Escrito por Felipe Hidalgo Bustos / Nº 245 /  27 March 2017
Educar en los tiempos de la posverdad

¿Cómo educar a nuestros hijos en el concepto de la verdad en estos tiempos? ¿Cómo enseñarles a asumir responsabilidades frente a hechos objetivos y en base a principios sólidos? Los padres hoy enfrentamos desafíos que jamás imaginaron nuestros abuelos y nuestros propios padres, que vivían en una especie de tiempo de las cavernas, cuando dos + dos daba cuatro.

Cuando era chico los papás de un compañero de curso se separaron y yo sin entender mucho le pregunté al mío por qué había pasado eso y él con gran franqueza me contó que el papá de mi compañero había encontrado una polola estando casado. A mi me quedó bastante claro lo ocurrido y al resto del curso también ya que al poco tiempo se hizo vox populi esta nueva relación.

Hoy, cuando las separaciones son mucho más frecuentes y uno se va enterando de quiebres de amigos o ex compañeros, vecinos, etc…, llegan comentarios de todo tipo que huelen a mentiras o en términos más académicos a “posverdad”. El Diccionario de Oxford ha designado como palabra del 2016 el término post-truth, que en castellano quiere decir posverdad ya que justamente el año pasado el concepto irrumpió con fuerza de la mano de las redes sociales. Se trata de crear “una verdad”, una realidad paralela que acaba imponiéndose a los hechos reales.

Esta verdad alternativa surge a la hora de modelar la opinión de varios o de una comunidad entera, con emociones o creencias personales que no necesariamente se ajustan a la realidad de los hechos objetivos. Así, todo se convierte en opinable y si no hay verdad sino opinión, cada opinión es una verdad: la mía, la tuya, la de él…, pero como decía Séneca, “las opiniones hay que pesarlas”.

El verano recién pasado Chilevisión lanzó el programa Quién dice la verdad y dio en el clavo en uno de los fenómenos sociales más peligrosos que nos ha tocado vivir a lo largo de la historia: la pérdida del sentido de la verdad. El simpático programa le da tribuna a tres personas pero solo uno de ellos dice la verdad y son los miembros del jurado los encargados de desenmascararlo a través de preguntas y respuestas. Durante el programa se produce bastante tensión ya que, al igual que en los tiempos modernos todo vale y cada respuesta no tiene mayor límite que el de la imaginación de los dos actores que están mintiendo. Pero el programa tiene un gran pilar y es que al menos existe una verdad entre tres alternativas y es justamente esto lo que lo diferencia de lo que le está ocurriendo a nuestra sociedad hoy, donde el relativismo parece triunfar en todos los frentes.

Por eso las relaciones humanas están pasando por momentos complejos y nadie es culpable de nada y todos y nadie tienen la razón, hasta que las cosas revientan pero nadie es responsable. ¿Cómo educar a nuestros hijos en el concepto de la verdad en estos tiempos? ¿Cómo enseñarles a asumir responsabilidades frente a hechos objetivos y en base a principios sólidos? Los padres hoy enfrentamos desafíos que jamás imaginaron nuestros abuelos y nuestros propios padres, que vivían en una especie de tiempo de las cavernas, cuando dos + dos daba cuatro.

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