Escrito por María Ester Roblero / Nº 247 /  15 junio 2017
De niño promesa a adolescente frustrado

Mimados y consentidos en la infancia, son niños que en la adolescencia chocan contra la realidad. Una etapa en que aún hay tiempo para que la familia y los padres corrijan el error de no haberles enseñado a tolerar las frustraciones.

De niño quiso aprender a tocar piano y sus padres le compraron teclado y pagaron clases particulares. Pero al mes quiso dejar la música por el tenis y los padres lo llevaron al mall antes que a la cancha, para abastecerlo de raqueta y tenida completa. Tres meses más adelante, la raqueta descansada sobre el teclado. Y así, quiso ser astrónomo, futbolista, coleccionista… Ante cada nuevo capricho sus padres veían un talento emergente, un futuro lleno de éxitos y dinero. Pero en 7º básico empezó a bajar sus notas. Los padres decían que se aburría en clases porque iba más adelantado que el resto. Un día el profesor jefe los llamó porque su hijo tenía problemas de conducta y hacía bullying a un compañero. El niño talentoso se transformó en un adolescente rabioso y desmotivado.

La historia de esta familia puede ser la historia de muchas. Y la psicóloga infanto-juvenil Marie Lizzy Zippelius, acreditada en psicoterapia grupal, cuenta que los padres llegan a pedir ayuda, muchas veces disculpándose: “Me vas a creer, dicen, que nunca en mi vida había tenido que venir a un psicólogo. No se dan cuenta que ellos están viviendo nuestros problemas como sociedad: individualismo, competitividad, desinterés por los problemas del otro. Y que si somos capaces de reparar a tiempo, evitaremos ver aparecer un adulto frustrado, o que busca el éxito fácil por encima de una felicidad más auténtica”, explica la experta.

¿Qué tan frecuente es encontrarse con adolescentes con una imagen distorsionada de sí mismos, porque sus padres los han convencido desde pequeños que son más talentosos o capaces de lo que en realidad son?
– Más que antes, lamentablemente. Porque los padres hoy están muy preocupados de que sus hijos no fracasen y para lograrlo los crían sobre una plataforma con todo listo. Por eso, la actual generación de adolescentes es mucho más inmediatista que las anteriores. Ellos, conocidos como los milleniums, han crecido acostumbrados a que todo tiene que ser ahora, rápido y solucionado en el minuto. Pero, en paralelo, les cuesta mucho gozar y establecer una relación sana con el placer, porque no saben quedarse anclados en el presente, en los buenos momentos.

Nos encontramos con que como sociedad hemos copiado una forma de vida muy parecida a la norteamericana, donde el nivel de presión laboral y económico es altísimo, mucho más que en Europa, donde la cercanía con la naturaleza, con la espiritualidad, con las cosas simples de la vida, está siendo dejado de lado por el materialismo. Los padres, que tienen trabajos demandantes, entran en el círculo vicioso de la culpa e intentan suplir su falta de tiempo con bienes económicos. No les enseñan a postergar necesidades ni a tolerar frustraciones y les muestran su propio ejemplo de competitividad laboral. El resultado son hijos que crecen sintiendo que se lo merecen todo y que todo lo logran. A los padres les cuesta mucho, muchísimo, darse cuenta que así están criando hijos infelices.

¿Tal como existe un complejo de inferioridad, existe un complejo de superioridad en los adolescentes?
– Veo hoy mucho más sentimientos de superioridad “inflada” que de inferioridad. Estos adolescentes demandantes y voraces, que fueron niños premiados, inmediatistas, que lograban todo rápido, porque sus padres les hicieron sentir que podían pedir todo -guitarras, pianos, raquetas y cualquier cosa necesaria para ir cambiando de gustos o de actividad, porque se lo merecían-, llegan a la adolescencia con una autoestima inflada. ¿Y qué ocurre luego? Al entrar al mundo laboral se enojan porque en la empresa no hay estacionamiento para ellos. Hay un continuo que se rompe entre la guitarra y el estacionamiento, por decirlo simbólicamente.

Pero, a la postre, pienso que niños y adolescentes criados en esta lógica pueden, por una ley del péndulo, desarrollar sentimientos muy negativos en la adultez al enfrentarse con lo que la sociedad les va a ir mostrando: creo que nos vamos a encontrar con seres llenos de culpa, que no se atreven a pedir nada… Ya hoy vemos una tendencia a buscar más paz y armonía vital. Pero eso no basta y hoy en psicología está cobrando mucha importancia el concepto de autocompasión, que apunta a que la persona sepa reconocer su humanidad, tal cual es: perdonar sus debilidades, agradecer sus fortalezas, cuidarse, valorar las cosas simples de la vida.

nino-promesa2-247Padres sobre protectores y padres sobre exigentes

¿Qué estilos de paternidad son los que pueden distorsionar la imagen real que un niño debe tener de sí mismo?
– Existen dos tipos de padres que crían a sus hijos queriendo “demostrar” mucho: el sobre protector y el sobre exigente. El primero logra un niño miedoso, inseguro, que sin su “padre poste” es incapaz de enfrentar el mudo. El segundo puede formar a un niño que aparezca por fuera muy fuerte, que se encuentra top, pero también a un niño inhibido, que ha sido muy criticado, con exigencias por encima de lo que puede dar. Ambos estilos son muy perversos, porque ninguno acepta al niño como es. Tanto la sobre protección como la sobre exigencia no permiten ver a los hijos y los padres solo reflejan y proyectan en ellos sus propias ambiciones o necesidades. En este sentido, son niños con muchas falencias afectivas porque no han sido visto por sus padres como seres reales.

Cuando se ha educado a los hijos en un falso “yo idealizado”, ¿siempre llega el momento en que se frustran?
– Si crías a un niño en la mentira de que todo lo puede, que todo va a funcionar bien, porque el mundo a está a sus pies, inevitablemente vendrá alguna crisis. Son niños que no saben perder, que han crecido en familias donde la pérdida es vista como fracaso. En la vida uno tiene que estar preparado para fallar, para el dolor, para caerse y volverse a parar. Esto no significa que como padres tengamos que provocarle caídas al hijo, o no prestarles ninguna ayuda para que aprenda, porque ahí tampoco los educamos en la autocompasión. Tenemos que criar niños con la fortalezas para enfrentar sus debilidades. Pero el adulto falla en el ejemplo en este sentido. La verdad es que nadie puede ser exitoso toda la vida y una autoestima estable es la que permite reconocer los fracasos, los dolores, pero a la vez la capacidad de reinventarse.

¿Algunos niños, en vez de frustrarse, desarrollan conductas descalificativas, humillantes, violentas o de bullying con otros de su edad? ¿O es timidez creciente como autodefensa?
– El bullying es frustración constante. Si los padres se relacionan con sus hijos como si fueran de cristal, no vaya a ser que se depriman y los rodean de todo lo fantástico, les enseñan a no tolerar nada que los contraríe. Desarrollan esta autoestima irreal por una crianza inadecuada. También un niño o niña que ha sido sobre exigida, expuesta a situaciones que sobrepasan su capacidad, a cuyos padres no les basta con que saque un 6 porque solo les importa el 7, será un niño o niña con una gran amargura interna. El que hace bullying es un niño que está insatisfecho consigo mismo: eso se ve también en adultos y en jefes. Si tuviste padres castradores por tanta exigencia, que te hacen sentir que todo lo puedes lograr es en base a tesón, estableces relaciones poco sanas con quien tienes en frente, sea esposa o marido. Porque no vas a poder tolerar el fracaso o perder, porque te criaron para ganar. Y lo que tienes que hacer en la vida es saltar vallas y siempre ganar, nunca gozar porque competiste o fuiste parte del proyecto porque “tu eres el éxito”. Eso es tremendamente creador de mucha rabia interna, porque no te deja descansar, no te conecta con el gozar, sino siempre con el querer tener y nunca con agradecer. La timidez es otra cosa. Tiene más que ver con falta de habilidades sociales, que son mucho más fáciles de adquirir.

¿Cómo debiera ser una correcta educación de los padres?
– No existe una educación perfecta, pero podemos hablar de una educación teóricamente buena. Los padres somos instrumentos. Y como terapeuta y madre, he tratado de ayudar a crecer a niños motivados, persistentes y luchadores. Porque existe un rasgo en la personalidad, que es “la oposición”, con que uno se puede encontrar como padre y terapeuta y que suele ser visto como un rasgo muy negativo. Y si la meta es criar niños siempre buscando su éxito, vas a tener niños rabiosos, rígidos, competitivos y poco compasivos. Pero si este rasgo, que es natural en la persona, lo trabajas de forma positiva, alentando al niño a atreverse a volver a tratar, acogiéndolo con mucho amor cuando se cae, podrá levantarse en situaciones difíciles y lo más probable es que veas a un niño motivado, luchador y persistente en sus ideales. Ese hijo está más preparado para el mundo. Tendrá los pies bien más puestos sobre la tierra.

Conocer más lo que es ser humano

¿Qué pasa en el caso de los hijos únicos, que hoy son mayoría en nuestro país? ¿Qué resguardos adicionales tomar?
– Es muy importante buscar formas constantes de socialización con otros niños para que suplan la falta de hermanos, que es una realidad natural. El hijo único no tiene que luchar por hacerse un lugar en la familia, ni aprender a compartir o defenderse. Es muy importante que habitualmente esté con primos, amigos, vecinos, porque esa compañía le dará a él y a sus padres un contacto mucho más real con la vida en sociedad.

¿Cómo definiría la sana autoestima?
– Voy a contestar definiendo su contrario: un niño con autoestima negativa es un niño que complace en extremo a los demás, que le cuesta aceptar sus rasgos positivos, que les cuesta decir que no. Es un niño duro para juzgarse, no se permite perder, tiene actitud derrotista. A ese niño hay que focalizarlo en la autocompasión amorosa consigo mismo; hacerlo más conocedor de su humanidad, para que entienda que las experiencias negativas son parte de la vida. Suena fácil, pero es complicado de lograr porque estamos concentrados en aceptar solo el éxito y no el fracaso.

¿Qué interlocutores válidos existen para abrir los ojos a los papás en el error de educar a sus niños evitándoles toda frustración?
– Cualquier interlocutor que tenga claro que el proceso de fallar, la autocompasión, aprender a quererse, a aceptarse, y a darse cuenta de los errores y repararlos, es un interlocutor válido; sea abuelo, profesor o líder de opinión. La aceptación plena de uno mismo es muy difícil, pero hacia eso tenemos que ir. Amigándonos con nuestros dolores y fracasos y poniéndonos de pie. Todos queremos que nuestros hijos sean felices, pero también que tengan la fortaleza para enfrentar situaciones difíciles y volver a ponerse de pie.

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