Escrito por Marco Mocelli / Nº 241 /  23 October 2016
Jacqueline Balcells: “Un niño que lee  activa su imaginación”

Oriunda de Valparaíso, la autora de El polizón de la Santa María, La pasa encantada y Simón y el carro de fuego, entre otros títulos, descubrió su vocación de escritora gracias a las historias que solía contar a sus hijas.

Yo era muy lectora porque era bien debilucha y pasaba enferma en cama.
Y como en ese tiempo no había televisión, leía y leía. Y así fue como, apoyada en mi almohada, viajé por selvas, mares y galaxias. Con Kipling conocí a los habitantes de la selva y entendí que leones y panteras pueden ser grandes amigos del hombre; con Salgari navegué en barcos a vela, me enamoré de piratas y soñé que me raptaba Sandokán, el corsario más buen mozo y valiente del mundo; con Julio Verne estuve largo tiempo bajo el mar en el Nautilus y viví alucinantes aventuras junto al peculiar capitán Nemo.

Desde chica, de tanto leer, me dieron ganas de escribir.
Pensaba que los escritores eran magos que con su varita de lápiz mágica en un dos por tres hacían aparecer mundos increíbles, hacían vivir a hombres y animales. Y lo mejor de todo era que sus personajes, una vez en el papel, existían para siempre. ¿Acaso al valiente rey Arturo o a Pinocho, el mentiroso, no los habían conocido ya mis abuelos y bisabuelos? ¿Y no los seguirían leyendo mis hijos y luego mis nietos y bisnietos?

Es muy difícil definirse a sí misma, eso queda para los lectores.
Lo que yo trato es ser lo más clara posible y que mis personajes muestren una realidad que tenga lógica, aunque sea a través de la magia y la fantasía.

Cualquier cosa o tema pueden ser el inicio de una obra.
He escrito cuentos muy distintos y por lo general nacen a propósito de algún detalle de la vida diaria que me llama la atención: algunos siguen el camino de la maravilla, otros se inspiran en sucesos históricos y también tengo cuentos de corte policial. Lo que me importa es que el relato sea coherente y entretenido, y que refleje en los personajes, ya sean princesas o magos, la naturaleza del ser humano.

Con los años uno va puliendo el lenguaje y haciéndose más exigente.
Siempre he sido lectora de poesía y en este caso recuerdo una frase preciosa de Vicente Huidobro que dice: “De desnuda que está brilla la estrella”.

Recuerdo el primer cuento que publiqué.
Fue en Francia y se demoraron mucho en responderme. Finalmente la editora me dijo que habían tenido problemas con el sicólogo de la editorial que lo encontraba muy terrible para los niños, porque se trataba de una mamá que de tanto arrugarse con las maldades de sus hijos se convertía en pasa. Pero finalmente decidieron publicarlo y fue el cuento más leído ese año (La pasa encantada) y ganó un premio. Eso reafirmó mi convencimiento de que la literatura muestra la realidad de la vida y que los niños conocen y aceptan con naturalidad que el mundo está lleno de lobos y caperucitas y también de príncipes valientes que salvan a indefensas doncellas.

El fomento lector es algo importantísimo
Creo que el fomento de la literatura para los niños, sea cual sea sus formas, es lo mejor que pueda suceder. Un niño que lee activa su imaginación. Un adulto que imagina convierte sus sueños en realidad.

Los infaltables de Jacqueline Balcells

– Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll.
– Las crónicas de Narnia de C. S. Lewis.
– Papelucho de Marcela Paz.
– Pinocho de Carlo Collodi.
– Cuentos de Hans Christian Andersen.

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Elizabeth Dublés

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