Escrito por Luz Edwards / Nº 242 /  30 November 2016
La crisis del cuidado

La manera en que vivimos hoy está obligando a una redefinición de cómo nos organizamos para poder cuidar a nuestros familiares que lo necesitan.
Con respecto a niños y adultos mayores hace falta una mentalidad más comunitaria que evite sobrecargar a una sola persona, mayor educación acerca de cómo abordar el cuidado y una oferta más flexible de apoyo desde las instituciones como centros y salas cunas -sean estatales o privadas- para que así las familias cuenten con la ayuda que realmente necesitan.
Pero a nivel personal y familiar, este tema debiera estar cada más presente en nuestras conversaciones y proyectos de vida: ya sea por enfermedad, nacimiento de hijos o vejez, todos en algún momento de nuestras vidas tendremos que cuidar a otro o ser cuidados.

La incorporación de la mujer al trabajo se plantea como el principal detonante de la llamada “crisis del cuidado”. Se trata de un concepto acuñado en esta década y que muestra que algo que ha existido siempre en los grupos humanos -la necesidad de cuidar a quienes no son autónomos por su edad o por sus condiciones- hoy es una tarea consciente y difícil de cumplir.

Los estudios y reflexiones a nivel académico y público se centran en los cuidados a los adultos mayores, población que ha aumentado y seguirá creciendo con los años debido a la buena noticia del aumento en la expectativa de vida. Eso, en paralelo a la baja en la fecundidad, está provocando que haya cada vez menos personas en edad de cuidar y más en edad de necesitar cuidados. De acuerdo a proyecciones hechas a partir de la encuesta CASEN, para el año 2020 un 20% (3 millones) de la población de Chile tendrá más de 60 años, es decir, uno de cada cinco chilenos será adulto mayor.
Pero el cuidado de los niños pequeños sigue siendo un gran tema para las familias y para el país, donde también es necesario replantearse métodos y objetivos. Por eso, aquí un experto en vejez y otro en infancia, nos dan su visión.

Saber pedir ayuda y la creación de centros diurnos: dos puntos claves.
Carmen Luz Belloni, miembro del Centro de Estudios de Vejez y Envejecimiento UC.

“La mirada en el mundo apunta a que la responsabilidad por el cuidado no es exclusiva del Estado sino que debe haber participación de la sociedad civil y de la familia. En el modelo nórdico de bienestar, que son países ricos, existe el derecho universal a una pensión del Estado y servicios sociales, pero de todos modos se necesita el apoyo de la familia o cercanos al adulto mayor”, dice Carmen Luz Belloni.

La experta del Centro de Estudios de Vejez y Envejecimiento UC explica que Chile se mueve entre el modelo mediterráneo, que garantiza un mínimo de seguridad social y se basa en la familia, y el liberal, que apoya a quienes se compruebe que no tienen medios económicos.
“No existe una definición consensuada del cuidado, pero podría caracterizarse como apoyo a una persona en situación de dependencia para actividades de la vida diaria. Esto va desde tareas económicas como asistencia para pagar cuentas o regular cómo se van a gastar los recursos existentes, tareas de higiene personal, aseo, tareas domesticas, de salud, emocionales como apoyo y contención… Son muchísimas las aristas y los niveles de dependencia pueden ser distintos en cada una”, dice Carmen Luz.

Otra complejidad es que el cuidado va más allá de la persona del adulto mayor y tiene implicancias en el cuidador y en el contexto familiar. Muchas veces conlleva un empobrecimiento ya que es una situación que suele llegar de sorpresa y la alta demanda que genera hace que la persona a cargo tenga que dejar de trabajar. El perfil actual del cuidador en Chile son mujeres de 50 a 59 años y significa, en promedio, 12 horas diarias.

Por eso, Carmen Luz Belloni enfatiza la importancia de una sociedad informada acerca de la vejez y de cómo abordarla, saber qué aspectos son propios de una vejez sana y cuáles están alertando una demencia. Esto es necesario para disminuir el estrés y la angustia en las familias, que muchas veces hacen todo lo posible porque el adulto mayor esté bien, pero en realidad no están haciendo lo que esa persona necesita. “Es común sobreproteger a la persona, lo cual es cariñoso pero la va anulando y no es un trato de acuerdo a su dignidad, que se mantiene hasta el final de sus días. También es común que la familia intente resolverlo todo y no pida ayuda, pensando que son malos hijos si no son capaces de cuidar solos a su madre, por ejemplo”, describe la experta.

Necesitar ayuda no se contrapone con el amor que se tiene a ese ser querido. Y, por el contrario, sin dudas lleva a que él y todos estén mejor, pues cuando el cuidado se da en la angustia y el cansancio, se corre el riesgo de no tratar a la persona como corresponde. Formarse en el tema permite también ir más allá de los propios prejuicios sobre la vejez, lo cual es fundamental ya que según sea ese prejuicio, será el cuidado. “Cuando existe la visión de envejecimiento como sinónimo de deterioro puede no respetarse el derecho de la persona de ser autónomo en todo lo posible y de participar en las decisiones que respectan a él”, señala Carmen Luz. Esto es importante cuando se llega a la decisión de que la persona viva en una residencia, que actualmente se da porque el contexto práctico no permite otra cosa. Es necesario tomar en cuenta la perspectiva del adulto mayor y no sólo intentar mostrarle los beneficios de estar ahí.

“Esto, en concreto, es duro para los adultos mayores de hoy, que es la primera generación viviendo un cambio cultural importante. Seguramente ellos crecieron con sus abuelos en sus casas, en una convivencia intergeneracional. Pero de todos modos es importante que no se vean a sí mismos como víctimas y que entiendan que siempre es necesario adaptarse a las condiciones de la vida, estar abiertos a los cambios y confiar en los hijos. Obviamente será determinante en esto la relación que haya habido desde antes”, dice Carmen Luz.
Como acciones concretas a seguir tanto a nivel estatal como privado, la experta nombra la creación de centros diurnos que acojan al adulto mayor por algunas horas del día, lo cual disminuye la carga de los cuidadores y, al mismo tiempo, permite al adulto mayor vivir en la casa de un familiar. En estos centros la persona podría recibir la atención que necesita, por ejemplo, kinesiología o talleres de memoria, y también se apoya a la familia, como ocurre en el Centro Kintun (VER RECUADRO). Otra arista urgente para Carmen Luz Belloni es crear apoyo social para la clase media.

centro-kintunCentro Kintun de Peñalolén: Modelo a seguir

Kintun es un centro diurno que acoge a personas mayores de 60 años con demencia de la comuna de Peñalolén. Una parte de su trabajo es recibir diariamente a los adultos mayores para su participación de talleres de habilidades o recreacionales a cargo de personas capacitadas en el trato de personas con demencia y, en su gran mayoría, profesionales de áreas como kinesiología y terapia ocupacional. Ofrece una jornada matutina y una vespertina, y ambas incluyen también la responsabilidad de ir a buscar y a dejar a los participantes.

La directora del Centro Kintun, la médico geriatra Marilú Budinich, dice que estas horas en que la persona está fuera sin dudas da un respiro importante a la familia o los cuidadores, pero que no es el principal foco del centro ni su principal aporte. “Nuestra principal labor es enseñarles a las familias en qué consiste la demencia, prepararlos para lo que puede pasar, resolver sus dudas. Para eso, hacemos talleres para los cuidadores y también visitas domiciliarias donde se analiza el ambiente en que vive la persona y se detectan posibles riesgos o situaciones cotidianas complejas. Esto se conversa con quienes conviven con el adulto mayor para ver cómo hacerles la vida más fácil a todos”, describe la geriatra. Todo esto permite a los cuidadores hacer su labor sin estrés y con menos angustia, lo cual es un paso enorme.

Por otro lado, el Centro Kintun también se preocupa de mostrarles a las familias los distintos recursos sociales, tanto municipales como del servicio de salud, que podrían ser un apoyo para el enfermo y para todo el grupo familiar. “No buscamos ser un centro cerrado donde sólo aquí el adulto mayor con demencia encuentre un lugar para participar. Él puede seguir yendo al consultorio, tal vez puede asistir a cursos del Programa Adulto Mayor de la municipalidad. Caso a caso vamos viendo junto a las familias con qué recursos cuentan”, dice Marilú Budinich.
El centro nació en 2013 como un programa piloto a partir de un convenio entre el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) y la Municipalidad de Peñalolén. Por su buen desempeño fue tomado como el modelo para los 15 centros diurnos contemplados en el programa del actual gobierno.

Visualizar la crianza como una tarea compartida en comunidad y grupos más pequeños en salas cuna y jardines infantiles.
Rodrigo Cárcamo, psicólogo, académico de la Universidad de Magallanes.

Rodrigo Cárcamo ha participado en distintas investigaciones relacionadas con temas de apego y de cuidados infantiles. Para él, más que estar ante una “crisis del cuidado”, estamos en un retorno a la idea humana del cuidado en comunidad más que individualizado en un cuidador único. “En muchas sociedades no occidentales el cuidado de los hijos y de las personas que requieren ser cuidadas en general, no se limita a una figura única, sino más bien, a una tarea compartida por distintos miembros de la comunidad donde vive. En este sentido, podríamos decir que en la historia de nuestro desarrollo como sociedad, fuimos dejando el cuidado de los niños en manos exclusivas de la madre preferentemente, lo cual también fue restringiendo el desarrollo profesional y de participación de la mujer en varias áreas de la sociedad”, explica el psicólogo.

La tendencia actual, es generar alternativas que permitan el desarrollo y participación de la mujer en todas las actividades de la sociedad. Por esto, dice el experto, es probable que no sólo el Estado o las instituciones dedicadas al cuidado de quienes lo requieren, sino también las familias desde su núcleo, perciban la necesidad de compartir las responsabilidades en la crianza de los hijos. Escuelas, jardines infantiles, familiares y, por supuesto, tanto el padre como la madre, podrían visualizar la crianza como una tarea compartida en comunidad, que sin duda, principalmente estará a cargo de los padres, pero también conscientes del rol que juegan otros familiares o educadoras que están una parte importante del día con los niños durante su desarrollo.

Con respecto a la salas cuna y jardines infantiles, Rodrigo Cárcamo dice se requiere de un cambio cultural que parte por aumentar la confianza en las personas. En su opinión, los medios de comunicación han cooperado en amplificar situaciones de malos tratos o negligencia en jardines infantiles, por lo que los padres podrían sentir temor de enviar a sus hijos cuando son muy pequeños y no pueden contar lo que les sucede en los jardines infantiles.
Esa desconfianza es una de las causas de la menor demanda de la esperada frente a las salas cuna estatales, junto con el defecto de poca flexibilidad horaria que éstas tienen. “En general, el sistema de atención en jardines infantiles y salas cuna es de tiempo completo, lo cual considero que desde la perspectiva del niño, es excesivo y lejos de lo ideal. Esto también se vincula a la poca flexibilidad horaria de las ofertas laborales, por lo que es un círculo vicioso difícil de romper. Me parece que habría que avanzar hacia opciones de trabajos con mayor flexibilidad horaria y salas cuna y jardines que permitan a los asistir los días y horas que sea necesario. Esto permitiría que los niños tengan momentos significativos con sus padres no sólo en la tarde-noche y fines de semana como ocurre hoy día”, dice el académico.

En cuanto a los puntos a mejorar de las salas cuna y jardines infantiles en Chile el psicólogo explica que el primer gran desafío es la disminución en número de los grupos de niños por salas. Esto, sin dudas tendría enormes efectos en la calidad y, por lo tanto, en el desarrollo de los niños en todas sus áreas. “Veinte niños y niñas, o más, juntos en una sala, es un número que afecta fuertemente la calidad de los procesos de interacción, calidad de la exploración, atención por parte de las educadoras, etc. Esto, aún cuando tengan una presencia importante de adultos, que normalmente es tres, y una infraestructura que aparentemente les permite estar cómodos. Desde mi punto de vista, todas las inversiones en infraestructura, que cada vez noto que son de muy buena calidad, no pueden ser bien aprovechadas cuando los grupos por sala son muy numerosos. Para niños menores de cuatro años, tengo la impresión de que estos grupos reducidos a la mitad por sala y de diferentes edades, podrían tener un alto impacto en la calidad de todos los procesos que ahí se generan”.

Cambios sociales que impactan el cuidado

Durante las últimas décadas la realidad acerca del cuidado en Chile se ha complejizado debido a una reducción en la oferta y a un aumento de la demanda de cuidado debido a varios factores:

a) El descenso de la fecundidad y, por lo tanto, la existencia de menos cuidadores a futuro. En 1950 el promedio de hijos por mujer alcanzaba a 4.6 y hacia 2003 llegaba a sólo 1.9.

b) La incorporación de las mujeres al mercado laboral que origina el aumento de familias donde ambos padres trabajan, y por tanto menor cantidad de mujeres dedicadas exclusivamente al cuidado y al trabajo doméstico.

c) El crecimiento de los hogares monoparentales a cargo de mujeres que trabajan, quienes deben combinar precariamente el cuidado de su familia y su trabajo fuera del hogar, así como de los hogares unipersonales de adultos mayores.

d) El aumento de la esperanza de vida de la población, que es mayor en la población femenina, así la esperanza de vida de las mujeres en 1990/95 alcanzaba a 77,4 años y en 2010/15 se estima que alcanzará 82,2 años.

e) La mantención de una distribución sexual del trabajo rígida en los hogares, es decir, pese a la incorporación masiva de las mujeres en el mercado laboral que en las etapas de mayor carga reproductiva (25-34 años con hijos menores de 6 años) alcanza a altos niveles de participación económica, no se observa un aumento de la participación equivalente de los varones en el trabajo doméstico y de cuidado.

f) El aumento de la demanda de los sectores medios incorporados al mercado laboral y que tienen las condiciones económicas para contratar trabajadoras de hogar remuneradas, en sus diversas modalidades flexibles, uno a cinco días a la semana de una a ocho horas diarias.

FUENTE: La crisis del cuidado en Chile, Irma Arriagada.

 

nino-grupoLa tendencia del cuidado infantil en casas
Durante su estadía de cinco años en Holanda por un doctorado el psicólogo Rodrigo Cárcamo conoció un sistema muy utilizado allá que es el Home Based Childcare. Consiste en familias que se registran formalmente como un lugar de cuidado alternativo similar a una sala cuna y que cuentan con cupos de alrededor de cinco niños pequeños que pueden ser de diferentes edades, y ofrecen cuidados en horarios absolutamente flexibles y en los días que se requiera. “Este sistema podría ser replicado en Chile, pero requieren de mucha supervisión directa de parte de un organismo estatal ya que, a diferencia de un jardín infantil o sala cuna, toda la responsabilidad y lo que ocurre en esas horas, depende de solo una persona”, dice el psicólogo.

 

 

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