Escrito por María Ester Roblero / Nº 241 /  21 October 2016
Educar en la gratitud

“Cómo enseñar a apreciar lo positivo de la vida” es la promesa de Jeffrey J. Froh y Giacomo Bono, autores de este reciente libro publicado por Editorial Palabra.

Este libro parte contando una anécdota: la de un niño muy pobre, que en plena adolescencia recibe de regalo una chaqueta usada. Sin miedo a la burla de sus compañeros de curso, con una sonrisa de oreja a oreja, la usa a diario contagiando al resto con su optimismo.

Este mismo niño fue uno entre los dos mil que participaron en la investigación previa a la redacción del libro.

A todos ellos se les preguntó ¿qué es la gratitud? Él escribio: “Mi vida no sería la misma sin todos los que me han ayudado a conseguir mis objetivos.Estoy agradecido de Dios, mi familia, mis amigos, e incluso de mis profesores, por ayudarme a mejorar mi vida”.

¿Es frecuente encontrar tanta madurez en un niño que apenas despierta a la adolescencia? Por supuesto que no, dicen los autores. Y no obstante, su testimonio confirma el poder que tiene la gratitud en el bienestar emocional de los niños y jóvenes, en sus relaciones, en su espiritualidad y en la consecución de sus objetivos.

¿Qué es la gratitud?

“La gratitud se puede considerar una emoción, un estado de ánimo o un rasgo de la personalidad. Como rasgo de la personalidad, constituye una orientación de la vida que nos lleva a apreciar lo positivo que hay en ella”, escriben Froh y Bono.

“Cuando las personas son agradecidas, normalmente lo expresan verbal o físicamente (con un abrazo, un beso, estrechando la mano o con lágrimas) a aquellos a los que tienen algo que agradecer. La gratitud hace que apreciemos las relaciones valiosas que hay en nuestra vida, fomenta la amabilidad y nos motiva para ser agradecidos con ellos e incluso con todos los demás”, agregan.

La educación de la gratitud

A pesar del papel fundamental de la gratitud en el éxito y bienestar de las personas, se ha investigado poco sobre cómo conseguir que se desarrolle y crezca en los niños. Melanie Klein, psicóloga británica escribió en su libro de 1957 Envidia y gratitud que la gratitud surgía en los primeros estadios de la infancia, pero solo si la envidia no impedía su desarrollo.

Sin embargo, luego de las afirmaciones de Klein existen muy poco estudios sobre la gratitud. Recién en 2005 los investigadores Nansook Park y Christopher Peterson dirigieron un análisis sobre cómo describían los padres las cualidades más destacadas del carácter de sus hijos. Una de ellas era la gratitud. Comprobaron que, de los veinticuatro valores examinados, éste era el más relacionado con la satisfacción de la vida.

Entusiasmado por este hallazgo, Jeffrey J. Froh se preguntó: ¿Puede la gratitud, si se inculca desde la infancia, llevar a una felicidad integral, a crear relaciones de apoyo, sentimientos de pertenencia a la comunidad y esperanza en el futuro? “Nos preguntamos si la gratitud proporcionaba ciertos beneficios particulares en el desarrollo de los niños: el creer que tienes algo importante que ofrecer a los demás, una actitud menos materialista, un sentido y un porqué de las cosas”, cuentan los autores.

Investigando sobre gratitud

Los resultados que los investigadores Froh y Bono los llevan a la conclusión de que s”i comparamos a los adolescentes más jóvenes (11-13 años) con otros de su misma edad que son menos agradecidos, los primeros son más felices, más optimistas, tienen más apoyo social por parte de su familia y amigos; están más contentos con su colegio, su familia, su comunidad, sus amigos y consigo mismos; y ayudan más a los demás. También se encuentran más sanos físicamente. Tienen menos dolores de cabeza, de estómago y menos secreción nasal”.

“También hemos comprobado que los adolescentes agradecidos (de entre 14 y 19 años), comparados con otros que no lo son tanto, están más contentos con sus vidas, utilizan sus cualidades para mejorar la comunidad, están más comprometidos con sus tareas escolares y con sus aficiones, obtienen mejores calificaciones y son menos envidiosos, depresivos y materialistas”.
Sin embargo,concluyen los autores, la visión científica de la gratitud como una fuerza humana continuará estando incompleta si no comprendemos cómo evoluciona en su temprano desarrollo.

La gratitud si se aprende

Los autores de este libro aseguran que la gratitud es una cualidad que se puede aprender y reforzar con la práctica.
El libro en concreto explica cómo crear un ambiente que anime a los niños a desarrollar la gratitud y ofrece estrategias concretas para hacer que aprecien lo que tienen, entre otras: cultivar las relaciones personales, poner límites a las pantallas y los medios de comunicación, tener mayores aspiraciones, etc.

Como los niños aprenden muchos comportamientos observando e imitando a los adultos, los autores insisten en el ejemplo. Y proponen fijarse en los pensamientos y en los comportamientos típicos de aquellas personas que son agradecidas.
Como un ejercicicio diario proponen a niños y adultos llevar un diario de agradecimiento, anotando cada noche tres cosas buenas que les ocurrieron y por qué o quién permitió que eso bueno ocurriera.

¿Es mi hijo agradecido?

Hay cuatro cualidades que distinguen a las personas muy agradecidas, informan los autores. Si los comparamos con los que son menos agradecidos, experimentan este sentimiento:

1. De una manera más intensa.
2. Con más frecuencia a lo largo del día.
3. Con más densidad, es decir, están más agradecidos a más gente por cada acontecimiento positivo.

4. El espectro de aspectos por los que se muestran agradecidos es más amplio en cualquier momento de su vida (porque se cuenta con ellos para algo, porque alguien los defiende, por hacer bien un examen o ganar en un juego, etc.).

Por eso, una manera de saber si tu hijo o tú son agradecidos es comprobar si encarnan estas cualidades.

Conseguir educar en la gratitud requiere:

1. Creer que es una meta que vale la pena.
2. Aprender lo que tienes que hacer.
3. Poner un esfuerzo semanal e incluso diario para conseguirlo.
4. Comprometerse con este objetivo durante un largo período de tiempo, como con los demás aspectos de la educación de los hijos.

La gratitud en los niños debería nacer hacia sus padres y los que le cuidan y, finalmente, hacia otras personas, la primera vez que el niño experimenta que le están ayudando.

La investigación de estos autores demuestra que los jóvenes con relaciones familiares satisfactorias son más agradecidos. Incluso en los hogares donde se inculca la gratitud de manera activa, la habilidad de razonar y aceptar los retos varía según el grado de madurez.

Emociones positivas y negativas

Uno de los aspectos más difíciles de educar en un niño es el manejo de sus emociones negativas. Y quizás es, paradójicamente, porque pasamos por alto las positivas, explica este libro. “Tendemos a ser menos analíticos durante los estados de ánimo positivos, y cometemos el error de no preguntarnos el porqué. Por el contrario, cuando nuestras emociones son negativas, tendemos a analizar más las causas. Nuestra naturaleza nos empuja a averiguar por qué ocurren los acontecimientos negativos para poderlos evitar o prevenir en el futuro. Esto nos ayuda a sobrevivir, pero no necesariamente a progresar”.

Cuanto mejor comprendemos por qué nos suceden las cosas buenas, más fácil es sintonizar con las posibles fuentes de gratitud. Esta certeza lleva a los autores a proponer cuatro estrategias para educar la gratitud, las que se pueden aplicar a los niños desde los tres años.

Estrategia 1
Centrar a los niños en por qué les suceden cosas buenas y en las personas que las provocan.

Esta estrategia básica ayuda a comenzar con los niños conversaciones que les hacen conscientes de que otros han querido ayudarles y entender por qué han querido hacerlo. Para emplear esta estrategia, un adulto o un niño debe hablar de las cosas buenas que han ocurrido durante el día (o la semana) y por qué cree que han sucedido.
La gratitud ayuda a la supervivencia, porque lleva a las personas a identificar las relaciones personales más importantes para ellas. Esta estrategia es útil en muchas situaciones. Por ejemplo, en el colegio se puede enseñar a los niños a ser agradecidos y a apreciar a los que les han ayudado y han sido amables con ellos. Esta práctica se puede complementar con otros ejercicios que ayuden a crear un ambiente de colaboración en la clase. En casa, los niños pueden pensar en los beneficios del día o de la semana, para que sus conversaciones sean más reflexivas. Se puede hacer a la hora de la comida.

Estrategia 2
Ayudar a los niños a controlar las emociones negativas resolviendo los problemas con calma, dando nombre a sus sentimientos y reemplazando sus pensamientos negativos con otros positivos.

Esta estrategia es mucho más difícil de realizar que la primera. Ayudar a los niños a controlar sus emociones es difícil, y puede que constituya uno de los mayores retos de los padres. Es común a temprana edad que los niños se frustren al perder en un juego. ¿Qué hacer? “Intenta aligerar la frustración con un abrazo y el recordatorio de que nadie es perfecto”, dicen los autores. “Si mantienes una actitud serena, conseguirás inculcar la gratitud en tus hijos. Resolver los problemas con calma es señal de constancia, y demuestra que trabajar juntos lleva a mejores soluciones. Esto ayudará mucho a tus hijos cuando creen amistades, vínculos sociales o relaciones laborales en el futuro. Si solucionas los problemas con calma, estarán más en sintonía con las necesidades de los demás y sabrán cómo ayudarles con sus problemas, reforzando los vínculos que les llevarán al éxito en la vida.

“Desgraciadamente, ayudar a los pequeños a reestructurar situaciones injustas con una perspectiva positiva no siempre es tan sencillo y suele provocar estrés y tensión a los padres. Sin embargo, vale la pena el esfuerzo, porque hacer frente a emociones negativas es especialmente difícil para los niños que todavía están aprendiendo el lenguaje y las estrategias para controlar sus emociones”.

Estrategia 3
Armar una casa para ser vivida. Pensar en los miembros de la familia, sus características, costumbres y gustos y organizar los espacios de acuerdo a eso.

Si se tiene hijos chicos, aceptar que habrá juguetes en el living y en vez de acarrearlos seis veces al día a su pieza, poner una linda repisa o baúl para guardarlos una vez finalizado el juego. Si estos mismos niños probablemente quebrarán ciertos adornos, tal vez conviene ahorrarse rabias guardándolos para cuando crezcan. ¿Poner la bella alfombra? Si le va a caer témpera y se le van a pegar arroces, mejor guardarla junto con los adornos”, escriben Jeffrey J. Froh y Giacomo Bono.

“Aprender primero a controlar tus propias emociones y pasar rápidamente de los acontecimientos negativos a los positivos orienta a tu familia hacia la gratitud “, aseguran. “Lo creas o no -dicen-, un niño sabe si un adulto aplica un castigo desproporcionado por su mal comportamiento. Si se le grita a una niña: «Deja de molestarr», ella parará en ese momento por miedo, pero aprenderá más por tu comportamiento que por tus palabras”.
Los niños siempre están mirando -e imitando-, así que hay que poner pausa antes de perder el control.

Estrategia 4
Cuídate. Tú también importas. Muchos padres luchan por armonizar sus necesidades con las de sus hijos.

“Piensan, de manera errónea, que, si se vuelcan totalmente en la actividad de ser padres -sacrificando su tiempo para hacer ejercicio, dormir, practicar afi ciones, cultivar relaciones, esclarecer valores y desarrollarse espiritualmente-, los hijos prosperarán. ¡Están completamente equivocados!”, aseguran.

educar“Aprender primero a controlar tus propias emociones y pasar rápidamente de los acontecimientos negativos a los positivos orienta a tu familia hacia la gratitud “, aseguran los autores de este libro.

Si nos descuidamos, no solo nos debilitamos nosotros mismos, sino que, irónicamente, estamos llevando a nuestros hijos por el mismo camino. La explicación es simple. Nuestros cuerpos son como ecosistemas que tienen cuatro dimensiones: física, mental, social/emocional y espiritual. Cada dimensión afecta a las otras, por lo que descuidar una influye negativamente en el resto. Si queremos tener la energía y la perspectiva necesarias para educar niños agradecidos, tenemos que habituarnos a cuidar todos los aspectos de nuestro desarrollo personal.
Evidentemente, esto es difícil, especialmente para los padres con niños pequeños. Pero es importante que encuentres algo que te reponga y que lo encajes en tu horario y estilo de vida.

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Elizabeth Dublés

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