Escrito por María Ester Roblero / Nº 251 /  30 September 2017
El sentido del humor

Como todos los valores humanos, el “buen humor” es un hábito que se aprende especialmente en la infancia, en el hogar, a través del ejemplo de los padres y hermanos. Es un valor que hace posible alcanzar dos ansiadas metas en la vida: primero, la felicidad, ya que permite disfrutar más, compartir con otros y ver el lado positivo de las cosas; y en segundo lugar, ponerse de pie y remontar después de una caída o sufrimiento, siendo una de las más importantes fortalezas del carácter de una persona. De ahí la importancia de enseñar este valor a través del ejemplo y con un estilo de paternidad que lo tenga siempre presente. También en la escuela el humor es una herramienta educativa muy eficaz, de ahí esta frase: “Si se goza educando, se aprende riendo”.

El sentido del humor suele asociarse con la capacidad de reírse y hacer reír a otros. Y, en parte, es así. Sin embargo, es mucho más que eso:
El sentido del humor es una forma de encuentro y comunicación muy especial con los demás, que genera cercanía y bienestar. A través del humor logramos con nuestros hijos más intimidad y confianza; en la relación de pareja, complicidad; y con los equipos de trabajo, el humor aumenta la energía ya que combate el estrés.
Es, además, un mecanismo intelectual y psicológico muy sofisticado, que permite enfrentarse a las situaciones más complejas sin dejarse arrastrar por los problemas, lo que ayuda a enfrentarlos con optimismo.
Está muy emparentado con la creatividad, al igual que otras que conforman las características de la persona resiliente: habilidad, adaptabilidad, baja susceptibilidad, enfrentamiento efectivo, conductas positivas y habilidades cognitivas.

Siendo tan importante este valor, ¿cómo transmitirlo y enseñarlo a nuestros hijos?

Habilidades que debes desarrollar:

Capacidad de observar el entorno, las personas y situaciones, descubriendo su lado lúdico. A través del juego en la primera infancia y de las conversaciones, a medida que los niños crecen, podemos enseñarles a ver las cien caras de la realidad: desde nubes con formas, personas parecidas, sonidos diferentes…

Actitud positiva ante las contrariedades. Hoy la psicología nos ha enseñado términos muy importantes a la hora de criar, como enseñar a tolerar frustraciones, poner límites y expresar emociones. Es difícil lograr todo eso sin una dosis de humor. Nuestro ejemplo como padres vitales, alegres y positivos, es clave.

Apertura social, independiente del carácter introvertido o extrovertido del hijo. Porque el sentido del humor siempre es encuentro con otros, ya sea para compartir un chiste o reírse de las bromas de otros. Al compartir la mesa en familia y reírse juntos, se reafirma la necesidad de los demás, se lubrican las relaciones, se enfrentan juntos tensiones y se cultiva un estilo de complicidad entre todos.

buenhumor-cuadro-251Cómo enseñar el sentido del humor a los hijos desde pequeños:

Usa el componente motivador del humor, desde que tus hijos nacen, en los mil momentos de la vida: a la hora de jugar pero también al alimentarlos, bañarlos o hacerlos dormir.

Enséñales a reír. Los padres positivos son modelos de esperanza para toda la vida.

Ayúdales a comprender el mundo que nos rodea de modo jocoso: a los niños pequeños les dan mucha risa las situaciones incoherentes como que te pongas un plato de sombrero, porque ellos saben que el plato no es para eso.

Si observas que tus hijos son naturalmente vergonzosos en sus relaciones con otros, intenta que puedan jugar y reír con otros niños poco a poco, sin forzarlos pero sin aislarlos por una malentendida sobreprotección.

Genera un estilo familiar de relación con la risa, sin gritos ni tensiones.

Vive los típicos juegos que hacen reír a los niños chicos: batallas de almohadones, jugar a las escondidas dentro de casa, contar chistes, disfrazarse…

A medida que crecen:

Escucha con atención sus chistes y ríete aunque sean fomes o conocidos.

Aprovecha los pequeños incidentes cotidianos para reírse y no dramatizar. Es un valioso ejemplo que reduce los miedos de los niños, combate los sentidos de culpa o vergüenza y aporta buenos recuerdos familiares.

Juega con ellos a la mímica, bachillerato y otros, que entrenen su cerebro para darle la vuelta a las situaciones y responder con rapidez. Recuerda que el sentido del humor ayuda a desarrollar la inteligencia y la rapidez de reflejos.

Sé ejemplar al no permitir burlas, ironía, sarcasmo y ridiculización constante a los demás. Eso no es humor.

En la adolescencia:

Sigue fomentando la risa en tus hijos, sin creer que ésta es sinónimo de inmadurez. En esta etapa, algunos adolescentes comienzan a criticar a sus padres, profesores y entorno. Es normal. Pero esa crítica social no debería arrastrarlos al pesimismo, desencanto o pasividad.

No tengas miedo de reírte de ti mismo ante tus hijos. Con esto les estás enseñando que verse desde una perspectiva cómica genera afecto en los demás, entendimiento, apoyo y favorece relaciones más cercanas con los otros.

No admitas burlas ni sobrenombres, mucho menos la vulgaridad. A esta edad hay que estar alerta a esa dimensión destructiva del humor. Hay que saber reírse con los demás y no de ellos. Y, por supuesto, que los demás se rían con uno y no de uno.

Ver películas cómicas juntos, hacer deporte al aire libre, revisar álbumes de fotos antiguos, entre otras, son situaciones que generan momentos de risa. Dales espacio porque es la mejor inversión en tiempo para que en tu casa existan relaciones sanas.

Check list para vivir el valor del humor en la escuela

El académico e investigador Jesús Fernández, autor del libro El valor terapéutico del humor, enumera 50 motivos para emplear el sentido del humor en la escuela. Estos son los más importantes:

Genera un ambiente positivo y constructivo.
Evita conductas agresivas y hostiles.
Crea interés y fomenta la buena disposición.
Facilita la relación e interacción.
Ayuda a afrontar las situaciones de desánimo.
Consigue que el grupo se divierta.
Aumenta la cohesión entre los miembros del grupo.
Aumentan las oportunidades de pasarlo bien.
Confía en el acuerdo del grupo.
Manifiesta interés por los otros.
Demuestra la cercanía con los otros.
Testimonia naturalidad en la relación.
Provoca la pertenencia el grupo.
Posibilita un clima cálido y cercano.
Ayuda a descargar la tensión.
Ofrece seguridad para afrontar dificultades.
Potencia la necesidad de aprender.
Motiva los miembros del grupo.
Ayuda a escuchar y entender a los otros.

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