Escrito por Margarita Hax / Nº 250 /  30 August 2017
Educar en código digital

En su libro ¿Cómo educar en la era de la dispersión digital? La psicóloga norteamericana Lucy Jo Palladino no demoniza la tecnología, sino que más bien ofrece a los padres los recursos para ayudar a los niños a entender y controlar su propia atención. Revisamos su guía de consejos bajo la mirada de otros expertos en el tema.

¿Cuántos estímulos enfrentamos a diario desde que salimos de nuestra casa hasta que regresamos? ¿Cuántos de ellos somos capaces de retener o procesar para que sus mensajes nos lleguen adecuadamente? Si para un adulto es un desafío poder controlar esa inmensa cantidad de información que pasa por delante de nuestros ojos día a día, más aún lo es para los niños en edad de formación y en pleno desarrollo de su capacidad de prestar atención.

Si a todo lo anterior sumamos el efecto que el bombardeo tecnológico tiene en nuestras vidas, la verdad es que educar parece una tarea difícil (sino imposible) de abordar con altas probabilidades de éxito. Como en todo, es importante generar sistemas y procesos que permitan trabajar a nivel de núcleo familiar, la forma en que integramos las nuevas tecnologías. Sus espacios, límites y problemáticas propias, que aún son objeto de estudio.
La psicóloga norteamericana Lucy Jo Palladino ha dedicado gran parte de sus 35 años de expertise al estudio de la atención, lo cual la ha llevado a elaborar una serie de textos prácticos para los padres de hoy. En su libro ¿Cómo educar en la era de la dispersión digital? elabora una guía detallada que proporciona a los padres las herramientas necesarias para enseñar a los niños, desde la primera infancia hasta la adolescencia, a controlar el uso de la tecnología.

educar-en-la-era-digital-250Palladino sostiene que a medida que los niños dedican más tiempo a las tablets y los smartphones, con aplicaciones especialmente concebidas para captar su atención, aumenta la preocupación de los padres por los efectos del uso excesivo de la tecnología. Ante esto, los padres no saben cómo intervenir: quieren que sus hijos sean competentes y competitivos a la hora de utilizar la tecnología, pero también quieren evitar los problemas de atención y conducta que pueden derivarse de un empleo abusivo.

El ejercicio que hace la experta es ofrecer a los padres los recursos para ayudar a los niños a entender y controlar su propia atención, todo en siete pasos concretos que les permitirán diferenciar entre la atención voluntaria y la atención involuntaria, los nuevos conocimientos sobre el desarrollo del cerebro y las circunstancias que pueden llevar a un niño a padecer trastornos de atención.

Ernesto Treviño, director de CENTRE-UC, y académico de la Universidad Católica, entrega su mirada desde un punto de vista educativo para complementar las propuestas que hace Palladino y aportar una reflexión respecto que profundiza en las propuestas que hace el libro de la autora noretamericana.

Siete pasos para enseñar a tu hijo a prestar atención

1. Adoptar la actitud mental adecuada
La tecnología llegó para quedarse y es un hecho de la causa. El desafío que enfrentamos para usarla tiene que ver con que los padres no somos nativos digitales y recién estamos aprendiendo de los beneficios y perjuicios que causa la tecnología. En este sentido, es necesario orientar a los niños y jóvenes para que usen la tecnología como un medio para el aprendizaje. En las redes encontramos información escrita y en vídeo sobre una infinidad de temas que nos puede ayudar a comprender fenómenos de nuestro interés tanto personal como académico y profesional. Pero dada la cantidad de información es indispensable aprender a generar estrategias de priorización en las búsquedas para asegurarse de encontrar fuentes confiables. Evidentemente, desde el lado negativo, el uso excesivo de la tecnología puede llegar a limitar algunas habilidades de carácter social que también debemos promover, y puede llevar también a los niños y jóvenes a pensar que su valía como personas se juega en el número de “Me gusta” que reciben sus intervenciones en las redes. Aquí es necesario tener también límites de uso de Internet y redes, y educar para ver las consecuencias negativas que puede tener las tecnologías para que estos niños y jóvenes hagan un uso adecuado cuando se vayan volviendo independientes.

2. Sé el cambio que deseas ver en tu hijo
En primer lugar, es necesario educar con el ejemplo. Si los padres estamos continuamente conectados a las redes sociales, interrumpimos conversaciones y contestamos correos o mensajes a cualquier hora, es evidente que los niños y jóvenes verán en esas conductas un ejemplo. Por ello, es indispensable como padres ajustarse también a reglas de uso de la tecnología en el hogar.

3. Practica las tres erres de la buena atención
a) Realizar actividades deportivas
b) Reflexión
c) Replantearse el tiempo ante la pantalla

4. Activa la felicidad del mundo real
El mundo real de los niños y jóvenes incluye la tecnología, pero es necesario hacerles ver que se trata de un medio y no un fin. Para ello es indispensable dotarles de oportunidades para interactuar presencialmente con los amigos y la familia a través de actividades que les brinden experiencias significativas y entretenidas. Se trata de cosas normales donde puedan ellos involucrarse, tales como paseos al parque, reuniones para hacer deporte, juntarse a cocinar, visitar a algún familiar o amigo, entre otras, son actividades que pueden resultar muy atractivas si los niños y jóvenes son protagonistas de la organización y ejecución de las mismas. Por lo tanto, es indispensable involucrarlos desde el principio para que sea una actividad significativa para los niños.

5. Piensa como un niños, actúa como un padre
En el largo plazo los hijos crecerán y serán adultos, y ellos tendrán que auto controlar el uso de la tecnología. Por este motivo, es indispensable educar con el ejemplo, conversar de los pros y contras de la tecnología (no únicamente de los aspectos negativos) y tener espacios sin uso de tecnología para la convivencia.

6. Conviértanse en una familia respetuosa de la atención
Las relaciones “tecnologizadas” no son malas en sí mismas. Los niños pueden escribir todos los días a sus abuelos o parientes que están en otra ciudad, por ejemplo, o pueden mantener una comunicación constantes con sus padres cuando están fuera de casa, y estos son aspectos positivos de la tecnología. El problema radica en sustituir la interacción presencial cuando la familia está junta por la interacción tecnológica. En este caso, la tecnología puede aún ser un vehículo que una a la familia, por ejemplo, para indagar sobre algún tema de conversación que no se logra zanjar, o para compartir gustos musicales a través de vídeos que se encuentran en la red, dando así oportunidades de expresión a los niños y jóvenes. Sin embargo, este uso es solamente como un medio para nutrir las conversaciones, y no las sustituye.

7. Celebra el éxito pero prepárense para acaparadores aún  más fuertes
La sociedad siempre está adelantada a lo que las familias podemos ofrecer a los hijos. Es simplemente porque cuando somos padres nuestros hijos viven experiencias distintas a las que nosotros tuvimos. Esto es parte del ciclo vital, y por esto es necesario tener una actitud abierta para con los hijos -estableciendo el ejemplo y los límites mencionados anteriormente- pero tratando de entender la forma en que ellos están viviendo sus experiencias y madurando a partir de ellas. El escenario menos favorable es aquel donde se desacreditan los elementos de la cultura infantil y juvenil para ensalzar los de nuestra generación, pues eso descalifica las vivencias de nuestros hijos y probablemente nos cerrará canales de comunicación para entender mejor los procesos por los que están pasando.

El futuro de tu hijo

Siempre será un desafío para los padres el educar “adecuadamente” a sus hijos. Poniéndoles la atención que ellos requieren, ejerciendo la autoridad adecuada pero a la vez, entregándoles un voto de confianza que les permita crecer libres, seguros y capaces de tomar decisiones positivas respecto de su vida.

En cuanto a la tan temida capacidad de atención, Treviño sostiene que “los niños pueden lograr largos periodos de atención al usar la tecnología, pues esta supone un conjunto de estímulos muy potentes para el niño. El desafío es también generar espacios amplios de atención en otro tipo de actividades que pueden ser, por ejemplo, creativas o de disfrute de la lectura. Para ello es indispensable ofrecer estos estímulos complementarios y fomentarlos a nivel familiar”.

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