Escrito por Daniela Vieira Papapietro / Nº 247 /  31 May 2017
¿Qué hacer frente a las mentiras de nuestros niños?

A esta edad, los niños ya diferencian la realidad de la fantasía. Por eso, cuando “alteran la versión de la realidad” claramente tiene una intencionalidad y suele ser para conseguir un beneficio o evitar alguna consecuencia negativa.

Los niños, al igual que los adultos, mienten por razones similares: miedos, frustraciones y/o inseguridades. También tienden a mentir cuando provienen de un hogar con un estilo parental autoritario, muy rígido y donde no hay cabida a un error que puede ser castigado severamente.

A su vez, mienten por imitación. No olvidemos que uno de los principales tipos de aprendizajes es el social: “Si yo veo que mis padres mienten, yo también lo haré”. Si es una actitud validada en su casa, van a pensar que puede ser una herramienta que podrá utilizar dentro y fuera de ella.

Como padres, entonces, tenemos que tener cuidado con conductas y mentiras, como, por ejemplo, cuando alguien nos llama a la casa y le decimos a nuestro hijo que diga que no estamos. O cuando tenemos un compromiso y nos excusamos diciendo que estamos enfermos.

También he observado que mienten como una defensa para no contactarse con su realidad. Cuando algunos niños llegan a la consulta y les pregunto por qué están ahí y en qué los puedo ayudar, me responden que están perfectos, que no tienen ningún tipo de problemas o que tienen miles de amigos, cuando en realidad están solos en los recreos y se sienten muy tristes por ello.

Si bien es muy frecuente que los niños mientan, no quiere decir que sea “normal”. Por eso, como adultos tenemos que adoptar una actitud clara y firme frente a las mentiras de nuestros hijos, con el fin de detenerlas a tiempo y así no sigan evolucionando hacia la adolescencia y vida adulta.

¿Qué hacer frente a las mentiras de nuestros niños?

• Prevención: Evitar que los niños mientan es un aspecto fundamental. ¿Y cómo se hace eso? Desde pequeños, hay que ir trabajando y creando un vínculo sano y fuerte entre nosotros y ellos. Uno donde se sientan seguros, capaces de contarnos todo y donde el amor no se verá dañado o alterado al hacerlo. Hay que ir forjando una relación de amor incondicional entre padres e hijos desde el principio. Además, junto con la prevención es muy importante que los padres estén coordinados en reglas, normas y permisos. De esta manera habrá poco espacio a la confusión y ambigüedad, que son caldos de cultivo para que aparezcan las primeras mentiras: “La oportunidad hace al mentiroso”.

• Fomentar el valor de la honestidad: Más que estimular que “en la casa no se mienta”, es mejor inculcar que “en la casa se diga la verdad”. Es decir, tener la honestidad como uno de los valores principales sobre los cuales vamos a hacer familia, y donde la verdad se refuerce y premie. Por ejemplo, cuando nuestro hijo/a comete un error y dice la verdad, se reforzará diciéndole que estamos sumamente orgullosos de él/ella por lo valiente que es, y que a pesar de eso, cometió un error por lo que tendrá que ser castigado. (El castigo acá es entendido como una consecuencia concreta por sus actos). Pero, como dijo la verdad, el castigo puede ser menos severo o de menor duración.

• No avalar las mentiras en el hogar: Cuidado con nuestras mentiras, ya que los niños aprenden observándonos e imitándonos. También es importante adoptar una postura radical, clara y firme, frente a ellas: las mentiras son inaceptables y punto. Por ejemplo: “¿Qué es eso de mentiras blancas? ¿Las mentiras blancas acaso no son mentiras? ¿Son menos mentiras que las otras mentiras?” Ese es un mensaje muy confuso para un niño de esta edad, donde tiene un pensamiento concreto. Nada de mentiras, ni blancas, ni moradas, ni rojas.

• Consecuencias de las mentiras: Una forma de abordar este tema es mostrarles y enseñarles a los niños que las mentiras tienen consecuencias. Para trabajarlo en esta edad es muy útil leerles cuentos o contarles historias, como la clásica “Pedrito y el lobo”, o usar metáforas que permitan entender los efectos de una manera más concreta. Una que resulta clarificadora en esta edad es la de la bola de nieve: una mentira puede partir pequeñita como una bolita de nieve y cada vez se va haciendo más y más grande, hasta que ya es muy difícil detenerla y puede causar una peligrosa avalancha, y personas muy tristes y heridas. Usar una cuota de humor también es una herramienta excelente para reducir la tensión y así hacer que el niño se sienta en un ambiente más relajado y distendido para corregir su relato y decir la verdad.

“Actividad de la verdad”
Se puede implementar esta actividad en casa, que puede favorecer la comunicación familiar, el vínculo y fomenta la honestidad.

Una vez a la semana se puede hacer un “círculo de la verdad” o elegir el nombre que los niños decidan ponerle. Consiste en generar un espacio libre de distracciones -sin celular, televisión, tareas- y que puede amenizar con música o con cosas ricas para comer. La consigna de esta actividad es que cada uno de los miembros de la familia puede revelar una verdad de la semana que, quizás, en su minuto fue difícil contar. O bien dar el espacio para que se pueda aclarar alguna mentira. Todo esto en un ambiente de confianza, seguridad y contención familiar.

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