Escrito por Luz Edwards / Nº 240 /  19 September 2016
Felipe Lecannelier: Criar en tiempos de blogs

“¿Somos mejores padres que nuestros padres? ¿Qué ha cambiado en el cuidado de los niños?”. Así comienza el primer capítulo de A.M.A.R., Hacia un cuidado respetuoso de apego en la infancia, el nuevo libro del psicólogo Felipe Lecannelier. Tal vez la mayoría de los padres actuales pensemos que de todas maneras lo estamos haciendo mejor que las generaciones anteriores ya que hoy en día se reflexiona más acerca de cómo criar y leemos teorías distintas para poder construir un estilo propio y que nos deje tranquilos. Lecannelier, si bien concede que los padres actuales buscan una cercanía con sus hijos y el respeto de sus individualidades, muestra que estas intenciones no siempre desembocan en darles a los niños lo que realmente necesitan.

En el libro habla de la paradoja del mundo actual respecto de la información acerca de crianza y el tiempo con los hijos…
– Una situación que complica en hoy día es que hay demasiada información, redes sociales, blogs, libros. En los últimos cinco años se han intensificado de manera casi peligrosa, creando un bombardeo incesante de información sobre el tema de la crianza. La paradoja justamente es que hay poco tiempo para poner en práctica esa información, y es algo que sucede en todas las sociedades modernas. Más trabajo, más productividad, menos tiempo con los niños. Con mi equipo lo que tratamos de hacer es mirar nuestro estilo de vida desde el punto de vista del niño. A él le da exactamente lo mismo que su papá gane mucha plata; lo que él necesita es presencia. Y no necesariamente una presencia de altísima calidad, como se podría decir, sino un compartir relativamente tranquilo.

No jugando disfrazados o contando cuentos todo el tiempo…
– Claro. Nadie es bueno para jugar mucho rato con los hijos y no hay problema con eso. A veces los adultos, desde su perspectiva, piensan que como pasan poco tiempo con los hijos, debe ser un tiempo lleno de estimulación, sorpresas y juegos. Lo vemos en mamás que dicen “hoy no hice apego porque llegué tarde, pero mañana le voy a hacer un panorama súper entretenido”. Como si el apego fuera algo que uno hace, cuando es más bien algo en lo que uno está, una actitud. Esto está confirmado por investigaciones que muestran que la sobrestimulación no es necesaria y aún más, que puede terminar estresando al hijo.

¿Existe este riesgo en padres que han optado por la llamada crianza natural?
– El proceso es el mismo. Hay personas que siguen corrientes como la comida orgánica, el colecho o la lactancia prolongada como una moda y no se preguntan si realmente es lo que el niño necesita o si es la manera de criar que más le funciona a esa familia. No es tanto lo que tienes que hacer sino cómo lo haces.

 felipe-lecannelierQUIÉN ES
Felipe Lecannelier es psicólogo clínico especialista en apego. Es director académico del Centro de Apego y Regulación Emocional (CARE) de la Universidad del Desarrollo y presidente de la Fundación Chilena de Apego.

¿Se mal entiende apego como contacto físico?
– Es un error común. Mamás que dicen que crían a su hijo con apego y, cuando uno les pregunta en qué consiste, explican que no se separan de él, que duermen juntos… Y puede estar muy bien para ellos, pero esta idea del apego como piel con piel permanente no es correcta y nunca se ha planteado de esa forma. Además, los niños necesitan estar en brazos o colgados de su mamá, pero también aprender a separarse y a explorar.

¿Hay riesgo de una nueva forma de control desde la idea de no separarse de los hijos?
– Es desde otra concepción, pero puede convertirse en lo mismo desde la mirada del niño porque no le están dando lo que necesita. Obviamente es un cuidado más respetuoso porque implica estar más cerca, no dejarlo llorar… Pero, por ejemplo, en el tema del sueño, hay niños de dos años que prefieren dormir solos porque son sensibles y estar en continuo roce con otros cuerpos les molesta. O niños a quienes un jardín infantil muy flexible los pone nerviosos y prefieren ambientes más estructurados. El único consejo es no aplicar consejos generalizados, sean los que sean. Yo adulto me pongo en blanco, me olvido de mí, te pongo atención a ti, me pregunto cómo estás y te trato de regular de manera más respetuosa posible.

¿Ocurre que los padres piensan que sus hijos son más frágiles de lo que son?
– Hoy vemos muchos papás que intentan evitar que el niño lo pase mal a toda costa, cosa que nunca se ha planteado desde la mirada del cuidado respetuoso ni del apego. El estrés es parte de la vida; va a sentir estrés al ir al jardín o a un cumpleaños; el tema es cómo lo ayudo a manejar el estrés, no cómo anticipo que nunca se estrese. Tenemos casos extremos de padres que sacan al niño del colegio y lo dejan en la casa porque piensan que sufre mucho. Así se produce un círculo vicioso, porque si sobreprotejo al niño queda en un estado más frágil para enfrentar las cosas y sufre más, y como sufre más yo lo sobreprotejo más. Las mamás dicen que el niño no soporta ir al colegio, pero si no ha ido al colegio, si no lo llevo al cumpleaños por miedo a que lo molesten o a que no jueguen con é, cómo va a aprender a manejarse, cómo va a desarrollar las herramientas que le faltan.

Un dilema clásico de hoy: ¿Cuándo es el momento en que los papás pueden irse de vacaciones solos una semana sin dañar al niño?
– Depende. No hay una respuesta. Si el niño tiene una abuela a quien ve mucho y ella es una figura importante, es constante, cariñosa, puede que al niño no le afecte mucho estar unos días sin sus papás. También hay niños más aferrados y otros más autónomos. No se puede decir cuál es una buena edad o por cuánto tiempo se puede dejar al niño. Las personas que dan este tipo de consejos generales lo hacen porque suenan bien, pero no existe ninguna evidencia científica de sustento.

¿Puede que les dé más pena a los papás que a los hijos?
– Puede ser, en algunos casos. Uno de los factores comunes que encontramos cuando ya hay más dificultades en el cuidado es justamente que el adulto no es capaz de separar lo que le pasa a él y se lo proyecta al niño. Y eso pasa en todo. Hay estudios que muestran que los padres con tendencia a la obesidad tienden a interpretar que el niño siempre tiene hambre, cuando puede ser sueño, cansancio. Los papás separados que están tristes por su situación tienden a pensar que todo malestar del niño se debe a que el papá se fue. Todos los papás hacemos eso, el problema es cuando eso termina afectando negativamente en el cuidado. Por eso siempre tenemos que estar mirándonos a nosotros mismos, saber qué nos pasa y así poder tomar distancia con lo que le ocurre al niño, para tomar las decisiones más convenientes.

portada-a-m-a-rLAS 4 CAPACIDADES DE A.M.AR.

El objetivo primordial de un padre o cuidador es lograr la seguridad emocional del niño. Felipe Lecannelier plantea que para eso no existen recetas mágicas ni pasos a seguir, pues cada niño y cada situación son diferentes. El camino que propone el psicólogo y su equipo es que el adulto desarrolle un estado mental/emocional compuesto por cuatro capacidades (cuyas iniciales forman la sigla A.M.A.R.) que le permitirán estar en sintonía con el niño y mirar con realismo lo que está sucediendo:

• Atención
Capacidad de mirar al niño en relación a cómo reacciona, cómo es su expresión facial y qué comunica, cómo se pone cuando se enoja, cuando está triste, cuando está angustiado. También implica conocer el temperamento del niño para poder anticipar cómo va a reaccionar ante ciertas situaciones y personas. De este modo el adulto aprende que no todos los niños son iguales y el niño se siente respetado y validado.

• Mentalización
Una vez que se ha prestado atención al niño y sus reacciones, el paso siguiente es adentrarse en su mundo interno. Preguntarse qué puede estar sintiendo el niño o qué quiere expresarnos. Está demostrado que un adulto con buena capacidad de mentalización es clave en la calidad del vínculo y en la seguridad emocional del niño. No implica hacer lo que el niño pide, pero sí no descalificar, no burlarse, no amenazar.

• Automentalización
Se refiere a que el adulto intente identificar qué le sucede a él ante las situaciones de estrés con los niños: cuando llora, cuando no quiere dormirse, cuando no hace caso… Reconocer lo que nos ocurre permite calmarse y también permite separar lo que el niño hace de lo que nosotros sentimos. (¿No será que estoy irritable porque tuve un día duro en el trabajo?).

• Regulación
Las tres capacidades anteriores se consideran una preparación mental antes de aplicar acciones concretas con los niños. La regulación se refiere a intentar disminuir los niveles de estrés en el niño y –una vez que la tormenta haya pasado- buscar enseñarle cómo enfrentar mejor esos momentos a través de habilidades como la empatía, el buen trato, la comprensión de las consecuencias de las propias acciones, etc.

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