Escrito por Felipe Hidalgo Bustos / Nº 242 /  24 November 2016
El poder de una hoja en  blanco

Ahora que están de moda las cosas simples y básicas vale la pena ejercitarse en el rayado de hojas en blanco para ir ordenando las ideas y de paso, nuestro día a día.

Hace un par de meses atrás uno de mis hijos, de 3 años, casi se muere en brazos de mi señora atorado con un marisco. En esos segundos catastróficos se me pasaron por la mente todos y cada uno de los proyectos en los que estoy embarcado como una sumatoria de chatarra y futilidad. La adrenalina del momento límite hace que una fracción de segundo nos sirva para poner en relieve cuán alejado estamos de las cosas profundas y verdaderas y de las cosas importantes y permanentes. Luego de ese incidente, ocurrido a la hora de almuerzo de un domingo cualquiera, me quedé pensando en el valor de los sustos que nos hacen volver a la vida con una disposición distinta, más simple, más certera, con más foco en las cosas que valen de verdad la pena. Se consideran las cosas que a diario uno pasa por alto: las cosas sencillas, el existir, el valor inmenso del otro y el tremendo milagro que significa el solo hecho de existir.

Al otro día, al llegar a la oficina, boté todos los cachureos y me aferré a una hoja en blanco que le robé a la impresora tratando de recordar una frase que le escuché una vez a mi papá cuando dijo “no hay nada más inspirador que una hoja en blanco”. Una hoja en blanco sirve para ordenar los distintos frentes de nuestra vida, ir rayando y re-haciendo en el papel antes que en la vida misma. Una palabra, concepto o idea tachada vale más que una acción mal ejecutada.

Mi consejo es: Aproveche un rato fecundo dentro de la mañana y raye hojas, dibuje, hagas monos y flechas y verá que salen las ideas y se ordenan las prioridades. La vieja costumbre manual de llevar al papel los pensamientos es una práctica positiva que hoy está cada vez más alejada en nuestras rutinas digitales. No es reemplazable ya que la mente, al menos la mia, necesita de los lápices, plumones, la regla y el sacapuntas. Estoy seguro que en el proceso de amasado de ideas acompañado de la diferenciación de colores y apuntes manuales permiten una fluidez mayor al movimiento de las ideas y conceptos. El pizarrón y la hoja en blanco nos permiten equivocarnos una y otra vez hasta llegar con claridad al objetivo sin perdernos en el camino. Las experiencias límite nos dan la fuerza necesaria para partir de nuevo. Nos dejan en blanco y dan una nueva oportunidad para resurgir con nuevas fuerzas y comenzar a escribir de nuevo nuestro futuro. Hágame caso, póngase frente a una hoja blanco y anote sus temas, proyectos y frentes abiertos. Empiece a trabajarlos y comience una vida nueva con la tranquilidad de quien tiene todo dominado. Al menos en el papel.

Los caminos por los que transitamos día a día están llenos de ripios, de tacos, de nieblas digitales que nos hacen perder el tiempo que se hace cada vez más escaso. Una hoja en blanco es un camino limpio, despejado, claro y sin ningún obstáculo. En la hoja en blanco aparecerán todas aquellas ideas-fuerza y proyectos potentes que tiene en su interior. Anótelos. Sáquelos afuera y ordénelos ayudado por un lápiz bic y no tenga miedo de rayar todos y cada uno de sus temas para ir encauzándolos, si es que valen la pena.

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