Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 247 /  31 mayo 2017
Aprender imitando

Sin que nos demos cuenta, nuestros hijos observan cada cosa que hacemos y cómo nos relacionamos con los demás para luego ponerlo en práctica ellos mismos. Los niños aprenden a base de imitación y en esta dinámica no importa cuántas veces les repitamos las cosas: nuestro ejemplo es el que prevalecerá.

Desde el nacimiento, en la familia se satisfacen las necesidades más básicas como el lenguaje, las actividades motoras, y se aprende lidiar con las emociones y el modo de desenvolverse. Y así, de manera natural, somos los papás quienes asumimos el rol de ejemplo a seguir. En este sentido, es vital que exista una línea coherente entre lo que hacemos y decimos a nuestros hijos.

El psicólogo de adolescentes y adultos Benjamín Suazo indica que lo importante es la consolidación de la confianza. “Podría bastar una sola acción contradictoria para decepcionarla”, explica. Por su parte, Sal Severe, reconocido psicólogo norteamericano, especialista en escolares con trastornos emocionales y conductuales, entiende que el problema podría ser erradicado entrenando a los padres. En este contexto, postula que a los niños los mueven más los recuerdos e imágenes que la capacidad de razonar, que a esta edad aún es incipiente. “El dicho ‘una imagen vale más que mil palabras’ tiene validez universal, más aún para los menores cuya sensibilidad es preponderante en su incipiente mundo interior. Por lo tanto, hay que exigirse mucho en la coherencia” señala.

Y aquí está el desafío, pues la consistencia permite que nuestros hijos aprendan a tomar sus propias decisiones en el futuro. Por eso, es tarea de los padres hacer que estén expuestos a experiencias positivas que fortalezcan sus valores y responsabilidad.

Lo primero: una autoestima sana

Uno de los principales postulados del doctor Severe, en su libro Cómo educar a mis hijos con el ejemplo, es que la disciplina no es necesariamente un castigo en respuesta a un mal comportamiento, sino más bien un proceso de enseñanza donde ambas partes aprenden. “Abarca todo cuanto hacemos para enseñarles a tomar mejores decisiones”, explica el experto y da como ejemplo el mostrarles cómo ser responsables y pensar por ellos mismos.
“Los padres deben centrar su atención y energía en los aspectos positivos de la conducta”, continúa. “Subrayar la cooperación en vez del control, enseñar a pensar por ellos mismos, a auto controlarse y conseguir así que la autoestima aumente. Saben que la autoestima sana es el ingrediente principal para que los niños tengan confianza en sí mismos y posean, además, gran capacidad de adaptación”.

¿Cómo enseñarles a vivir la verdad?

Como papás, todos queremos tener hijos honestos y que se destaquen por su integridad. Lo importante es cultivar la honestidad desde la primera infancia.

Según el psicólogo Benjamín Suazo, las virtudes como la veracidad deben ser incorporadas por el niño progresivamente, partiendo desde aspectos más sensibles, concretos y particulares. “De modo que pueda ir identificando los momentos en que mintió, o que otra persona lo hizo, y asociar ese acto como algo que engaña, pone triste y daña”, destaca. Lo importante, dice, es tratar este tema desde una temprana edad, para que “asimile vitalmente” que mentir es algo malo.

Si lo hace en edades más avanzadas, el niño podrá entender que es algo negativo pero de manera abstracta. “Quien desde chico entiende el valor de la verdad, poseerá una fuerza vital que lo impulsa a seguir lo que su razón le dice. Y esto es verdaderamente la virtud moral: además de una voluntad ordenada, una fuerza sensible que apoya, equilibra y fortalece. De ahí la importancia que se eduquen en todas las virtudes desde muy pequeños, eso facilitará que puedan enfrentar adecuadamente la adolescencia y todas las etapas posteriores”, destaca el profesional.

Aquí exponemos algunas ideas para ayudar a nuestros hijos a decir la verdad.

• Incentivar el respeto a los demás: Si queremos crear conciencia cívica, podemos invitarlos a dar siempre las gracias y respetar a los mayores. Lo mismo sucede con la forma en que nos relacionamos con nuestros pares: cómo les decimos o cómo les apodamos son actitudes que los niños aprenden rápidamente.

• Dar espacio a las emociones: Reconocer diferentes emociones, en ellos y en nosotros, los ayudará a entender mejor cómo se sienten. A la hora de descubrir una mentira, una buena opción es atacar el sentimiento que lo llevó a inventarla, como puede ser el miedo.

• Ponerse en su lugar: No podemos exigir a los niños que no hagan cosas que nos ven haciendo a nosotros, como ver demasiada televisión, usar garabatos o llamarse a gritos de un lado para otro de la casa.

• Pedir perdón: Rectificar nuestros errores puede logar que sean más honestos cuando se equivoquen, en lugar de ocultarlo pensando que nosotros estaremos desilusionados o enojados.

• Darles un espacio: Crear momentos especiales dentro de la rutina, como una salida o una comida, además de reforzar nuestro amor incondicional hacia ellos. Es importante para que se sientan seguros y cultiven una buena autoestima.

• Cumplir las promesas: Para que nuestra palabra tenga valor, es importante que nos comprometamos con cosas que estamos dispuestos a cumplir en el futuro. Si queremos hijos honestos, nosotros debemos serlo con ellos.

• Celebrar la honestidad: Elogiar las actitudes honestas, en lugar de solamente castigar las inapropiadas, fortalece su autoestima e incentiva a decir la verdad. Además, es una buena idea reconocer la cualidad que lo llevó a decir la verdad. Un ejemplo: “Fuiste muy valiente al decirme lo que pasó realmente. Te felicito”.

Disciplina para poner en práctica

Los niños aprenden por imitación. Pero también existen algunos pasos prácticos que, según el reconocido psicólogo norteamericano, Sal Severe, podemos seguir para lograrlo más eficientemente:

1. Subrayar la buena conducta: Ya sea si se portó bien en el supermercado, o ayudó con alguna tarea de la casa, es bueno celebrarlo. “Una reacción positiva es la más poderosa herramienta que tienen los padres para asegurar una buena autoestima y comportamiento futuro de nuestros hijos”, asegura el autor.

2. Hacer énfasis en las cualidades: Ante una buena acción, es bueno hacer referencia al atributo del niño: “Qué bueno que ordenaste los juguetes, eres muy responsable”.

3. Ocupar incentivos tangibles: Para el psicólogo, una buena forma de mejorar el comportamiento son los premios. Pero no cualquiera, sino uno que se traduzca en alguna actividad que demuestre que portarse bien vale la pena. Por ejemplo: visitar a un amigo, ir a un paseo especial como el zoológico o al cine, hacer un baño con extra burbujas o ayudar a los papás, entre otros.

4. Hacer tablas o contratos: La idea es dejar por escrito cuáles son los compromisos que adquiere el niño y los padres. Por ejemplo: recoger los juguetes, lavarse los dientes u ordenar la mesa después de comer, a cambio de 30 minutos de televisión, una salida especial o el juguete que están esperando. Las tareas deben ser específicas, razonables y viables.

5. Ser previsor: Es importante explicarle a los niños qué es lo que se espera de ellos en determinadas situaciones. Por ejemplo: “en esta reunión debes guardar silencio”. También se pueden hacer concesiones: “Puedes pintar en el libro mientras estamos en la reunión”. O poner un límite: “No quiero que corras durante el encuentro”. Y luego dar un premio: “Si te portas bien como te pedí, podrás elegir el postre que quieras”.

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Carolina

(2) Comentarios de lectores

  1. Buenos días , me podrían dar la información de donde ubicar al psicólogo Benjamin Suazo por favor, agradecida Claudia

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