Escrito por Javiera Cisternas /  27 March 2017
Pro y contras del colecho

A fines del año pasado, la Asociación de Pediatría de Estados Unidos publicó un estudio que resaltaba la importancia de dormir con los niños en el mismo dormitorio desde el momento que nacen hasta, aproximadamente, el primer año de vida.
Y aunque los especialistas señalan que el colecho es una experiencia muy integradora y positiva tanto para el niño como para los padres, también advierten que llegada la hora de sacarlos del dormitorio hay que armarse de paciencia y de perseverancia.

La llegada de los hijos es un momento de felicidad, ajustes en la vida de pareja y cambios en los ambientes dentro de la casa. El dormir se transforma en una rutina nueva, en la cual los papás a veces nos sentimos “buenos o malos” dependiendo si dejamos que la guagua ocupe parte de nuestro dormitorio o incluso la cama.

Hoy, muchos padres optan por practicar el colecho. Para Denise Astete, psicóloga experta en apego del Centro Anidar, esto se define simplemente como “compartir el lecho”, es decir, dormir en la misma cama que la guagua. Pero existe un matiz: esta práctica se considera aún cuando la guagua duerma en una cuna al lado de la cama de los padres, pues comparten el mismo espacio y están muy cerca durante el sueño.

Para el doctor Jorge Álvarez, neonatólogo de Clínica Alemana, se reconocen dos tipos de colecho y aclara la importancia de distinguir entre ambas formas. “Existe el colecho, como propiamente tal, durmiendo todos en la misma cama, y el ‘adosado’, en el cual el niño duerme en una cuna que se pega a un costado de la cama de los papás”, señala. También hay una tercera forma en donde se integra una cunita sobre la cama, generalmente al medio de los padres. “Estas tres variantes, logran mantener al hijo muy cerca de sus papás y a la vez resguardan un espacio propio, protegido y donde el niño puede dormir más seguro”, aclara el especialista.

Beneficios del colecho

Un reciente estudio de la Asociación de Pediatría de Estados Unidos demostró que cuando los recién nacidos duermen con sus padres, específicamente al lado de la mamá, alcanzan un sueño más calmo y profundo, la lactancia es más fluida y se despiertan menos veces durante la noche. Estos últimos aspectos tendrían un impacto positivo a largo plazo en el desarrollo emocional de los niños, ya que el dormir cerca de los padres refuerza el vínculo afectivo y facilita una interacción familiar más profunda.

Los seres humanos somos animales gregarios y tenemos la necesidad de estar vinculados con otros. Y en el caso de los niños, según Denise Astete, esta necesidad es aún mayor ya que buscan el contacto con su cuidador para sobrevivir y regular todos sus procesos fisiológicos y psíquicos. “Cuando los seres humanos dormimos, entramos en un estado de mayor vulnerabilidad, por lo tanto, necesitamos sentirnos protegidos y seguros, lo que para los bebés y niños implica sentirse acompañados de una figura protectora”, enfatiza.

Por otra parte, diversos estudios han mostrado que las guaguas que duermen en contacto con la madre regulan mejor la temperatura corporal y el ritmo respiratorio, lo que explicaría por qué el colecho ayuda a prevenir la amneas del sueño y la muerte súbita. Este fenómeno se conoce como sincronía termal y explica cómo el contacto directo con la piel contribuye a elevar y regular la temperatura corporal en los niños.

El doctor Jorge Álvarez explica que durante los primeros días el recién nacido necesita un ambiente térmico controlado. “Los cambios bruscos de temperatura pueden generar un enfriamiento o sobrecalentamiento, mantenerlo cerca de su madre permite que sea más fácil de regular”, explica.
Por último, el colecho también contribuiría a una lactancia más fluida. Un estudio publicado en la revista Pediatrics encontró que los niños que están al lado de sus madres son alimentados hasta tres veces más que los que duermen separados. “Un lactante que está cerca de su mamá puede ser alimentado cada vez que lo necesite, lo que favorece un sueño más profundo y reparador, disminuyendo la frecuencia y el tiempo de llanto. Compartir la habitación es importante y ayuda a establecer un buen vínculo afectivo”, señala el especialista.

Desventajas

A pesar de que se trata de un fenómeno frecuente, no todos los expertos están de acuerdo con esta práctica. Existen diversas razones por las cuales algunos especialistas encuentran prudente desaconsejar la práctica de compartir la cama con el recién nacido o niños menores de un año, en cambio sí recomiendan practicar el colecho adosado.

En algunos casos, dicen, que los niños que duermen en la misma cama que los padres se ha relacionado con conductas de riesgo, como problemas de asfixia y traumatismos por aplastamiento cuando los adultos se muevan bruscamente mientras duermen. Otra de las grandes desventajas es que la pareja pierde su intimidad, algo muy importante para seguir alimentando la relación. Por último, hay quienes señalan que practicar el colecho después de los seis meses puede afectar la independencia de los niños.

De acuerdo a la guía Compartiendo la cama con tu bebé, de Unicef, el lugar más seguro para una guagua a la hora de dormir es una cuna adosada a la cama. “Esta práctica puede tener muchas ventajas, especialmente en lactantes que se están alimentando al pecho exclusivo. Es importante, eso sí, verificar que el espacio sea seguro y que no haya posibilidad de que gire y ruede hacia la cama de los padres”, explica Álvarez.

¿Cuándo termina el colecho?

Existen diferentes razones del por qué los padres deciden dejar a su hijo en su dormitorio. Todas las familias son diferentes e influyen mucho las características de los padres, del niño y del tamaño de la familia.

Frente a esto, Denise Astete recomienda que los niños duerman con los padres al menos hasta los seis meses, ya que a esa edad algunos ya regulan bien sus ciclos de sueño-vigilia, han ordenado sus tiempos de lactancia y logran dormir de corrido varias horas durante la noche.

Sin embargo, hay otros niños que no han adoptado esos hábitos de sueño, algo que también es normal a esa edad.  En ese caso, es mejor dejarlos más tiempo junto a los padres. “Finalmente, lo importante es vivir la maternidad y paternidad de manera que todos estén tranquilos”, concluye.

guaguacolecho-245Tips para sacar a los pequeños de la habitación
El cambio debe ser gradual y de acuerdo a la tolerancia del niño y la de ustedes, los padres.
  El primer paso puede ser la separación de la cuna del lado de la cama, manteniéndola dentro de la misma habitación, pero más alejada.
  Establezcan y respeten las rutinas que ayuden a crear una asociación entre un determinado patrón de conductas y el momento de ir a dormir.
  Mientras, pueden adecuar el lugar donde la guagua va a dormir definitivamente, para que en algo se parezca a la habitación de los papás. Una vez adquirida una rutina, se recomienda probar primero con las siestas.
  Una vez tomada la decisión de sacarlo de la pieza, el paso tiene que ser firme y deben armarse de paciencia.
  Es probable que haya un tiempo de ajuste, durante el cual el niño llore un poco más, pero la perseverancia y el respeto por las rutinas van a lograr establecer un hábito de sueño independiente en corto plazo.

 

familia-colecho-245Testimonial: Familia Ananía Correa

María José y Nicolás llevan 10 años de matrimonio y tienen cuatro hijos: Dominga (8), Jacinta (5), Mateo (3) y José (1). Para ellos el tema del colecho es una práctica que fueron adquirieron sin planificarlo a medida que la familia fue creciendo.

“Con la Dominga fuimos muy mateos. En ese tiempo no existían las cunas de colecho así que dormía en un moisés al lado de mi cama”, cuenta María José. A los seis meses la sacaron de la pieza sin ningún problema. Sin embargo, con su segunda hija el tema fue un poco distinto. Trataron de cambiarla a su nueva pieza, siguiendo los mismos pasos que la vez anterior, pero no tuvieron éxito. Con mucha paciencia, la hacían dormir en brazos y la llevaban a su cuna, pero durante la noche se despertaba muchas veces. “A la segunda o tercera vez la metíamos en nuestra cama, y así todos dormíamos mejor”, recuerdan.

Cuando nació su tercer hijo, Mateo, la Jacinta todavía dormía con ellos. La nueva guagua se despertaba cada tres horas a tomar papa, y para no molestar al resto María José lo sacaba rápidamente del moisés y lo metía a su cama. “Acudí al colecho sin querer porque necesitaba atender rápido a sus necesidades. No lo planeé, simplemente hice lo instintivo”, cuenta.

Mientras esperaban a su cuarto hijo, poco a poco la Jacinta fue regulando mejor su sueño hasta lograr dormir toda la noche en su cama. Si bien no saben qué fue lo que hicieron para que esto ocurriera, se dieron cuenta que cada niño tiene sus tiempos y no había razón para presionarlos a que aprendieran a dormir solos.

Hoy, Mateo sigue durmiendo en la cama de sus papás, mientras que José lo hace en una cuna de colecho adosada al lado de María José. “No sé cuánto tiempo más me quede durmiendo con mis niños dentro de la cama, pero sé que esto es una etapa y por mientras la estoy disfrutando”.

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