Escrito por María Ester Roblero / Nº 250 /  26 August 2017
Juan Vicente Boo: “Los Papas ayudan a definir prioridades…”

El autor del libro El Papa de la Alegría, sobre Francisco I, trabaja hace 18 años como corresponsal del diario ABC en el Vaticano y ha conocido de cerca a los tres últimos Papas. Invitado a Chile por Leer más Hoy, en esta entrevista analiza la personalidad, su pontificado y su próxima vista a nuestro país.

“He hecho medio centenar de viajes internacionales con Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I. Antes de la llegada del Papa, los políticos y los grupos de opinión intentan llevar el agua a su molino y sacar partido de la visita, a veces de manera intolerable. Pero en cuanto llega, la atmósfera cambia por completo. La gente se da cuenta de que el Papa no viene a favorecer a unos ni a otros, sino a recordar el mensaje del Evangelio y transmitir el cariño de Jesús hacia los mas necesitados”, nos cuenta Juan Vicente Boo, escritor y experimentado corresponsal español en el Vaticano.

Su libro, El Papa de la Alegría, está siendo distribuido en Chile por Leer más Hoy (www.lmh.cl) editorial que lo ha invitado a nuestro país para dar una serie de conferencias en colegios y universidades durante el mes de septiembre.

“La alegría es intentar dar, no obsesionarse por recibir”

En su libro usted señala que el Papa Francisco se dirige a cristianos, musulmanes, budistas y no creyentes, y a todos ellos invita a mejorar su actitud y comportamiento. ¿A qué actitud y comportamiento se refiere?
– Desde Pio XII, que tuvo que hacer frente al nazismo, los Papas han insistido en que somos una única “familia humana”. El planeta es de todos y todos somos hijos de Dios con independencia de la religión. Francisco invita a todas las personas a mejorar la fraternidad, y es muy bonito ver cómo los budistas y musulmanes le escuchan. El mundo es como un pequeño barco en el que tenemos que convivir serenamente todos. El racismo y el desprecio de las otras religiones son actitudes opuestas al cristianismo.

En relación al título de su libro, ¿qué es la alegría para el Papa?
– La alegría es saberse muy querido por Dios y aprender a querer a otros. La alegría es no vivir centrado en el propio egoísmo, sino al servicio de los demás. Es intentar dar, no obsesionarse por recibir. Es saber vivir con poco en lugar de afanarse por acaparar riqueza. Es perdonar en lugar de guardar un rencor que envenena el alma.

¿Qué circunstancias personales impiden a cada hombre ser feliz, en el diagnóstico que el Papa Francisco hace del mundo actual?
– A nivel personal, el egoísmo promovido por la publicidad consumista y el narcisismo que divulgan muchas películas y medios de comunicación. También la falta de una educación a la generosidad, realizada por los padres en el hogar.

En esta misma línea, ¿qué circunstancias externas o sociales nos impiden ser felices?
– El Papa lamenta los estragos que causan las guerras del siglo XXI, que se hacen fundamentalmente por dinero, y los desequilibrios económicos causados por una finanza especulativa y dañina para la economía real y el bien común. Los partidos políticos que dividen y “balcanizan” países hacen también mucho daño: amargan la vida ciudadana, creando tensiones incluso dentro de los hogares.

El Papa se ha referido en especial a Europa como un continente que envejece perdiendo su alma y corazón, porque le tiene miedo a casi todo. ¿Es el miedo la contracara de la alegría?
– El envejecimiento de Europa es consecuencia del egoísmo. No hay precedentes históricos de una implosión demográfica tan suicida en tiempos de prosperidad. El miedo tiene varias causas. Destacaría dos: el egoísmo y la manipulación del miedo que realizan continuamente políticos xenófobos y totalitarios.

Sinceramente, ¿le sale fácil al Papa sentirse alegre?
– La alegría del Papa no procede de un esfuerzo, sino de la certeza de que Dios le quiere y de vivir pendiente de los demás y no de sí mismo. El Papa abraza a ancianos y enfermos, porque sabe que eso les ayuda. Paradójicamente, hacer eso no vacía su “deposito” de alegría sino que lo multiplica.

Vicente-Boo-papa-250“Los argentinos ‘hablan bonito’ pero, en cuanto a hechos, Francisco es un piamontés”.

Otra de las palabras que en su libro usted aborda en profundidad es “ternura”. ¿Por qué también es una las banderas de lucha del Papa, al grado de promover una revolución de la ternura? ¿Cómo invita a vivirla?
– Desde la anunciación a María o el nacimiento en Belén, el cristianismo es ternura. El Papa simplemente nos lo recuerda. Jesús es un ejemplo de humanidad: se apiada de todos, intenta ayudar a todos, se conmovía con la tristeza de quien ha perdido a una hija o un hijo, curaba a los enfermos… Nos enseña a tener corazón y a dejarnos guiar por el corazón, en lugar del calcular continuamente el propio interés y terminar siendo infelices.

Y además, el Papa Francisco ha recordado la palabra “misericordia”…
– Claro, porque es el rasgo esencial de Dios. Las religiones precristianas presentaban dioses crueles, pérfidos y vengativos. La relación de los humanos con ellos era el miedo y los sacrificios para aplacar su ira. Jesús nos revela que Dios es amor y que su actitud hacia nosotros es la del padre del hijo prodigo, la del buen samaritano.

Nosotros, como hermanos y vecinos de los argentinos, sabemos que ellos hablan bonito, pero usted asegura que detrás de estas palabras de Francisco hay un plan. ¿Por qué y de qué se trata?
– Su plan es el retorno al Evangelio es su forma genuina. Quien sepa leer esas páginas y las de los Hechos de los apóstoles entenderá perfectamente a Francisco, lo mismo que sabrá encuadrar algunas críticas de hoy en el molde de las de los fariseos y doctores de la ley en tiempos de Jesús. Es cierto que los argentinos “hablan bonito” pero, en cuanto a hechos, Francisco es un piamontés.

“Los hogares de tres generaciones son la mejor escuela para la vida”

Desde la subordinación de la mujer al hombre, llegando a la paridad e igualdad, hoy Francisco invita a la reciprocidad entre los sexos. ¿Cómo entender esto y su efecto en la felicidad de las personas y las familias?
– El Papa suele hablar de la “complementariedad en la diferencia”, dentro de un marco de igualdad. Es un gran defensor de la mujer y ha denunciado muchas veces las actitudes machistas, desde el vicio de no escuchar hasta la desigualdad de salarios. Lo que más le duele y le espolea a actuar es ver las injusticias contra las mujeres.

Usted fue testigo del Sínodo de la Familia y ahora que ha pasado un par de años, ¿cómo podría resumir su importancia para las personas y el mensaje que ha dejado?
– Los dos sínodos sobre la familia nos ayudaron a todos a ser realistas: a darnos cuenta de los problemas y de la enorme dificultad para crear y mantener estable una familia. El mensaje está bellísimamente recogido en el documento La alegría del amor, que conviene leer con frecuencia, especialmente el capítulo cuatro. El amor es lo que hace funcionar una familia, y hay que aprender a protegerlo y multiplicarlo.

En relación al tema de la alegría, el Papa dice que los niños nos enseñan a reír y llorar, dos capacidades que perdemos los adultos… ¿Encierra esta afirmación una especial definición de familia para el mundo de hoy?
– Muchas de las cosas que dice Francisco son puro sentido común y sabiduría de siglos. El problema es que han sido ocultadas en una cascada de publicidad, de consumismo, de películas y series televisivas que corroen el corazón. Si el tabaco causa cáncer de pulmón, la falta de generosidad causa cáncer del alma, impidiendo reír y llorar.

Usted menciona una audiencia en que habló sobre la ausencia del padre. ¿Qué le impactó de ésta?
– Igual que Juan Pablo II, que también trabajó en una empresa antes de ir al seminario, Francisco sufre al ver que los padres no regresan a casa, dejando a la madre sola y a los hijos sin la experiencia de disfrutar del padre, que es un elemento estabilizador psicológico de primera magnitud. La maduración humana de los niños requiere el contacto amoroso con una madre y un padre, cada uno con estilos distintos pero complementarios.

Los jóvenes y ancianos también han sido miembros de la familia a quienes el Papa ha dedicado palabras especiales, ¿por qué?
– Nuestra sociedad glorifica a los jóvenes, pero al mismo tiempo les engaña y les deja la carga de la deuda pública. Por eso es necesario que aprendan de los abuelos y que aprendan a querer a los abuelos. Los hogares de tres generaciones son la mejor escuela para la vida. Quien no ve el cariño de los propios padres hacia los suyos -los abuelos-, probablemente les considerará un lastre cuando ya no le sean útiles.

La visita del Papa Francisco en Chile

Con respecto los temas que usted destaca en su libro como “clave” en el Pontificado del Papa Francisco (la alegría de evangelizar, la salida hacia las periferias, la revolución de la ternura y la misericordia y el cuidado amoroso de las personas y la naturaleza), ¿cómo piensa que los aplicará en Chile?
Tengo la impresión de que se están aplicando ya, aunque convendría aumentar el ritmo. En todo caso, su presencia y sus mensajes ayudarán a definir prioridades. Llevo veinte años observando que -por la abundancia de información directa y la ausencia de intereses económicos o militares- los Papas hacen el mejor diagnóstico de la situación de cada país y dan las mejores recetas. Después, unos hacen caso y otros no.

El punto fuerte del Papa Francisco: Hablar sin papeles

¿Tiene alguna anécdota personal con el Papa Francisco?
– Haber hecho veinte viajes internacionales con el Papa me ha dado oportunidad de mantener otras tantas conversaciones personales breves en el viaje de ida, mientras que en el de vuelta tenemos una conferencia de prensa. Mi mejor recuerdo es su gran sonrisa cuando le pedí que dedicase a mi madre de 92 años un ejemplar de mi libro El Papa de la alegría. Le escribió una frase muy cariñosa.

¿Vendrá a acompañarlo en su viaje a Chile?
– Naturalmente, si Dios quiere. Me hace mucha ilusión. El itinerario es bonito y el Papa puede hablar en español, lo cual le da mucha más libertad de improvisar y hablar sin papeles, que es uno de sus puntos fuertes.

¿Por qué nació la idea de escribir sobre Francisco?
– Aunque le conocía desde el 2001, al comienzo del pontificado devoraba biografías para entenderle mejor. Después me di cuenta de que estaba logrando resultados a un ritmo mucho mayor que Juan Pablo II al comienzo de su pontificado. A los tres años el conjunto del mensaje y los resultados era ya muy extenso. Hacía falta que alguien los presentase en el contexto mundial. Como vi que nadie lo hacía, me lancé yo…

 

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