Escrito por Jorge Velasco / Nº 247 /  21 June 2017
Códigos de Honor: La integridad ante todo

¿Cómo lograr comunidades académicas que se comporten éticamente? En América, las universidades llevan cerca de 300 años intentando responder a esta pregunta. Una herramienta que ha ayudado a lograrlo es el Código de Honor: un texto a través del cual alumnos, profesores y funcionarios se comprometen a desempeñarse con honestidad. Un caso emblemático en Chile es el de la Pontificia Universidad Católica.

Son tiempos convulsos. Atentados, hurtos, robos y engaños son solo algunos actos que representan una tendencia que se ha masificado en buena parte del mundo, incluido Chile. Es en este contexto que hablar del honor parece algo extemporáneo. Sin embargo, muchos en el ámbito académico lo están haciendo como una forma de hacerle frente a una realidad en la que alumnos, docentes y funcionarios deben compatibilizar la ética con el afán por lograr el éxito profesional inmediato.

Las siguientes son las dos definiciones centrales que entrega la Real Academia Española sobre qué es el honor: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”; “Gloria o buena reputación que sigue de la virtud, al mérito o a las acciones heroicas, la cual trasciende a las familias, personas y acciones mismas de quien se la granjea”.

En años recientes y ante la difusión de mediáticos casos de copias y plagios en diversas universidades, los Códigos de Honor proliferaron en instituciones educacionales de Estados Unidos y del mundo, como ocurrió en Harvard en 2015 y en la Pontificia Universidad Católica de Chile en 2016.
Contar con este tipo de apoyos es una forma de fomentar valores como la rectitud y la honestidad. Como muestra el estudio Cheating in College: Why Students Do It and What Educators Can Do About It, liderado por el experto Donald L. McCabe, en 2005-2006 la mitad de los estudiantes de Escuelas con Códigos de Honor señalaba haber participado en algún tipo de engaño, cifra que -si bien es llamativa- se incrementaba al 68% en Escuelas que no lo tenían.

Cuestión de Honor

De alguna manera, desde hace varios siglos las universidades alrededor del mundo han buscado asirse a las ideas contenidas en un Código de Honor. Este tipo de texto tiene larga data en Estados Unidos, de donde es originario, y no lleva más de unas pocas décadas en casas de estudio británicas y de América Latina.

El primero de ellos fue establecido por el College of William and Mary en Virginia, la segunda institución de educación superior más antigua de Estados Unidos después de Harvard. Se basa en la premisa de que el honor de una persona es su atributo más preciado y la promesa que hace el estudiante es a “no mentir, engañar o robar, ya sea en mi vida académica o personal”.

Actualmente, según el International Center for Academic Integrity (ICAI), organismo que busca fomentar la integridad en las instituciones de educación superior, un Código de Honor debe basarse en los valores de honestidad, confianza, justicia, respeto, responsabilidad y valentía.

Este código es, en su sentido más tradicional, un texto corto no normativo, que interpela, compromete y llama a la reflexión para trabajar en la construcción de una comunidad basada en el respeto, la honestidad y la integridad, con el propósito de formar mejores personas y lograr una sana convivencia en una institución. Pero también, como ocurre en la Universidad Adolfo Ibáñez, corresponde a normas de conducta específicas, con claras sanciones y procedimientos para su aplicación. “Creo que una institución con un Código de Honor fortalece a las personas y a la comunidad y crea la convicción de que todos están unidos por estos valores”, afirma la psicóloga Nudria Pedrals, con una amplia experiencia como directora general estudiantil de la PUC.

Comportamiento Ético

El primer semestre de 2015, un grupo de alumnos de la carrera de Ingeniería de la PUC fue descubierto copiando a través de la aplicación Whatsapp, medio por el cual sus integrantes se intercambiaban las respuestas. El tema causó revuelo incluso fuera de la universidad. Al respecto, el Centro de Alumnos de la Escuela respectiva comentó que “nos parece que la situación ocurrida es muy grave por el solo hecho de ser un acto deliberadamente deshonesto, que atenta contra valores fundamentales de nuestra casa de estudios, como lo son la justicia y la honestidad”.

Un año después, tras un proceso de investigación, fueron sancionados 19 estudiantes con amonestaciones y suspensiones. Pero, más allá de eso, la Universidad Católica tomó medidas institucionales de más largo plazo. En septiembre de ese año lanzó su primer Código de Honor.

“Esto no se gatilla por la copia en Ingeniería ni mucho menos. No maduró por un hecho puntual, sino por un tema que se instala cada vez más fuerte en la sociedad, que es el comportamiento ético. Quizás uno de los desafíos más importante no es la falta de conocimientos, sino cómo éticamente estos se emplean”, afirma el doctor Ignacio Sánchez, rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

La idea del Código de Honor en organizaciones académicas chilenas no es nueva. Al menos en su nombre, hay antecedentes en la Universidad Adolfo Ibáñez y en la plataforma UAbierta (cursos en línea) de la Universidad de Chile, pero no con la índole más reflexiva y que, valga la redundancia, que apela al honor personal que entrega el elaborado por la Universidad Católica.

El concepto de un Código de Honor en la UC se comenzó a trabajar en la institución hace una década, aproximadamente, cuando el doctor Sánchez era decano de la Facultad de Medicina. “No es fácil implementar un Código de Honor, porque se tienen distintas miradas en una comunidad amplia. Una comunidad universitaria es dialogante, no es jerárquica-piramidal, en la cual lo que se dice arriba no se hace necesariamente abajo si es no hay un convencimiento. Por eso, en las universidades tenemos que trabajar con argumentos para tener un documento de este tipo”, explica el rector de la PUC.

Reglas Explícitas

Cuando Ignacio Sánchez fue nombrado rector de la UC y dejó el decanato de la Escuela de Medicina, la idea comenzó a diluirse y, a fin de cuentas, pasó a un segundo plano. Hasta que reflotó hace cuatro años, durante su primer periodo en la Rectoría.

“Ritos tan importantes como la firma de un Código de Honor en la UC, son un gesto simbólico de relevancia para explicitar que, en una institución que forma personas, valores como la integridad y la honestidad son parte de ella y de la impronta que quiere para sus alumnos. El firmarlo es un acto de compromiso con uno mismo y con la institución, que fortalece tus propias convicciones, pero que hace exigible ciertas conductas que conllevan estos valores de una manera más explícita”, comenta la psicóloga Nuria Pedrals. A ello, Gonzalo Pizarro, director académico de Docencia, agrega: “El implementar un Código de Honor es hacer más transparente lo que se espera de los miembros de una comunidad”.

Desde 2015, la Vicerrectoría Académica y la Dirección de Asuntos Estudiantiles se reunieron con distintas entidades participativas -centros de alumnos, consejeros académicos, consejeros territoriales, líderes de proyectos- para conformar un texto representativo. En mayo de 2016, el Código de Honor fue aprobado por el Honorable Consejo Superior. Es uno de los primeros de América Latina en redactarse. Dice así: “Como miembro de la comunidad de la Pontificia Universidad Católica de Chile, me comprometo a respetar los principios y normativas que la rigen. Asimismo, prometo actuar con rectitud y honestidad en las relaciones con los demás integrantes de la comunidad y en la realización de todo trabajo, particularmente en aquellas actividades vinculadas a la docencia, el aprendizaje y la creación, difusión y transferencia de conocimiento. Además, velaré por la integridad de las personas y cuidaré los bienes de la Universidad”.

“Lo que hay de fondo acá -explica el rector Sánchez- es el compromiso formal de cada miembro de la comunidad -profesores, funcionarios, estudiantes- de decir que nosotros queremos comportarnos éticamente en todos los ámbitos de nuestro quehacer universitario. Y eso lo hacemos porque creemos que la integridad académica, aprender y ser honesto en lo que uno sabe o enseña y en el diario vivir, son elementos claves en una comunidad donde la razón, el conocimiento, el bien, la belleza, son elementos muy transversales”.

Cultura de la Honestidad

El Código de Honor de la PUC apunta a lograr un cambio cultural en esta institución. Su firma es opcional -con el fin de no cambiar las “reglas del juego” para quienes ya estudian o trabajan en la UC- y obligatoria para los nuevos estudiantes y empleados a partir de la admisión 2017. Hasta el momento, han adherido voluntariamente a él cerca del 35% de los docentes, 35% de los funcionarios y 20% de los estudiantes.

El proceso para impregnar esta cultura de la honestidad, estiman en rectoría, es un largo trabajo que debiera demorar de tres a cinco años más en el alumnado y diez en los funcionarios. Desde hace tres años la PUC ha fortalecido la formación ética de los alumnos no solo a través de la puesta en marcha de más cursos sobre esta materia, sino también con la implementación de estudios de casos con desafíos éticos concretos y acordes a las distintas profesiones. Además, ha llevado a cabo actos simbólicos en diversas facultades para difundir el contenido del Código y realizado diversos seminarios de integridad académica.

¿Significa con todo esto que se terminaron las faltas a la honra y la honestidad? “Una firma por sí sola no cambia la conducta. Pero la firma, junto con un texto (Código de Honor) que nos motiva a mirar y reflexionar sobre nuestro comportamiento, es una parte en un proceso de cambio”, señala Gonzalo Pizarro.

La implementación del Código, afirma el rector Ignacio Sánchez, llevará a los miembros de la PUC a tener una mirada más profunda sobre los comportamientos ilícitos y, además, permitirá que tengan por sabido y explicitado que sí hay ciertas normas básicas que se deben cumplir.
Cada año en esta casa de estudios se realizan 30 a 35 sumarios por copia en un universo de 30.000 alumnos, lo que representa un porcentaje extremadamente bajo. Por lo tanto, la puesta en marcha del Código de Honor no apunta a tener un efecto cuantitativo, sino más bien cualitativo para lograr una cultura interna donde la honestidad juegue un rol esencial.

“Buscamos que la gente evite la copia y el plagio, respete a las personas y cuide los bienes de la Universidad más por un convencimiento que por las consecuencias tangibles que puedan haber”, concluye Ignacio Sánchez. Gracias a ello, esperan en la PUC, se formarán profesionales más íntegros que ejerzan un comportamiento que se ajuste a elevados estándares éticos.

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