Escrito por Daniela Aguilera / Nº 250 /  25 August 2017
El chat del colegio: Un arma de doble filo

Los grupos de WhatsApp han revolucionado la forma de comunicación entre los colegios y los papás, para bien o para mal según cada usuario. Lo cierto es que hoy la manera de relacionarnos ha mutado, y el que esta herramienta sea eficaz y provechosa para colegios y apoderados depende netamente de la prudencia, el respeto y el sentido común.

Internet llegó a mi vida en primer año de universidad. La conexión era telefónica: al primer llamado a la casa, Internet se caía y la actividad que uno estuviera realizando en el computador, ya sea pinchar con algún chiquillo en ICQ o investigar algo para algún trabajo en la Encarta, se interrumpía. De ahí venía el chillido de la adolescente: “corten el teléfono, que estoy usando Internet”. Y vuelta a conectar.

Era el año 2000 y esto recién comenzaba. Pocos nos imaginábamos cómo iban a mutar las comunicaciones en un par de décadas. Hasta ese entonces, si el apoderado quería decirle algo a un profesor, lo hacía mediante la libreta de comunicaciones o entrevista personal, pero jamás por mail o alguna (en ese entonces prácticamente inexistente) red social.

No sé si exista algún límite sobre cuánto es razonable estar conectado. Por límite me refiero a que exista demasiada comunicación, tanta información, que llegue a molestar. Yo, al menos, amo estar conectada. Recibir varios mensajes diarios de los grupos de WhatsApp de los cursos de mis hijos no me molesta en lo más mínimo y ni siquiera he sentido alguna vez la necesidad de silenciarlos. Tengo la suerte de que en ambos colegios haya un protocolo estricto de su uso y que todos los respetan. Hay dos delegadas por curso que administran los grupos y se encargan de llevar los temas siempre por buen puerto y de manera ordenada.

María Fernanda Herrera es mamá de cinco niños y delegada del curso de uno de ellos en el colegio Cordillera. “Cualquier tema para tocar ahí es netamente de colegio…(la idea) Es no pasar avisos de ‘se busca nana’, ‘se venden paltas’, o cualquier otro tema que sea de amistades. El grupo de colegio es solo para comunicar cosas de colegio e idealmente son las delegadas las que comunican estos temas, porque son a las que nos pasan la información directamente”, señala. Como administradora del grupo reconoce que algunas veces es difícil mantener el foco, pero, por lo general, dejando las reglas claras desde el principio se logra.

Hay muchas mamás, en cambio, que se quejan de que el WhatsApp del curso de sus hijos se llena de un promedio de 40 mensajes por hora en un buen día, y de que es lo primero y último que ven en su teléfono al levantarse y acostarse. Así es el caso de Isabel Margarita, mamá de cuatro niños. “Existen muchos colegios en donde los chats no están normados. Los colegios no se meten y, en algunos casos, la mayoría de los problemas se producen a través de él”.

WhatsApp y la rigurosidad

Al parecer, tengo suerte, porque en los dos colegios de mis niños los chats de curso son herramientas útiles, en donde se genera una cadena de favores y ayuda importante, y jamás alguna mamá ha tenido la osadía de hablar mal de otra persona. En esto tienen mucho que ver las delegadas (y administradoras) de los grupos.

“Es difícil mantener a raya otros temas de conversación, porque uno tampoco quiere ser el ‘paco’.Y cuando se dan temas que no tienen que ver con el grupo, se les pide a los papás que conversen por interno. Es difícil ser tan rigurosas, pero hay que hacerlo porque al final las mamás que tienen muchos hijos se terminan saliendo del chat y no es la idea”, asegura María Fernanda.

Seguramente esa tentación ha acechado a Isabel Margarita más de una vez, pero siempre hay razones poderosas que la tienen ahí, participando. “Me ha servido para enterarme que queda la escoba en el curso de algunos de mis niños, como por ejemplo con el cyber bullying, ya que hoy el 70% de los niños de 5º Básico tienen celular y es importante saber lo que está pasando”, comenta.

El terror de que tu hijo sea molestado, no aceptado y violentado a través de redes sociales, es una realidad. Y al oír los testimonios de apoderadas de niños más grandes, como mamá de tres, empiezo a preguntarme: ¿Será una buena idea estar tan conectados?

Investigando en Internet di con algunos buenos usos de las redes sociales que son importantes de mencionar. En Argentina, por ejemplo, según cuenta el diario El Clarín, un grupo de papás identifico a un pedófilo a través de Instagram. En una acción coordinada vía WhatsApp alertaron a los niños e hicieron una denuncia. Ahí está, en mis ojos, el ejemplo del buen funcionamiento del chat.

Después de conocer este ejemplo pienso que en algunos casos las malas experiencias se pueden revertir. Y es que, claro, 22 mujeres resolviendo tareas de gramática, materiales para llevar a última hora, regalos de la profesora jefe que está de cumpleaños, la foto del disfraz del dieciocho de septiembre y la explicación de cómo funciona el método Singapur en matemáticas, son capaces de volver loco a cualquiera. Multipliquemos a estas 22 mujeres por tres, porque son tres los hijos en edad escolar y sumémosle todos los otros subgrupos a los que las mamás de hoy estamos sometidas. Eso, sin contar que la mayoría trabaja dentro y fuera de la casa… Para no enloquecer, hay que tener definitivamente una metodología de uso casi militar para que la experiencia con la red social sea positiva.

Sin embargo, tal como asegura María Fernanda, es una herramienta súper útil y muy rápida. “Mucha gente ve los mails algunas veces al día, en cambio el chat del teléfono es a toda hora, por lo tanto la información llega realmente rápido”, cuenta.

WhatsApp y la autonomía

A pesar de tantos elogios, Isabel Margarita hace hincapié en un punto que me pareció bastante importante. En nuestra época escolar, gran parte de nosotros crecimos sin un chat que nos estuviera recordando cada día qué tarea teníamos que hacer o si había gimnasia o no al día siguiente. A lo más, sacábamos a pasear el bolso con el buzo del colegio. Éramos nosotros mismos los que teníamos que aprender a ponerle la cara a la profesora si se nos olvidaba algo o si nos faltaba alguna tarea, y por eso éramos (y somos) infinitamente más autónomos que los niños de hoy.

Esa falta de autonomía en las generaciones actuales y en los tan re nombrados Millenials (a los que, por grupo etario, pertenecemos todos los nacidos desde 1981 en adelante) es la que, según los expertos, está afectando negativamente a nuestra sociedad y a nuestros hijos. Pero eso es harina de otro costal. Por ahora, es mejor enfocarnos en usar las tecnologías a nuestro favor y jamás para perjudicar a quienes más queremos.

Decálogo para el buen uso de WhatsApp
1.  Sí a la información, no a los chismes.
2.  Responde solo si eres un aporte.
3. No seas la agenda de tu hijo, no tienes por qué hacerle las tareas por WhatsApp.
4.  Establece un horario prudente para mandar mensajes.
5. No envíes información del colegio que no tenga la confirmación del recinto.
6. No compartas contenidos que atenten contra la dignidad ni privacidad de algún alumno o profesor.
7. Si se plantea una pregunta grupal y la respuesta es sólo para nosotros, pidamos que la respuesta sea a través de mensaje privado.
 8. No agregar a nadie sin su autorización.
9. No criticar a quien decida salirse.
10. Respeta las distintas ideologías u opiniones. No compartas contenidos políticos u ofensivos.

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