Escrito por Ximena Greene / Nº 245 /  27 March 2017
El sentido de los hábitos

Seguir una rutina ayuda a que los niños se sientan seguros y tranquilos en su ambiente. Establecer horarios para el sueño y la alimentación aporta un mecanismo muy importante de constancia y regularidad, algo fundamental tanto para la vida familiar como escolar.

Al nacer, los niños no conocen el orden de las cosas ni entienden el concepto de tiempo. Somos los adultos quienes debemos enseñarles a organizar su vida mediante horarios estables, asociados a rutinas o actividades que se hacen todos los días de la misma manera.

La rutina diaria se va creando poco a poco a través de actos repetitivos que establecen horarios, normas y límites, con los cuales los niños se empiezan a identificar. La constancia y la predictibilidad de estos hábitos les va dando seguridad.

Durante la primera infancia esta práctica es muy simple, ya que los horarios se relacionan con la cantidad de veces que una guagua debe comer y dormir durante el día. Sin embargo, a medida que los niños van creciendo esta costumbre se empieza a poner un poco más compleja y aumentan las variables. A los horarios de comer y dormir se deben empezar a incluir las horas de televisión, las idas a la plaza y las tareas, entre otras actividades.

Pero somos nosotros, los padres, quienes empezamos a flexibilizar los horarios para tratar de compatibilizarlos con los nuestros. Y así, sin darnos cuenta empezamos a desarmar las pequeñas rutinas adquiridas. Esto va generando que de a poco los niños vayan atrasando su hora de acostarse, pero no así la de levantarse, lo que afecta directamente a la cantidad de horas de sueño necesarias para esta edad.

Lorena-Pizarro-245Según Lorena Pizarro, neuróloga infantil de la Clínica Las Condes, entre los cuatro y cinco años todavía no se puede considerar que los hábitos de sueño son algo consolidado como para poder relajar totalmente la rutina. “Mientras más se flexibilicen las horas para ir a dormir, más le estás diciendo en forma práctica al niño que el hábito que ha adquirido previamente no tiene sentido”, señala.

Roberta Maso-Fleischman, Ph.D en Educación de la Universidad de Stanford, señala que a partir de los cuatro años aquellos niños que no conocen horarios y que, por ende, no tienen hábitos, son más difíciles de manejar. Esto se debe principalmente a que carecen de límites que podrían haber adquirido mediante la repetición y constancia de ciertas actividades.

Para poder revertir esta situación, los papás tenemos que invertir mucha energía en lograr que los niños obedezcan y cumplan con sus responsabilidades. Sin embargo, Bettina Von Dessauer, pediatra de la Clínica Alemana, cree que no existe un niño al que no se le puedan enseñar hábitos. “Si los padres cambian su actitud, los niños rápidamente entienden que durmiendo más se sienten mejor”, señala.

Recomendaciones a los papás
Invertir algo de tiempo para establecer, de a poco, una rutina diaria de sueño puede facilitar enormemente la vida familiar. Para ello, la pediatra de la Clínica Alemana, Bettina Von Dessauer recomienda lo siguiente:

• Los hábitos de sueño no se deben transgredir nunca. Es muy importante que los niños tengan horarios fijos para comer y dormir, especialmente los días de semana.
• Ten paciencia. Cuando no le enseñamos a dormir a nuestros hijos desde chicos, todo el sueño familiar se altera, los padres pierden la paciencia y esos niños son más castigados. Sin embargo, en la medida que guíes a tu hijo y le des un marco de contención, el niño comienza a adquirir un ritmo cada vez más constante.
• Jamás uses el dormitorio como un lugar de castigo. La pieza tiene que ser lo más deseable cuando están cansados. Ir a acostarse se debe asociar a una ceremonia en donde el papá o la mamá se sientan al lado y les leen un cuento, cantan una canción o les hacen cariño para inducir el sueño.
• Nunca acuesten a los niños peleados o castigados. Si se portaron mal en el día o incluso si están castigados, es importante acostarlos siempre con la sensación de que el problema fue resuelto antes. Eso induce armonía y sensación de placer en la cama.

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