido a que los ingresos fis­cales se resienten y aumentar este tipo de pensiones no será una prioridad”.

¿Es acaso uno de los efectos que ya se empieza a sentir?
– El primer efecto, es decir la disminución de pensiones debido a la mayor longevidad, ya lo estamos viendo. Las tablas de mortalidad usadas para calcular las pensiones han ido cambiando y justamente tomando en consideración el aumento en la longevidad.

¿Es el aumento en la edad de jubilación un camino viable?
– Efectivamente ese es un camino. Pero se debe recordar que la edad de jubilación no es obligatoria. Hoy en día las personas ya podrían retrasar su edad de jubilación, pero muchas veces son las políticas internas de las empresas las que llevan a jubilarse a esa edad. Esto no necesariamente es lo mejor porque a los 60 años de edad en el caso de las mujeres o 65 en los hombres, muchas veces las personas están activas y con ganas de seguir trabajando. De ahí, que es necesario generar un cambio cultural al interior de las empresas, para que sigan aprovechando el aporte de nuestros adultos mayores. Otro tipo de políticas son aumentar las tasas de cotización o la rentabilidad de las inversiones de las AFP, por la vía de permitir inversiones en activos con más riesgo y más rentabilidad esperada. El problema de esto último, es que viene de la mano con más riesgo para los retornos de las inversiones de las pensiones.

Una cultura de co-responsabilidad y mejores políticas públicas

¿Qué políticas se han adoptado en otros países para enfrentar estos grandes desafíos que plantea una baja fecundidad y un alza en la longevidad?
– Hay países que han implementado subsidios para aquellos padres que tienen más de dos hijos, como por ejemplo en Francia. Da la impresión que este tipo de políticas puede haber tenido un impacto, pero es una política cara porque el subsidio busca ser lo suficientemente grande como para pagar gastos en educación y salud de los hijos. Alternativamente, se puede tratar de mejorar el capital humano de la población, vía mejoramiento de la educación pública o privada, porque así, aunque haya menos jóvenes, ellos y ellas serán más productivos y podrán aportar más recursos al sector público para solventar los gastos en los adultos mayores. Otro tipo de políticas, corresponden a hacer más equitativo el cuidado de los hijos entre hombres y mujeres, ocupando políticas de co-responsabilidad y además, se implementen políticas que les permita a las mujeres con hijos seguir participando del mercado laboral para que ellas puedan tener ingresos. Políticas como mayor oferta de salas cunas de buena calidad son importantes en este sentido.

¿Cuáles serían los caminos más eficientes para nuestra realidad en Chile?
– Me da la impresión, que hoy el mayor problema es como compatibilizar el trabajo femenino con el cuidado de los hijos. En ese sentido políticas que aumenten la oferta de salas cunas son muy relevantes. Además, generar una cultura de co-responsabilidad en el cuidado de los hijos también es relevante en el mediano plazo.

no-renuncia-maternidadLAS MUJERES CHILENAS Y LAS RAZONES POR QUÉ RETARDAN O RENUNCIAN A SU MATERNIDAD

La socióloga de la Universidad de Los Andes, Verónica Cano, señala que la mayor causa de la baja en la tasa de la fecundidad de nuestro país es que Chile tiene un crecimiento distinto a otros países de la región de Latinoamérica, lo que le ha dado a la mujer mayores posibilidades de entrar al mundo laboral de manera masiva y es ahí donde se produce el gran cambio cultural.

La mujer chilena a partir de su entrada en el trabajo cambia su mentalidad respecto de la maternidad, cambia sus prioridades, se abre a otras alternativas de desarrollo que antes no tenía. “Antes había solo una manera de desarrollarse para la mujer que era a través de los hijos, a través del cuidado de la casa, a través de ser la señora de su hogar. Hoy día las alternativas que tiene una mujer para desarrollarse tienen que ver con el ámbito público, tiene que ver con elegir una profesión, elegir también con quién y cuándo casarse”.

La mujer ya no tiene una única alternativa para ser feliz, la mujer en Chile, al igual que en los países más desarrollados, tiene una concepción de la felicidad que no está necesariamente asociada a tener hijos o a tener una familia. La socióloga señala que hoy en día las mujeres valoran sus propias familias nucleares, pero no necesariamente valoran el tener su propia familia.

Las razones por las que una mujer en Chile estaría postergando o renunciando a ser mamás serían:

Buscar el desarrollo profesional como prioridad y fuente de realización.

Querer darle un buen estándar de vida a sus hijos y si no tiene los medios suficientes, la mujer chilena elige tener menos hijos o no tenerlos. En la actualidad tener hijos en Chile es tremendamente caro. La realidad chilena con la educación y la salud de calidad en el sector privado presenta un gran problema de presupuesto para los futuros padres a la hora de elegir si quieren serlo.

Buscar el desarrollo integral. Tener hijos hoy impide un desarrollo de la mujer en todas las áreas, la mujer quiere desarrollarse en todos los ámbitos, quiere trabajar bien, ganar buen sueldo, tener buena calidad de vida, tiempo para viajar, etc. Los hijos quitan tiempo y necesitan una dedicación del cien por ciento.

No sentirse preparadas para ser madres. La mujer chilena de hoy se cuestiona más el ser madre porque ha vivido separaciones de sus padres y ha visto como las generaciones anteriores han cometido errores que ella no quiere cometer.

Sentir que a pesar de todos los avances y la evolución del papel de los papás, la responsabilidad y el peso de la crianza todavía cae en la madre, limitado mucho sus posibilidades de realización personal.

 

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