Escrito por Daniela Aguilera / Nº 251 /  30 September 2017
Resiliencia: Una cuestión de actitud

Al igual que un músculo: se crea, se trabaja y se construye. La resiliencia se fortalece planificando y teniendo una actitud positiva, sin dar las cosas por hecho y nunca dejar de sentirse agradecido.

Amo mi trabajo. Son dos programas de radio, que me permiten tener contacto diario con chilenos que viven acá y en también en otros países. Nos llaman, me cuentan sus historias y opinan. Recogiendo algunas de ellas, me ha impactado mucho la capacidad de resiliencia que tienen algunas personas y sus destacables historias.

Una de ellas es Mónica Contreras, que el otro día me escribió a mi cuenta de Instagram (@dani_aguilera) y me mostró una foto de su hijo cuando se vieron las caras por primera vez. ¿Adopción, le pregunté yo? No, me dijo. Y ahí comenzó su historia.

resiliencia-monica-251“Nació un ocho de marzo, con 34 semanas de gestación. Lo vi a la pasada, no lo pude tocar. Estaba con la presión alta y al día siguiente tuve una hemorragia interna que derivó en que me sacaran el útero”. A los seis días, Mónica fue dada de alta sin su hijo, que por ser prematuro tenía que estar internado en la neonatología. Su historia cambió nuevamente. “A los dos días presenté una septicemia, por la que fui ingresada de urgencia. Me operaron de nuevo. Ellos cuentan que llevaron a mi hijo para que lo tocara, yo poco recuerdo. Estuve entubada cuatro días en la UCI, y otros 15 días en la UTI con riesgo vital. Cuando llevaron a mi hijo de 8 años a saludarme, entendí que estaba realmente grave”, recuerda. Mónica perdió la visión debido a un alza de presión, convulsionó, y logró salir del hospital recién el 12 de mayo, poco más de 2 meses luego de ingresar para tener a su hijo. “¡Estuve muchas veces grave, pero Dios dijo otra cosa y salí adelante…no dejaría solos a mis tres hijos! Tengo ocho operaciones y aquí estoy, han pasado casi cuatro años, y hace un año volví a trabajar”, cuenta. Sin embargo, las enfermedades no hacen mella sólo en lo físico, sino que también en el bolsillo. Su marido debió hacerse cargo de su hijo, primero en la neonatología y después en la casa, mientras Mónica se recuperaba. Eso generó que lo despidieran de su trabajo por sus constantes inasistencias.

Al leer este testimonio, no pude parar de preguntarme cómo o de dónde surge la resiliencia. Según la psicóloga clínica de adultos y especialista en psicoterapia, Sandra Montoya esta no es necesariamente una característica genética pero sí podría tener que ver con los recursos psíquicos de la estructura de cada persona. Con esta descripción, al menos a mí, me dan más ganas de blindar a mis niños para que estén preparados para las sorpresas de la vida.

resiliencia-cristian-251CAMBIO DE RUMBO

Sorpresa como la que le tenía preparada el destino a Cristián Figari. Joven, buenmozo, colorín con ojos alegres y amables. Debido a la tradición naval presente en su familia, ingresó a la Escuela a los 18 años y a los cuatro egresó, estando siempre dentro de las diez primeras antigüedades. “Todo en la Marina es súper ordenado. Cuando egresas, te vas a la Esmeralda, y después te destinan dónde te necesiten. Y así tienes tu vida armada por 30 años. Así estaba yo. Todo en ritmo, hasta que en cuarto año me encuentran un tumor en el pie y se me derrumba todo”.

Cristián fue operado de ese tumor el primero de julio. Tenía 21 años. Al terminar el mes cumplió los 22 y comenzó un largo periplo. “Le puse con todo a la recuperación. Egresé, juré a la Bandera, (que era mi sueño), y me fui a la Esmeralda, con hartas molestias, pero lograba subir a las velas perfectamente. A la vuelta había postulado para que me destinaran a Punta Arenas, y antes de partir me hice un chequeo de rutina y el tumor volvió a aparecer… Ahí recién pensé: ¿Por qué me está pasando esto? ¿Por qué si lo había hecho todo bien, la vida ahora me estaba tratando mal? Antes pensaba que era así. Ahora, en cambio, lo veo como un regalo”.

Año y medio después de la operación, la Armada envió a Cristián a la ciudad de Houston, en Estados Unidos, para un control de rutina. Estando allá recibió un nuevo golpe. El tumor había crecido. “Yo lo sabía, el dolor aumentaba y los zapatos ya no me entraban. Partimos con quimioterapia, pero fue solo una etapa de preparación para la amputación. ‘Una vez que tomes la decisión, la hacemos’, me dijeron”, recuerda.

A los cuatro meses de la quimioterapia, el tumor de Cristián había crecido en un 20%. “Fui donde mis papás y les dije que tenía hora con el doctor e iba a pedir que me amputara el pie. No fue un arrebato. Hice una tabla con dos columnas con las cosas empíricas que había hecho y por el otro lado todas las terapias alternativas. El último check fue que, a pesar de todos los tratamientos, el tumor seguía creciendo”. “Papá, Mamá, esto se acabó. No puedo vivir así, me duele mucho”, les dijo.
De ahí en adelante, las metas que se propuso Cristián siempre han sido muy claras. Al día de la operación ya subía escaleras. Al mes, con mucho esfuerzo logró asistir a un seminario sobre liderazgo que se realizó en Viña del Mar, y al año hizo un diplomado en Coaching. “La actitud frente a las cosas, frente a la vida, fue la que me impulsó a salir adelante, y hoy le quiero regalar al mundo un poco de esa actitud”, señala.

A través de su blog, Actitud Mundo, Cristián recomienda una cuidadosa selección de conferencias, escritos y pensamientos motivantes para tener una actitud positiva en la vida. También forma parte de Náutica para todos, una ONG que tiene por objetivo desarrollar y masificar la Náutica Inclusiva en Chile y Sudamérica. Para ello, utilizan veleros inclusivos Hansa Sailing y cuentan con el apoyo de la fundación australiana Sailing for Everyone Foundation Inc.

resiliencia-Felipe-Arevalo-251A PUNTA DE ESFUERZO

Otra persona que también sabe de resiliencia es Felipe Arévalo Lagos. A Pipe, como le dice todo el mundo, lo conocí también a través de Instagram (@pipeandresarevalolagos). Seleccionado nacional de tenis adaptado de pie (TAP), nació sin una pierna y con los brazos un poco más cortos producto de una malformación congénita. Lo empecé a seguir porque sus fotos me inspiraron fuerza, superación y ambición. Ambición de la buena, de esa que sirve para mejorar cada día y contagiar al resto. La historia de Pipe me impactó en muchos sentidos. Él me enseñó no solo de resiliencia desde un punto de vista psicológico y mental, sino también desde una dimensión que tiene que ver con el amor fraternal.

Su historia comienza cuando sus padres lo adoptaron siendo muy pequeñito. Su madre, igual de fuerte que él, lo ingresó muy chico a la Teletón. Cuando cumplió cinco años, hicieron contacto con unas personas de Quillota, ciudad donde vive junto a su familia, y lograron que Felipe fuera incluido en un centro de rehabilitación en Estados Unidos donde todos los años lo atendieron y fueron adaptando sus órtesis a su crecimiento. Una hazaña hecha a punto de esfuerzo por una mujer muy fuerte.
“El apoyo fundamental y principal para mí son mis padres. Lo han sido todo en mi vida. La historia de mi adopción es larga, pero maravillosa. Llena de lucha, garra y sobre todo de amor. Soy feliz de la vida que tengo. Soy feliz de ser quién soy”, me cuenta.
Pese a su constante e innegable actitud resiliente, Felipe ha tenido una vida difícil. “En mis 24 años de vida me ha tocado vivir todo tipo de situaciones”, confiesa. A veces lo miran raro, otras lo tratan de pobrecito o enfermito. “Creo que falta que la sociedad entienda que, a pesar de que somos distintos físicamente, tenemos las mismas o mejores capacidades que otros para hacer exactamente las mismas cosas que todos los demás”, comenta.

Hoy, Felipe Arévalo está en el puesto décimo tercero del ranking de TAP en el mundo, y día a día se las arregla para continuar representando y defendiendo el nombre de Chile en esta disciplina.

¿Es posible estimular la resiliencia?

De acuerdo a la sicóloga clínica de adultos y especialista en psicoterapia, Sandra Montoya, hay personas que son “naturalmente” resilientes y otras que no. Sin embargo, es una capacidad que se puede estimular. “La resiliencia es como un músculo, se trabaja, se construye, se fortalece”, comenta.

“En los adultos, la resiliencia se puede enseñar principalmente en psicoterapia, fortaleciendo los recursos psíquicos, los mecanismos de defensa, además de la creatividad y la autoestima. Al mismo tiempo, se recurre a todas las características positivas y adaptativas que tenga la persona para poder sobrellevar situaciones que son difíciles y dolorosas. El objetivo es que aprenda a rescatar lo positivo, además de un aprendizaje de cada experiencia”, señala.

En los niños, la experta aconseja que los padres sigan estas seis recomendaciones con el fin de enseñarles poco a poco la importancia de levantarse frente a situaciones que no salen como lo esperábamos:

1. Fomenta (siempre) el optimismo en tu casa.
2. Ten una mirada positiva frente a la adversidad.
3. Estimula la perseverancia.
4. Ante los momentos difíciles, inculca la tenacidad.
5. Fomenta deportes en equipo, siempre fortaleciendo la mirada positiva.
6. Prioriza actividades familiares y con amigos.

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