Escrito por Liliana Orellana / Nº 250 /  30 August 2017
Internet y sus alcances: Lo malo, lo bueno y lo nuevo

Jóvenes universitarios expulsados de su casa de estudios por hacer bromas en las redes sociales, niños autistas que mejoran sus habilidades sociales a través de videojuegos o padres Millennials que usan los dispositivos móviles para leer e informarse sobre el embarazo y la crianza de sus hijos, son algunos de los efectos que se viven hoy, en la nueva era de la tecnología.

No es ninguna novedad que el boom de las redes sociales llegó para quedarse. Facebook, Twitter, Instagram, Linkedin, Snapchat, WhatsApp y otras tantas han cambiado la forma de comunicarnos, de vivir, e incluso la manera en cómo criamos a nuestros hijos.

Según la última Encuesta Nacional Bicentenario, realizada por la Pontificia Universidad Católica y GfK Adimark, en su apartado sobre estadísticas de Redes Sociales, los chilenos entre 25 y 44 años son los que más usan este tipo de aplicaciones. Un 96% de los consultados cuentan con la de tecnología y los medios para acceder a ellas.

Sin embargo, el uso que le damos hoy a Internet, y la cantidad de horas al día que le dedicamos es un debate que al parecer no tiene fin. Y es que, así como hay tanto estudios que enumeran los daños que causa el vivir hiperconectados, hay otros quienes acumulan elogios y no se cansan de demostrar cómo Internet les ha cambiado la vida para mejor.

A continuación les entregamos tres visiones distintas acerca de cómo la tecnología ha impactado nuestras vidas.

LO MALO: EL FIN DE LA COMUNICACIÓN VERBAL

Hace unos días, la Universidad de Harvard canceló la matrícula a diez alumnos que daban por asegurado su cupo en la prestigiosa casa de estudios. La razón: su escritos y registros en las redes sociales les jugaron una mala pasada. El comité de admisión de una de las casas de estudio más prestigiosa del mundo decidió dejarlos fuera luego de descubrir que realizaban bromas ofensivas (memes), xenófobas y machistas a través de un grupo cerrado que ellos mismos habrían creado en Facebook. Los alumnos habían ingresado recién este año a Harvard y serían parte de la generación 2021, sin embargo, gracias a su “mal comportamiento virtual”, fueron expulsados.

Y es que las redes sociales hoy en día son una herramienta muy poderosa y nuestra actividad en Internet es algo que las personas están teniendo en cuenta a la hora de contratar a alguien en un trabajo o en la admisión a una universidad. Según un estudio publicado por el diario Washington Post, donde se entrevistaron a más de 350 responsables de admisiones de universidades en Estados Unidos, el 35% aseguró revisar las redes sociales de los estudiantes, como Facebook, Twitter e Instagram, para tener más información sobre ellos. Casi la mitad, el 42%, reconoció que lo que encontraron influyó negativamente sobre los estudiantes.

De acuerdo a expertos de las más variadas áreas de estudio, el exceso de Internet se está transformando en la gran enfermedad del siglo XXI. Porque ni los niños, ni los jóvenes, ni tampoco los adultos contamos con las herramientas o habilidades para manejar correctamente los grandes flujos de información y estimulación a los que nos enfrentamos a diario.

Esto se traduce en que las nuevas tecnologías han cambiado drásticamente la forma de cómo nos relacionamos hoy entre seres humanos. Para Mireya Sepúlveda Maggiolo, psicóloga de la Universidad Diego Portales y Magister en Psicología Clínica de la Universidad Adolfo Ibáñez, si bien Internet y sus derivados han sido tremendamente beneficiosos en múltiples aspectos, también es muy potente observar cómo el mundo virtual está influyendo de manera negativa en nuestras vidas.

Un ejemplo de ello es cómo la tecnología se ha transformado en el nuevo y más potente anestésico para guaguas, sin contemplar que el impacto sensorial de una pantalla en los infantes es algo sumamente perjudicial. Existen múltiples estudios que demuestran que el sistema nervioso de los niños menores de dos años simplemente no está preparado para poder tramitar toda esa cantidad de estímulos, por lo que funciona como un sedante y a la larga el objeto (pantalla) es lo único que los calma.

“Los aparatos tecnológicos se están transformando en el único recurso que tienen los padres de hoy para que los niños se porten bien, sin reflexionar los costos a nivel de trastornos conductuales, baja tolerancia a la frustración, regulación de las emociones, entre otros, que genera este tipo de exposición a dispositivos que no les permiten desarrollar su lado más emocional”, agrega la experta.

En tanto, los niños más grandes ya dejaron de pedir pelotas o patines como regalos de cumpleaños, y los están cambiando por celulares con plan de datos, tablets o la última consola de videojuegos. Para la experta, está situación demuestra claramente cómo las nuevas tecnologías están acabando con unas de las habilidades más importantes de la infancia: la creatividad. “Lo natural es que un niño de ocho o 10 años proyecte su curiosidad en actividades clásicas, como construcciones o juegos de roles. Lo que se conoce como el juego simbólico, y la tecnología va en desmedro de esto”, explica.

En el caso de lo jóvenes, el uso (o mal uso) de las redes sociales como una forma más de comunicación está afectando tanto la comunicación verbal, como la no verbal y, por ende, su capacidad de relacionarse de frente con otros individuos. “Ya sea Facebook, Instagram u otras, estas aplicaciones permiten que uno diga cosas que en persona no dice. Para los más tímidos, aquellos que tienen menos habilidades sociales, Internet les sirve mucho. Algunos incluso lo usan para conocer otras personas, sin darse cuenta del riesgo y la exposición que se crea a relaciones vacías y superficiales, en donde deja de existir el contacto humano, cálido, cercano y rico que existía antes”, señala la psicóloga.

LO BUENO: UNA HERRAMIENTA PODEROSA

Día a día son cada vez más las personas que no pueden vivir sin estar conectados a la red. Y es que hoy, contar con una conexión a Internet no solo sirve para comunicarse con los amigos o la familia, sino también para hacer trámites, trabajar a distancia, comprar en el supermercado e incluso aprender nuevos idiomas.

Un ejemplo de la enorme cantidad de usos que le podemos dar a las nuevas tecnologías, es como cada vez hay más colegios o establecimientos educacionales que se están atreviendo a usar programas para apoyar el aprendizaje en la sala de clases. Y es que cuando se trata de utilizar nuevos dispositivos en el aula, tanto la facilidad que tienen los niños para con estos dispositivos, así también como flexibilidad que entregan los programas especialmente diseñados, ayudan a que los alumnos encuentren los recursos necesarios para entender y asimilar lo que les están enseñando.
Al mismo tiempo, fomenta la creatividad y el aprendizaje de cosas nuevas, ya que para quienes están interesados en alguna otra disciplina como la música o el arte, la red otorga un montón de recursos útiles y formas de practicar online.

Por otro lado, existe una amplia diversidad de programas y aplicaciones que se están desarrollando para apoyar a personas con discapacidades y necesidades educativas especiales. Incluso la tecnología que no se desarrolló específicamente para los jóvenes con discapacidades puede tener beneficios reales. Es así como Keith Stuart, editor de videojuegos del diario británico The Guardian, cuenta en su libro A boy made of blocks (El niño que quería construir su mundo), como jugar Minecraft ayudó a su hijo autista Zac ha mejorar sus habilidades de comunicación y trabajo en equipo.

Y aunque existen diversos expertos que todavía se preguntan si Internet está contribuyendo o no a un aumento de los problemas de salud mental, todavía no hay suficiente evidencia para decir si este es el caso, pero sí sabemos que también puede tener un efecto positivo. Un ejemplo de esto es como hoy los jóvenes tienen acceso a redes de apoyo en línea, en donde además de encontrar información, acceden a comunidades que desde la privacidad de sus casas los ayudan en algunos temas que a veces no se atreven a hablar con otros. Y este es un tema no menor, considerando que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente se suicidan en el mundo más de un millón de personas, siendo la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años.

Por último, y la razón más importante por la que Internet ha revolucionado nuestras vidas es la diversión. Y es que estar conectados es algo que a la gente de todas las edades les encanta. Ya que cuando se utiliza de forma responsable y con moderación, el mundo en línea puede ser una gran fuente información, así también como de entretenimiento creativo y atractivo.

LO NUEVO: PAPÁS MILLENNIALS

Nacidos entre mediados de los ’80 y fines de los ’90, la generación denominada Millennials es aquella que no nació con Internet, pero tuvo acceso a este desde temprana edad. Conocidos como los niños que crecieron en el nuevo milenio, ahora que son padres de las nuevas generaciones tienen su propio set de características que los identifican.

La mayoría han sido mamás o papás por primera vez cercanos a los 30 años, en lugar de los 20, como sucedía una generación más atrás. Además, usan la tecnología a diario para comprar en el supermercado, leer e informarse, para compartir opiniones y estar activos en las redes sociales. La mayoría trabaja a tiempo completo, creen en una crianza compartida y si bien saben que la felicidad de sus hijos es primordial, entienden que la suya también lo es, por lo que buscan espacios personales. Valoran su libertad e independencia. Viven hiperconectados y buscan consejos en Internet y redes sociales para estar más preparados frente a los retos que les impone la crianza de sus hijos.

Para Catalina Ortega (31), mamá primeriza, las redes sociales nos son un tema; es más, le encantan. Antes que naciera su hija revisó varias páginas, aplicaciones y blogs para saberlo todo sobre el proceso del embarazo y el parto. Está siempre conectada a Facebook e Instagram, ya que le gusta mucho subir fotos de la Matilde, su pequeña hija que ahora tiene dos años. “Nunca me ha importado mucho lo que piensen o digan los demás, y si tengo ganas de subir una foto de la Mati o mía con mi marido, lo hago. Siempre me preocupo de que si subo una foto de la Matilde no salga sin ropa o se le vea algo. Puede que el día de mañana me demande por todas las fotos que le saqué y subí, pero, bueno, por lo menos tendrá un amplio registro de su crecimiento”, comenta.

Otro caso es el de Javiera Belmar (35), comunicadora social de profesión, mamá de dos niñitas, Emma y Juliette, en la que a través de su blog I am Canguro (www.iamcanguro.com) cuenta parte de su vida y cómo se vive la maternidad de hoy en día. La página nació hace cinco años como una comunidad para acompañar a las mamás, y hasta que lanzó su sitio en Internet y en redes sociales, Javiera nunca había entendido el real impacto que tenían.

“Un día iba caminando con mi familia y una lectora nos reconoció. Estaba tan emocionada contándome que leía todo lo que escribía, y claro, ¡yo mucho más al saber lo que el sitio generaba! Creo que las redes sociales son un arma de doble filo que hay que saber manejar, pero, definitivamente, no soy el tipo de personas que siente miedo por mostrar a mi familia y la realidad de cómo son las cosas”, agrega esta bloguera.

Para ella, mostrar su vida de madre y abrir su intimidad es parte de una realidad que ha decidido exponer y que hasta ahora le ha traído más beneficios que malas consecuencias. Su sitio, sumado a las redes sociales, ha servido para acompañar a muchas madres y mujeres en el proceso de maternidad, lo que ha generado una comunidad que ya es reconocida.

Comenta que al escribir y exponer parte de su vida como mamá, ha tenido que aprender a sobrepasar los comentarios negativos. Afortunadamente para ella, estos han sido muy pocos y, en general, el feedback es positivo o constructivo. Pero, claro, siempre está el riesgo del comentario negativo o la critica malintencionada. “Hay temas conflictivos que detrás de una pantalla se hace más fácil criticar y ahí creo que cada uno marca su límite. Si alguien quiere tener algo en privado, la respuesta es tan simple como mantenerse al margen. Y al que le guste mostrar su vida real, me parece bien, es bueno un poco de realidad en torno a tanta fantasía que vemos por todos los medios”, concluye Javiera.

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