Escrito por María Ester Roblero / Nº 246 /  25 mayo 2017
Valor del mes: Sinceridad

Uno de los conceptos más desvirtuados actualmente es el de la sinceridad. Usando como excusa el “soy sincero”, en la redes sociales -especialmente en Twitter- cientos de personas se refieren a otros en forma agresiva o insultante. Tanto así que en Chile se acaba de publicar la Radiografía del odio en Twitter 2016, identificando más de 1.600.000 de tweets con insultos durante el año pasado.
Pero además, la frase “es mi punto de vista” hoy se usa para presentar opiniones como si fuesen verdades y para justificar errores como si fuesen alternativas de conducta, sin sentirse responsables de las consecuencias.
Podríamos citar más ejemplos para demostrar lo mismo: hoy cuesta mucho enseñar a los hijos a ser sinceros. Diego Ibáñez Langlois, educador y escritor chileno, señala: “La sinceridad nos una virtud fácil, se practica poco y en forma ambigua”. Por eso es importante deternos a comprender sus claves.

La sinceridad, un valor positivo y nunca destructivo
Definición: La sinceridad es la base de la confianza y la convivencia social, y un requisito para la auténtica amistad. A diferencia de la veracidad, que implica decir la verdad, la sinceridad se refiere a la capacidad de darse a conocer a los demás tal cual uno es. No solo significa decir la verdad. Implica además ser coherente y congruente.

Qué habilidades se deben desarrollar para vivir la sinceridad:

• Autoestima: Para no tener miedo de que nos conozcan tal cual somos. Eso lleva a ser honestos con los demás y con nosotros mismos. La baja autoestima de los niños es un fuerte impedimento para la sinceridad. Un niño que se avergüenza de su casa, por ejemplo, inventará excusas para invitar amigos. O si se siente malo para los deportes, podría hacerse el enfermo para no jugar o ir a clases.

• Prudencia: Para decir lo que se piensa, en el momento oportuno y a las personas adecuadas. Ser sincero no es ser agresivo, ni descalificador. La sinceridad va unida al tacto, la oportunidad y la discreción.

• Valor: Para decir lo que uno piensa en situaciones complejas, y con responsabilidad para asumir las consecuencias.

Como se adquiere el valor de la sinceridad

Cuando los niños son pequeños:
Hay que fomentar un clima de cariño y confianza en la casa, para que desde pequeños se sientan motivados a tener mucha comunicación con sus padres. Que cuenten sus cosas, sintiendo que los escuchan; que digan sus miedos o preocupaciones, sabiendo que así los podemos ayudar.

Cuando comienzan a parecer las pequeñas mentiras, jamás acorralarlos para que “confiesen”, ni amenazarlos con castigos terribles. Escribe Diego Ibáñez: “En algunas casas, las cosas no se pierden: se las “roban”. Casi todo está bajo llave. Se hacen interrogatorios policiales. Se guarda casi un prontuario de lo que cada hijo hizo mal. ¿Qué clima entonces respiran los hijos? Estas atmósferas no son propicias a la sinceridad, más bien facilitan el engaño. Si decir la verdad siempre cuesta, no se lo hagamos todavía más arduo y enredoso. Por lo mismo, los padres deben evitar hacer promesas o amenazas que no cumplen”.

Entre hermanos, enseñarles a no ser acusetes. Esto por dos razones: es importante que cada hijo reconozca por si mismo lo que ha hecho y la sinceridad debe ir siempre de la mano de la caridad, algo que debe vivirse primero en familia.

A medida que crecen:
En los primeros años de colegio podemos empezar a asociar la virtud de la sinceridad con la honestidad: si un niño desde pequeño puede decir con confianza qué le cuesta más, qué olvidó, y qué le asusta…, no necesitará mentir para justificar malas notas, anotaciones o pérdida de sus útiles.

Escuchar sus historias cuando vuelven del colegio, permite entender qué los hace sentirse inseguros, y así reforzar su autoestima. A veces, la inseguridad frente a los demás los lleva a inventar o mentir.

También en los primeros años de colegios aparece lamentablemente el bullying. En esto hay que ser muy claro: la sinceridad no es nunca sinónimo de poner calificativos crueles. Gordo, feo, cuatro ojos y otros motes clásicos, son fruto de no saber que la sinceridad debe ordenarse a aportar y construir bien.

En la preadolescencia
La prudencia debe guiarnos para darles la oportunidad, el tiempo y el espacio a los hijos de rectificar. En vez de acorralarlo, lo adecuado es decirle: “Vamos a convesar tranquilos, piensa y me cuentas la verdad”.

En las conversaciones familiares podemos empezar a mostrarles a los hijos que una cosa son las verdades sobre uno mismo, que nos lleva a ser honestos y sinceros, y otra la verdad de los de demás: ¡no al pelambre!

Ser muy coherentes en el ejemplo. Frases como “no le digas a tu papá” o “que no sepa la mamá”, son anti educativas.

En la adolescencia
Es la etapa para que los hijos aprendan que para ser sinceros también hay que ser oportunos y pertinentes. El educador David Isaac explica que es importante que los hijos aprendan a quién abrir la intimidad, a quién contar cosas de uno o de la familia. Hoy con la redes sociales, es fácil arrepentirse de haber publicado algo, o subir una foto que avergüenza a algún hermano.

En la relaciones con los profesores y compañeros de curso esto es muy importante. Los chismes, las calumnias, los apodos, pueden surgir al contar innecesariamente algo privado de otros a los demás.

Check list del mes para reforzar el valor de la Sinceridad en la escuela:

Crear un ambiente de confianza en sala de clases; “si los alumnos se sienten constantemente reprendidos y nunca reconocidos en lo positivo, va desapareciendo en ellos el deseo de los positivo”, escribe Diego Ibáñez.
Enseñar a reparar, pero protegido. No se puede exponer en publico a un niño a decir verdades vergonzosas.
Enseñar la sinceridad como un valor positivo y unido a la lealtad, sin premiar a los acusetes. En este sentido, los profesores deben cuidar mucho las confianzas. Si se les dice que se premiará la sinceridad, evitar castigar a quienes reconocen sus errores.
Dar a conocer claramente a los padres y alumnos las sanciones en caso de faltas de conducta. En el manual de convivencia del colegio las sanciones también deben ser respetadas en su atingencia y proporcionalidad.
Evitar etiquetar a los alumnos y llevar un “prontuario” de alguno de ellos.

Check list del mes para reforzar el valor de la Sinceridad en la familia:

Si tienes hijos preadolescentes, es la edad en que gozan teniendo un diario de vida, para sincerarse sobre sí mismo al escribir.
Si tienes hijos mayores, regálales algún libro autobiográfico sobre algún personaje que admiren, para conocerlo mejor con sus virtudes
y debilidades.
Propone a tu familia no mentir ni dar excusas, ni siquiera en cosas pequeñas como negarse la teléfono. Es mejor decir “ahora no puede contestar,” que decir “no está”.
Hagan un listado de encargos para cada miembro de la familia y reconocer con sinceridad si los hemos cumplido o no.
Escribe una carta por mail a algún amigo o familiar que vive lejos, contándoles cómo estás y qué has vivido últimamente. Que los demás miembros de tu familia hagan lo mismo con sus amigos. Escribir lleva mucho a la sinceridad.

 

sinceridad2-246Actividad práctica para la familia

Cada tarde, a la hora del té o de la comida, puedes invitar a tu familia a contar a todos qué fue lo mejor y qué fue lo peor del día. Dale tiempo a cada  uno para que cuenten a los demás cómo se sintieron y por qué.

JUEGOS PROPUESTOS
Pintar un autorretrato junto a los demás miembros de la familia
• La idea es reunirse en familia y dedicar una tarde del fin de semana a pintar cada uno su autorretrato.
• Si entregas a cada cual cartones gruesos, telas o hojas de block, del mismo tamaño, podrás enmarcar luego los autorretratos.
• Puedes poner sobre una mesa témperas, acuarela, plumones e incluso óleos o acrílicos. Al finalizar, cada uno puede explicar a los demás por qué se ve a sí mismo de ese modo.

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