Escrito por Ximena Greene / Nº 245 /  27 March 2017
Vivir con los horarios cambiados

Cuando los niños alcanzan la pubertad se empiezan a cansar cada vez más tarde en la noche y, poco a poco, van atrasando sus horarios para ir a dormir, y no así los de levantarse. Irritabilidad, cansancio extremo, impulsividad y problemas en la convivencia familiar son algunos de los efectos que pueden presentar los adolescentes que no duermen lo suficiente.

Aunque puede parecer que los jóvenes necesiten menos horas de sueño que los niños más pequeños, estudios recientes señalan que entre los 14 y 18 años se debe tener al menos nueve horas de descanso durante la noche. Desafortunadamente, la mayoría de ellos no duerme esta cantidad.

Una de las razones que podrían explicar este fenómeno tiene que ver con lo que se conoce como “Síndrome de fase retrasada de sueño”, que consiste en la dificultad de conciliar el sueño durante la noche por lo que tienden a ir a acostarse más tarde de lo normal. La lógica indicaría que se levantaran igualmente tarde, sin embargo esto no es posible debido a que están limitados por el horario de inicio de sus actividades escolares o universitarias.

Este círculo vicioso va generando una privación de sueño que afecta directamente su reloj biológico, el que no sólo está relacionado con el ciclo de sueño y vigilia del cerebro, sino también con los pulmones, el corazón, los músculos, el hígado y el intestino, entre otros órganos. “El adolescente debe dormir entre nueve y diez horas al día para poder enfrentar la gran cantidad de cambios psíquicos y físicos por los que está pasando en esta etapa de su vida”, señala Claudia Amarales, neuróloga infanto-juvenil del Hospital Carlos Van Buren.

UN PROBLEMA SOCIAL

Otro de los fenómenos que ocurre con los adolescentes, en todo el mundo, es que tienen una adicción a estar constantemente conectados. Esto genera que estén expuestos a luces durante períodos muy prolongados. Y no solamente a la luz solar, sino que están hasta muy tarde conectados con pantallas que son el equivalente a la luz del sol. Por lo tanto, el mensaje que llega al cerebro es que todavía es de día, lo que produce una desregulación del ciclo circadiano y con él una serie de consecuencias que afectan tanto procesos físicos como sociales.

A esto debemos sumarle una característica central de la adolescencia, que es el desarrollo de actividades sociales. Aprovechan los fines de semana para juntarse con amigos y llenan sus agendas de eventos y cumpleaños, los que generalmente terminan muy tarde. Al día siguiente tratan de recuperar el sueño perdido, sin darse cuenta de que esta dinámica no sólo afecta su cuerpo, sino también la convivencia familiar.

El problema comienza cuando la familia hace o deja de hacer cosas especiales en función de la falta de sueño de los jóvenes. Sin embargo, Daniela Vieira, psicóloga clínica de la Universidad de los Andes, Coach Estratégico y relatora de los Cursos de Orientación Familiar de la Fundación Hacer Familia, explica que hay que entender que a los adolescentes, por la etapa en el desarrollo en la que se encuentran, lo que más les importa son sus pares y disminuye así su interés por las actividades familiares. “Muchos padres no están dispuestos a hacer ese duelo y no entienden que, a veces, les aburra tanto panorama familiar”, explica.

CONDUCTAS DE RIESGO

Claudia Amarales explica que otro de los efectos que puede generar la falta de sueño en los jóvenes es la impulsividad y la agresividad. Un estudio reciente comprobó que no descansar lo suficiente aumenta las posibilidades de accidentes. Sleep in America: A Public Health Priority, del Hospital de niños de Boston, en Estados Unidos, demostró que las conductas de riesgo aumentaban significativamente en los jóvenes que dormían menos de siete horas.

Lo que se vio es que usaban menos casco cuando andaban en bicicleta, usaban menos cinturón de seguridad, aumentaba el envío de chats mientras manejaban y se subían a autos manejados por personas bajo la influencia del alcohol, o manejaban ellos bajo el efecto del alcohol con más frecuencia. “Todas estas conductas de riesgo llevarían a que los jóvenes que duermen menos podrían tener una mortalidad más alta”, explica la especialista.
Para tratar de evitar este tipo de situaciones, Daniela Vieira señala que la clave en la crianza es anticiparse y darles a los niños y a los adolescentes un mapa conductual de las consecuencias a las que se enfrentan cuando no descansan lo suficiente.

Cuando el sueño es el culpable
De acuerdo a Claudia Amarales, neuróloga infanto-juvenil del Hospital Carlos Van Buren, lo normal es que un adolescente duerma entre ocho a nueve horas al día. De no ser así, están en riesgo de padecer una serie de problemas físicos, sociales y cognitivos. Algunos de ellos son:
Irritabilidad y mal humor.
Depresión y baja autoestima.
Somnolencia y problemas de concentración.
Problemas en la fijación de la memoria.
Impulsividad y actitudes de riesgo.
Tendencia a comer en exceso y subir de peso.
Problemas en la convivencia familiar.

horarios-cambiados-245Consejos para los padres
Daniela Vieira, psicóloga clínica de la Universidad de los Andes, Coach Estratégico y relatora de los Cursos de Orientación Familiar de la Fundación Hacer Familia, recomienda una serie de medidas para ayudar en la convivencia familiar:

Los papás tenemos que estar convencidos de que el sueño es súper importante para el desarrollo de nuestros niños.

A diferencia de los niños más chicos, los adolescentes están sobrecargados. Generalmente salen tarde del colegio, van al preuniversitario o tienen algún tipo de deporte extra programático. Por lo tanto, ofrézcanles ayuda enseñándoles a programar y limitar algunas de sus actividades.

Limiten o controlen el tema tecnológico según la postura de cada familia. Una alternativa podría ser que ningún dispositivo electrónico esté permitido en la pieza después de cierta hora.

El sermón a esta edad ya no es suficiente. Por lo tanto, lo ideal es hacerlos parte de la conversación mediante buenas preguntas que los hagan pensar en los efectos o consecuencias que les genera dormir mal:
– ¿Te has dado cómo influye cuando duermes poco?
– ¿Cómo crees que le afecta a tus hermanos el hecho que tu estés durmiendo de esta manera?
– ¿Cómo afecta la dinámica familiar si tu duermes hasta tarde?
– ¿Cómo lo podrías hacer distinto?

Entender que el adolescente no es el que tiene la última palabra; se les considera, pero al final el último encuadre lo hacen los padres.

Encuentra una postura frente a la situación y abórdenla como familia. La inconsistencia parental repercute mucho en los niños y en la relación familiar.

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