Escrito por María José Harismendy / Nº 250 /  30 August 2017
Mindful Eating: Dejemos de comer sin sentido y aprendamos a nutrir el cuerpo

Comer es un acto muy ligado a los sentidos y a las emociones. Hacerlo de manera consciente nos ayuda a relacionarnos con los alimentos de una manera más saludable, y también a dejar de usarlos, muchas veces, como un consuelo para enfrentar sentimientos como la pena, la ansiedad o la frustración.

El agitado ritmo de vida actual, el alto consumo de alimentos procesados o los malos hábitos a la hora de comer son, por nombrar algunas, variables por las que hoy se hace más necesario que nunca dar una vuelta de tuerca y proponernos como familia un cambio en nuestras conductas alimenticias.

El Mindful Eating es una técnica de alimentación que enseña a comer de manera consciente, a estar plenamente atentos a qué nos metemos a la boca, a darnos cuenta si estamos comiendo por comer o realmente porque tenemos hambre, y a tratar de relacionarnos de una manera más sana con la comida.

La práctica de este método conlleva a que tomemos buenas decisiones al momento de comer. Y al involucrar la mente en este proceso, consumiremos solo los alimentos que sean necesarios. La premisa es escuchar a nuestro cuerpo. Al mismo tiempo, nos enseña a distinguir qué tipo de hambre tenemos.

Aunque existen nueve alternativas, solo dos son reales: la fisiológica y la celular (que tiene que ver con los nutrientes que necesita nuestro cuerpo). Las siete restantes son provocadas por estímulos sensoriales externos, como el hambre visual, olfativo, táctil o auditivo. Pero también existe el hambre sicológica o del corazón, que es aquella que aparece junto con la ansiedad, y que va asociada a un estado anímico, a una emoción, como la pena, frustración, estrés o simplemente aburrimiento.

La sicóloga y coach en Mindful Eating, Pamela Maercovich, describe cuáles son los principales pilares de la alimentación consciente y los beneficios de prácticar esta técnica.

Beneficios del Mindful Eating

Quedar satisfecho sin tener que comer de más.
Disminuir la ansiedad, los deseos compulsivos y los atracones.
Capacidad de distinguir el hambre real/fisiológica de la ansiedad y saber cómo parar.
Mejorar la relación con la comida, viéndola como una herramienta de autocuidado, que nos hace sentirnos bien y aprender a saborearla sin culpa, ni vergüenza.
Conectarse con el cuerpo y sus necesidades.
Cambiar el estilo de alimentación y los malos hábitos, lo que conlleva a tener una vida más saludable, que nos permita prescindir de las dietas con efecto rebote.

“El rol de los padres para que sus hijos aprendan a comer de manera consciente es fundamental”, señala la experta. Estos son los consejos de cómo practicar el Mindful Eating en familia:

Ayuda a identificar si es hambre real o sicológica, pregúntale a tu hijo qué le dice su guatita.
Enséñales a comer lo justo. El máximo de llenado del estómago debe ser 4/5 de este, el repletarlo se traduce en sobrepeso, cansancio y falta de energías.
Estén atentos a lo que quieran comer los niños, a veces pueden ser antojos, pero muchas veces puede estar conectado con el hambre celular, que tiene que ver con algún nutriente que el cuerpo requiera.
No premies ni castigues con la comida. El hacerlo puede provocar una relación de amor y odio, desvirtuando el real significado de qué le hace bien al cuerpo y por qué nos nutre.
Elimina cualquier elemento que los distraiga. Por ejemplo, no permitas que coman frente al televisor, celular o computador. Hacerlo hace que traguemos de manera automática, lo que provoca que muchas veces sintamos que no comimos.
Que la hora de comer sea un espacio de encuentro familiar, un momento de conexión que nutre el hambre emocional.
Denle a cada uno la porción que corresponda. Diferencia la ración que se le da a un niño con respecto a la del adulto.
Permíteles dejar en el plato si no tienen más apetito.
Decoren sus platos. Este es un llamado a la creatividad al momento de servir los alimentos. Lleva a la mesa platos coloridos o forma figuras con los distintos componentes.
En familia, permíteles saborear, observar colores, tocar texturas y oler los alimentos antes de consumirlos. Más allá del prejuicio cultural de hacerlo en la mesa, eso les permitirá conectarse con los aromas y maximizar los sabores.
Enséñale a tus niños que después de un bocado bajen al plato el tenedor o la cuchara, el sándwich o la galleta, para así sentir los diferentes sabores en su boca.
Invítalos a respirar entre bocados, esto les permitirá comer más lento y no sólo tragar, y así podrán experimentar la sensación de saciedad.
Abránse como familia a probar diferentes alimentos que les puedan provocar nuevas sensaciones, más allá si a algún integrante no le gusta algo.

Pilares del Mindful Eating

Cuánto y por qué estamos comiendo: En vez de poner la medida en el plato, tenemos que tratar de restablecer la conexión de la señal hambre-saciedad con el estómago, lo que nos permitirá decidir cuál es la cantidad en base al llenado del este. Así aprenderemos a comer lo justo.

Cuándo: En qué situaciones lo hacemos. Debemos estar atentos sobre todo en reuniones sociales, fines de semana o vacaciones, en las cuales estamos más distraídos, o cuando llegamos a la casa e impulsivamente abrimos el refrigerador. Es decir, al todas esas instancias que puedan provocar un desequilibrio en la alimentación.

• Dónde: La procedencia de los alimentos que vamos a consumir, si son más naturales o si son procesados. De qué lugar vienen.

• Cómo: Si lo estamos haciendo de manera consciente o no. Si lo estoy disfrutando, si lo hacemos frente a la televisión o al computador, e incluso si estamos tragando de manera automática.

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