Escrito por Daniela Vieira Papapietro / Nº 242 /  24 November 2016
Cultivar una buena relación entre hermanos

Establecer y mantener una buena relación entre hermanos es algo muy valioso y relevante para una persona y para el ambiente familiar. Los hermanos son de los primeros agentes de socialización en la vida. Con ellos aprendemos a negociar, compartir, pelear, jugar, querer. Constituyen una forma de ensayo de cómo serán nuestras relaciones sociales en el futuro.

Una buena relación entre hermanos se puede comenzar a trabajar desde los primeros instantes de vida, desde que el hermano/a mayor está consciente de que hay otro hermanito/a en la “guata de la mamá”, cuando lo va a conocer a la clínica y cuando le hace cariño por primera vez. Es fundamental ir acompañando a los niños en este proceso, ir observando cómo van reaccionando y apareciendo sus miedos, temores, fantasías. También es importante que nos vayamos adelantando para ir explicándoles los distintos sucesos y cambios. Ésto les ayuda a entender y procesar lo que están viviendo.
Ahora bien, si estamos de acuerdo en que tenemos que inculcar una buena relación entre hermanos desde el principio, fomentando un vínculo entre ellos, explicándoles los procesos y cambios en la familia y conteniéndolos en la adaptación a la llegada de un nuevo hermano/a a la familia… ¿Cómo seguimos trabajando en esta relación de hermanos a medida que van creciendo? Aquí algunas ideas:

1. Juegos colaborativos en vez de tantos juegos competitivos
El juego es la mejor manera para trabajar con los niños, ya que es su modo natural de expresión. Nosotros los adultos nos expresamos a través de una conversación; ellos a través del juego. Como padres, incentivemos a que nuestros hijos jueguen entre ellos. El juego les ayudará a expresarse, a conectarse y entretenerse juntos. Es importante que el juego sea colaborativo en vez de competitivo. Es decir, en vez de que ellos compitan para que haya un ganador y un perdedor, podemos fomentar juegos en que uno necesite al otro para que ambos ganen. Por ejemplo: hacer una función de títeres, hacer un show musical donde ambos actúen, cocinar juntos para lograr un postre o una comida rica, hacer un cuadro para enmarcar, practicar un deporte juntos, etc…

2. Actividades de expresión positiva hacia los hermanos
Establezcamos, cada cierto tiempo, instancias donde los hermanos puedan expresarse sentimientos y actitudes positivas entre ellos. Por ejemplo: para los cumpleaños cada hermano le dice algo positivo al hermano cumpleañero. O establecer dinámicas en que cada uno le diga al otro:

Lo que más me gusta de ti…
Lo que más admiro de ti…
El mejor momento que hemos vivido juntos fue…
Nunca me olvidaré cuando nosotros…
Me gustaría pedirte perdón por…
Me gustaría pedirte que… (para llevarnos mejor)
Si pudiera regalarte cualquier cosa, te regalaría…

Todo esto en un ambiente tranquilo y positivo, que puede estar acompañado de algún picoteo rico, música, naturaleza, etc. Es ideal hacerlo en momentos de fines de semana o vacaciones para estar tranquilos y no estresados por exigencias cotidianas.

3. Conexión positiva indirecta
Esto significa interceder para que ellos estén conectados, aunque sea de manera indirecta. Por ejemplo, decirles: “Tu hermana mayor estaba súper pendiente de ti hoy, de cómo te había ido en el colegio”. O “tu hermano hoy te echó mucho de menos cuando te fuiste al colegio”, o “Tu hermano te quiere mucho, yo me doy cuenta cuando te mira”, “A tu hermana le encanta jugar contigo”. Si bien ellos no se expresan directamente, nosotros podemos interceder por ellos y comunicárselos. Esto también ayuda significativamente en una buena relación entre ellos.

4. No a las comparaciones
Nosotros como padres debemos ser capaces de observar a nuestros hijos tal cual son y no como nos gustarían que fueran. Miremos y valoremos las cualidades, virtudes y talentos específicos que cada hijo tiene. Suele pasar que dentro de una misma familia, hay hijos radicalmente opuestos en algunas áreas. Eso es parte de la individualidad de cada uno y no cometamos el error de exigirle a un hijo ser como el otro. Las comparaciones de los padres generan daños profundos en los vínculos entre los hermanos. Tienden a fomentar envidia, rabia y competencia negativa entre ellos, que suelen durar hasta la vida adulta.

5. Finalmente, como padres siempre reforcemos las conductas y actitudes positivas entre hermanos y al contrario, cuando entre ellos existan conductas hostiles, agresivas o desafiantes. El silencio otorga y no podemos avalar ni validar actitudes negativas entre hermanos. Seamos enfáticos en este aspecto.

Las relaciones familiares en juegos de lana

Una genial representación gráfica logró la producción de Sara Reistad-Long, periodista, para la revista norteamericana Real Simple. Sin ánimo científico, pretende invitarnos a observar cómo se tejen en la familia las relaciones entre padres e hijos y también entre hermanos.

1. Los mejores amigos: Una relación equilibrada donde ambos tienen el mismo papel en el resultado final.

2. Juntos, pero compitiendo: Los padres deben poner atención si sus hijos compiten en todo y no desarrollan aficiones individuales. La meta está en incentivarlos a cada cual en sus talentos.

3. Eterno cortocircuito: Hay que lograr que pese a sus diferencias sepan quererse, cuidarse, compartir y ayudarse.

4. No se ven nunca: Suele ocurrir en familias muy exitistas, donde se valora el rendimiento individual y no se fomentan instancias para compartir, conocerse más y quererse.

5. Enredados: Siempre juntos, no hacen nada el uno sin el otro. Parece una bendición, pero hay mucho trabajo que hacer para que puedan abrirse a los demás.

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