Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 246 /  05 May 2017
Un asunto de familia

A puertas cerradas, en fiestas, para curar un corazón roto o simplemente porque está de moda, la música es un factor siempre presente en los hogares con preadolescentes. Y es que ésta actúa como vía para enfrentar emociones, lidiar con la soledad y pertenecer a un grupo. Todos factores muy importantes en esta etapa de la crianza, donde nuestros hijos están comenzando a descubrir quiénes son.

Para nadie es un misterio que la música juega un rol clave en la juventud. Todos pasamos horas cerca de la radio escuchando las canciones que más se identificaban con nuestras vivencias, mientras algunos incluso se aventuraron con algún instrumento. Luego crecimos y nuestros gustos se definieron, pero lo cierto es que los beneficios de este pasatiempo son muchos, entre los que están la capacidad de sociabilizar, el desarrollo de nuevas habilidades y disciplina, entre otros. Ahora, es nuestro turno como padres de canalizar esta afición para las generaciones venideras.

Conversamos con dos papás que nos contaron, desde diferentes veredas, cómo se vive la música en sus casas y cuál es la importancia que tiene para sus hijos.

Enseñar, escuchar, aprender

María Angélica es profesora de inglés en un colegio de Santiago y desde chica le gusta escuchar radio, cantar y tocar guitarra. “Siempre ha sido parte de nuestra familia, desde que me casé y ahora con mis dos hijas, Victoria de 12 años y Catalina de cinco. En mis años adolescentes, fue muy importante y una de las cosas que más disfrutaba era participar en un coro juvenil todos los fines de semana”.

“Desde pequeñas, a mis hijas les prendíamos la radio para que estuvieran expuestas a la música. Además, las dos han participado en talleres y cursos donde han aprendido a tocar instrumentos y a cantar. De hecho, en la casa tenemos un órgano, guitarras clásicas para las dos niñitas y la Victoria tiene la suya que es eléctrica -y rosada-, que es su gran orgullo. Ella siempre mostró interés por tocar instrumentos y, de esa manera, nosotros fuimos dándole distintas opciones como talleres de guitarra y piano”. También participó en un coro de música sacra en el colegio. Como un proyecto personal, el año pasado la Victoria grabó un disco en un estudio profesional con sus canciones favoritas.

“Creo que la música un lenguaje que todos deberíamos manejar, pues a través de ella podemos expresar sentimientos y valores. Las letras de las canciones permiten entender y seguir las historias, especialmente en los años preadolescentes, cuando los niños pueden tener empatía con los artistas, sentirse acompañados y entender que las vivencias que tienen todos los jóvenes son parecidas a esa edad”.

“Mi profesión me ha enseñado que cuando los niños quieren aprender a leer, uno parte enseñándoles las letras del abecedario. En el caso de la música ocurre algo similar: yo les he ido mostrando diferentes estilos, para que se vayan dando cuenta de cuáles son los ritmos y sonidos que más les gustan”.
En esta exploración los papás debemos mostrar mucho respeto por los gustos de nuestros hijos. Lo más importante es que desplieguen su curiosidad, creatividad y sana imaginación. “Por ejemplo, si es que la Victoria hubiera escogido un género que a mí no me acomoda, hubiera respetado y apoyado su decisión, porque el hecho que ella disfrute de esto es más importante que mis preferencias personales. El ideal es conectar la música con historias personales, vivencias y sentimientos, porque eso ayuda a que ellos se entusiasmen con ella”.

“Creo que después de las lindas experiencias que han tenido hasta el minuto, la música siempre tendrá un rol muy importante en sus desarrollos como personas”.

CONVERSACIÓN ABIERTA
Desde el comienzo, en la familia de María Angélica se ha puesto especial atención a los contenidos de la música a la que acceden sus hijas. “En la casa hay una sola radio y está en el living. Cuando la Victoria la prende, escuchamos todos y podemos estar atentos a lo que suena. También pasamos por un filtro los discos que compra”. Así, escogieron conversar sobre el tenor de las canciones abiertamente. “Tenemos una buena comunicación y ella me muestra lo que le parece malo y lo analizamos. Tiene la curiosidad propia de la edad, entonces vemos los videos que están de moda, pero siempre debe ser conmigo. Hemos conversado mucho sobre el rol de las mujeres, donde solo las muestran como objetos. En la medida en que uno lo habla, va entendiendo lo que es apropiado y lo que no”, cuenta.

asuntofamilia2-246Pasión de por vida

Santiago es ingeniero comercial y trabaja en una fundación ligada a la educación, pero a pesar de las horas invertidas en su trabajo formal siempre encuentra tiempo para su verdadera pasión: la música. Hace años -desde séptimo básico- que empezó a tocar instrumentos y hoy no se separa de su guitarra, ni se pierde ningún ensayo con su banda, ZET.

“Me es difícil escoger un solo estilo, porque en la medida en que vas escuchando, descubres nuevos géneros y eso hace que uno pueda interesarse en más cosas. Lo que me gusta a mí va desde el Jazz y el Rock, pasando por electrónica, experimental, minimalista, pero por sobre todo instrumental”.

Su interés por la música nació a los 13 años. Empezó a escuchar más y a tocar un instrumento y ese momento fue importante para formar su personalidad y distinguirse de los demás. “Quizás cuando uno es más chico sigues el estilo de los pares, lo que no necesariamente te refleja. Creo que tiene un poco que ver con la búsqueda típica de esa edad: saber dónde situarse”.

“Yo tengo dos hijas, Elena de cuatro años y Amalia de uno, y para mí es importante que ellas sepan, desde esta temprana edad, que existen diferentes estilos y podamos compartir esta pasión, pero sin tener que obligarlas. Además, creo que es una buena vía para pensar y reflexionar y eso es importante, sobre todo en el mundo acelerado en que vivimos: te transmite emociones e ideas que te llenan”.

“Hoy en día, aunque las niñitas son chicas, les ponemos música permanentemente y trato de ver sus reacciones y gustos. A la Elena le gustan algunas cosas de Led Zeppelin o Pink Floyd. Desde que era muy chica le tocaba guitarra, y hoy me gustaría poder hacerlo más seguido. Creo que si desde pequeño te muestran grupos o intérpretes que no aparecen en la radio, desarrollas un gusto distinto, más amplio y diverso, a la vez puedes tener apreciación por otros estilos que normalmente no tienen relación. Con mis hijas, espero que esto se de naturalmente y no pase de manera impositiva”.

“En el futuro, me encantaría que alguna de mis niñitas toque algún instrumento, específicamente el piano. Me gustaría meterlas a clases, pero solo si es algo que les interesa, porque el miedo que me da es a forzarlas y que después no les guste”.

¿QUÉ PIENSAN LOS JÓVENES?

La Fundación norteamericana NAMM (National Association of Music Merchants), dentro de la iniciativa Sonidos del Aprendizaje que estudia los beneficios de la música, tomó a 1.155 adolescentes quienes, a través de un ensayo, expresaron sus pensamientos sobre la importancia de aprender y hacer melodías. Luego de un acabado estudio, el análisis de los textos indica que esto:

Les da un sentimiento de pertenencia.
Les entrega la libertad para ser ellos mismos, ser diferentes o algo que nunca pensaron que podían ser, estar cómodos y relajados.
Los ayuda a controlar sus emociones y a lidiar con situaciones difíciles como la presión de los pares, los estudios, la familia y la vida social, entre otros.
Creen que tocar un instrumento entrega disciplina.
Se asocia con alfabetismo, habilidades motoras y de escucha, coordinación ojo – mano, además de altas capacidades intelectuales.
Joe Lamond, presidente de la Fundación NAMM, asegura que esta publicación delinea lo que la música significa para los adolescentes mientras crecen, les da un propósito y contribuye en su éxito escolar y posteriormente en la vida.

 

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