Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 248 /  29 June 2017
La crisis preescolar

Cada día más mujeres deciden entrar al mundo laboral y, con eso, las que somos mamás buscamos un lugar para dejar a nuestras guaguas e ir a trabajar tranquilas. Sin embargo, ¿por qué cuesta tanto encontrar un lugar que se adapte a nuestras necesidades, y en el cual los niños puedan desarrollar todo su potencial?

Hoy, con los beneficios del post natal prolongado, las mujeres nos tranquilizamos un poco al pensar que podemos pasar tiempo con nuestros hijos siendo tan chiquititos. Esto, hasta que cumplen 85 días. Acá empieza la odisea para encontrar sala cuna y, luego, jardín. Uno que sea seguro, en que se sienta a gusto, que tenga un buen proyecto educativo y que le entregue todo lo que nosotros no podremos darle en las horas que dure nuestra jornada laboral.

Pero esto, no siempre es tarea fácil. Así lo confirma un estudio de Educación 2020, en conjunto con la Municipalidad de Santiago, donde se indica que una de cada cinco familias no puede enviar a sus hijos al jardín por falta de cupos. Esto se traduce en que en esa comuna hay más de nueve mil niños menores de cinco años que tienen que quedarse en casas de vecinos, tíos, abuelos o amigos de los papás, o incluso en madres que deben abandonar sus trabajos para poder cuidarlos.

En Chile, el Estado brinda el servicio de jardines infantiles y salas cuna a través de la JUNJI y la Fundación Integra para las familias más vulnerables y de menores recursos. También existen entidades particulares que deben estar ceñidas a la regulación del Estado, quien indica que están acreditados para funcionar como tal. Pero por la falta de oferta, hoy existen muchos establecimientos fuera del sistema, lo que significa que no están fiscalizados y no necesariamente tienen condiciones básicas de higiene, personal capacitado o una infraestructura segura para los pequeños.

La creciente demanda va de la mano con el incremento en la participación laboral de las mujeres, que en el 2015, según la encuesta Casen, era de un 47,4%. En vista de ello, el gobierno de la Presidenta Bachelet determinó que su período presidencial 2014 – 2018 la meta era crear 4.500 nuevas salas cunas y 1.200 jardines, tarea que aún está en proceso.

Guía para los que se quedan en casa

Si bien el jardín y sala cuna son beneficiosos, hay algunos que por decisión, o porque no les quedó otra alternativa, deben cuidar a sus hijos en la casa. Para ellos, la Unicef entrega ciertas pautas para estimularlos y prepararlos para el futuro.
Aquí algunos ejemplos: DESCARGAR GUÍA EN PDF

Crecimiento integral

Nadie pone en duda la importancia que tiene la enseñanza durante los primeros años de vida. Sin ir más lejos, el estudio antes mencionado indica que el 67% de los padres de la comuna de Santiago considera importante la educación de la primera infancia. Esto se debe a que, en este periodo, los niños aprenden a interactuar con el entorno, a establecer relaciones interpersonales, manejar sus emociones y además son más proclives a aprender cosas nuevas. Todo esto se adquiere mediante un clima afectivo, con estímulos como complemento a la crianza en el hogar.

Según la doctora Paula Pedregal, Jefa del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, la prioridad en términos de cuidado de los niños está en sus casas, en especial si los pequeños pertenecen a sectores más acomodados y el cuidado puede ser provisto por la familia y personas educadas. En el contexto de hogares con mayores grados de vulnerabilidad, en tanto, se ha visto que la sala cuna puede ser beneficiosa para la familia, ya que provee un espacio protegido, estimulante, con alimentación balanceada y que trabaja de la mano con una crianza respetuosa. Esto facilita, además, que las familia puedan tener ingresos adicionales, por ejemplo, con el trabajo materno, lo que favorece la economía doméstica.

La doctora asegura que la evidencia científica señala que, a contar de los 18 meses de vida, para los niños, en general, es beneficioso que asistan a un jardín infantil, tanto para su bienestar físico -en cuanto a nutrición equilibrada y supervisión de su estado de salud- como para su aprendizaje y desarrollo. En Chile, los resultados apuntan hacia esto, al igual que en el resto del mundo.

Otro desafío de los niños está a la hora de entrar al colegio. Aquí, según la doctora, se ven diferencias importantes entre los que van o no al jardín. “Básicamente, en Chile se ha visto que aquellos que provienen de jardines con buenos proyectos educativos, como, por ejemplo, el caso del programa JUNJI con la Fundación Minera Escondida, cuyo foco era trabajar el lenguaje, se mejoran claramente las habilidades de los alumnos y su desempeño es mejor en el colegio”, explica.

Sin embargo, para la doctora, en lo que respecta a la educación inicial, lo más importante es la calidad, que está dada por la infraestructura, insumos, equipos disponibles y, lo más importante, el equipo de educadores. “Estos deben ser personas sensibles, que generen vínculos saludables, que sepan cómo trabajar con las familias y tener una buena formación en técnicas pedagógicas y desarrollo infantil temprano”, concluye.

Estamos en pañales

Con el objetivo de encontrar mejoras para la enseñanza preescolar, la Fundación Arcor y Educación 2020, con el soporte del Comité para la Infancia y la Familia de la Municipalidad de Santiago, han lanzado el programa #EstamosEnPañales.

La idea es que los mismos organismos que están involucrados en la educación de los más chicos se reúnan en jornadas de trabajo, que iniciaron en abril y que duran hasta noviembre de este año, para compartir experiencias, proponer cambios y mejoras.

Las conclusiones se traducirán en un documento que será entregado a las autoridades y jardines infantiles y que, además, será difundido en un seminario a fines de este año, en el cual participarán directores, educadores, agentes educativos y familias.

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