Escrito por María Ester Roblero / Nº 247 /  21 June 2017
Cuando hablar no es tan fácil

Mediadores y consejeros matrimoniales coinciden en que la falta de auténtica comunicación es la causa de la mayoría de las crisis, separaciones y divorcios.
Es un fenómeno que se arrastra incluso desde antes del matrimonio, porque vivimos una paradoja: hoy tenemos a nuestra disposición sofisticados aparatos electrónicos para hablar a distancia, pero menos valor y habilidad para conversar cara a cara. El psiquiatra Aquilino Polaino ennumera algunos errores y patologías en la comunicación que destruyen el amor. Un listado que vale la pena revisar para prevenir en el caso de los novios y pensar en el caso de los ya casados.

1. La inseguridad

Una persona insegura intentará, en todos los ámbitos de su vida, probar que puede ganar. Su propia inseguridad les lleva a plantear el matrimonio como conquista y “acá viene la contradicción y el dolor: ninguna conquista se alcanza de una vez por todas y para siempre”, señala Aquilino Polaino, psiquiatra español y autor de numerosos libros.

La comunicación así concebida por una persona insegura es, por su propia naturaleza, bélica, describe este psiquiatra. El inseguro tienen un pensamiento “rival” e intenta establecer siempre nuevas y artificiales jerarquías, se siente pasado a llevar, u opta por pasar el día con el reglamento abierto, examinando al otro y recriminándole.

“¡A mis enemigos, basta con que se les aplique el reglamento!”, dice un viejo refrán. “Por eso, si se opta por aplicar siempre el reglamento al cónyuge, implica que se lo trata como a un enemigo. Comportarse de esta forma, es preludio de un inminente conflicto marital grave”, advierte este psiquiatra

2. El temor

“El temor, cualquier temor, bloquea forzosamente la comunicación. ¡El temor aleja de si al amor!”, señala. Es lógico, dado que la comunicación amorosa es una conducta que tiende a la fusión y el temor, por el contrario, tiende a poner distancias, a separar, explica.

Su experiencia clínica lo ha llevado a comprobar que antes era mucho más frecuente que la mujer sintiera temor del marido y por no querer contrariarle, se callara y dejara pasar los conflictos. Pero eso aún ocurre y en esos casos, “de un modo grotescamente ingenuo y no exento de ciertas nefastas influencias (el machismo, los roles culturales, etc.), el hombre considera, erróneamente, que el hecho de que su mujer le tema le hace ser más dueño de ella. Quienes así se conducen, suelen olvidar que nadie puede conquistar a otro por medio del temor”.

Hoy, al estudiar el origen del temor el Dr. Polaino reconoce otras situaciones:
Hay personas que temen el discurso cáustico, irritante e insoportable del otro.
Otros temen una distribución de funciones familiares que están dislocadas, es decir, que todo cuanto se decide se hace desde la arrogancia y omnipotencia del otro. En estos casos suelen emerger ciertas actitudes de temor (temor al autoritarismo), que lamentablemente se transmite de una generación a otra.
Hay también temor al mal rato: son personas que abren la puerta de su casa, pensando que el otro -no solo la mujer-  está esperándole con el uslero. El uslero es aquí, algo meramente simbólico, que puede ser cosas muy diversas, como una mala cara, la ley del hielo, el malgenio, los gritos, los llantos, el “pasar factura”…

3. Los celos

“Las conductas celosas no son solo un problema vinculado a la afectividad y a la sexualidad. Va más allá y acontece porque las personas nos comparamos. He aquí la estructura comparativa que subyace a la conducta celotípica”.

Cuando una persona es celosa, su diálogo espontáneo es sustituido por el cálculo, aquella conversación en que todo se calcula. El celoso dice esto para que se entienda lo otro, para que el otro pise el palito. “Cálculo, cálculo… Esto es insincero. Por esta vía se cae, inevitablemente, en la manipulación”, señala el Dr. Polaino. El celoso, al vivir comparándose, es desconfiado.

El autocontrol del comportamiento celoso es difícil de lograr, porque primero debe darse cuenta de su inseguridad. Debe reconocer que su autoestima es muy baja y que su auto concepto es negativo. Es él o ella quien continuamente se está infravalorando y no su pareja.

Son muy variadas las consecuencias que pueden derivarse de los celos, algunas de las cuales son psicopatológicas y otras no. Hay manifestaciones de tipo agresivo como la irritabilidad y la hostilidad, pero también en la comunicación aparece la frialdad, el distanciamiento y la susceptibilidad, que como aves de mal agüero, presagian una evolución complicada de la relación.

4. La manipulación

“La manipulación es una estrategia que, usando la falsedad incluso con conciencia de ella, permite comportarse a uno de los cónyuges de manera distinta a como es, para producir o conseguir el efecto que desea en el otro”, describe el psiquiatra. En este sentido, explica que mientras los hombres manipulan, generalmente a través de sus roles masculinos tradicionales (dinero, poder), las mujeres lo hacen a través de estados de ánimo y emociones. “Pero en cualquier caso, en la comunicación del manipulador casi siempre existe ocultamiento de la verdad. La manipulación es, ante todo, manipulación del lenguaje”, dice.

5. La desconfianza

“Siempre la desconfianza genera incomunicación”, advierte. ¿Por qué? Porque ser desconfiado implica “cuidarse la espalda”, no decirlo todo. ¿Cómo crece la desconfianza? Ejemplos: cuando uno de los cónyuges cuenta en público sucesos de la vida en común que pertenecen a la intimidad; cuando uno le comenta algo al otro, le pide discreción y apenas unos días más tarde, éste rompe ese compromiso.

Pero a veces las personas son desconfiadas naturalmente, sin que le den motivos: es lo que sucede a las personas introvertidas, a las que les cuesta develar su intimidad a no ser de forma muy excepcional con las personas en quienes confían. En otras personas, la desconfianza tiene su origen en el cálculo. Las personas calculadoras se comportan según el viejo principio romano de do ut des, “doy para que me den”. Su amor es un amor matemático, un amor estadístico.

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