Escrito por María José Harismendy / Nº 253 /  22 November 2017
Cómo gestionar y aterrizar las expectativas

La parentalidad es un proceso que la mayoría de las personas deciden experimentar en algún minuto de sus vidas. Un estado que además de generar expectación, trae consigo grandes incertidumbres acerca de nuestro rol como padres y sobre la vida que nos gustaría que tuvieran nuestros hijos. Pero no hay que angustiarse. Lo importante es no descuidar lo que realmente importa, que es que nuestros niños sean personas felices y que desarrollen sus talentos e intereses. Esto les permitirá forjar su identidad de manera libre y sin presiones.

Desde el minuto en que empezamos a planificar ser padres o agrandar la familia, se nos presentan miles de situaciones con respecto a nuestros hijos que nos gustaría mantener bajo control. ¿Cuánto tiempo dormirá en nuestra pieza?, ¿a qué edad empezará a comer azúcar?, ¿a qué colegio irá?, ¿qué tipo de alimentación le daremos?… Son algunas de las expectativas que poco a poco nos empezamos a plantear. Asimismo, comenzamos a tomar un montón de decisiones que incidirán en el desarrollo de nuestro futuro hijo, sin darnos cuenta que el exceso de control nos hace olvidar que nuestros hijos son personas, y no un producto más al que tengo acceso o puedo moldear a mi antojo. El niño es una persona con características específicas, con capacidades y necesidades particulares, con gustos propios y talentos que tendremos que ayudarlo a descubrir y desarrollar.

Para la psicóloga clínica, Magdalena López “es en este momento en que se produce un quiebre, entre mis expectativas y la realidad. Esta disociación entre lo que yo esperaba y lo que es, solo se logra asumir cuando los padres son capaces de flexibilizar su ideal de hijo, para empezar a conocer y sintonizarse con el nuevo integrante de la familia, el hijo real”.

Porque el problema no es que tengamos expectativas entorno a nuestros hijos, al contrario es natural que así sea, el punto está en que éstas muchas veces no se condicen con la realidad.

Al no flexibilizar nuestra postura podremos generarles frustración y hacerlos sentir que no están a la altura de lo que nosotros esperábamos de ellos, y hacer que se rindan fácilmente, ya que están conscientes que no lograrán lo impuesto por nosotros.

Lo que debemos hacer es fijar expectativas de acuerdo a los talentos y capacidades de nuestros hijos, y que éstas sean acorde a sus gustos y a lo que ellos sientan que quieren ser, así les ayudaremos a desarrollar sus competencias, permitiéndoles desarrollarse de una buena manera, sin presiones. De esta manera, lograremos que crezcan con seguridad y confianza en sí mismos.

EXCESO DE INFORMACIÓN

Otro factor importante a analizar es el fenómeno de las falsas expectativas por el exceso de información que hoy manejan los padres y los que tienen ganas de serlo. Junto a la gran cantidad de libros, manuales o cientos de blogs que prometen entregarnos la receta ideal para criar a nuestros hijos, hacen de que este proceso muchas veces pierda su naturalidad. Peor aún, pueden acentuar la ansiedad que nos genera la parentalidad y llevar las expectativas, de nosotros como padres y las que tenemos de nuestros hijos, al límite.

Un estudio que se realizó en España, muestra que sólo un quinto de las madres sintió que el manual de crianza fue útil, y solo el 22% manifestó que parecía tener más control. Asimismo, el 53% dijo sentirse más inquietas frente a la maternidad, y que a ratos tenían la sensación que estaban haciendo todo mal.

Pero, ¿por qué razón los libros no le sirven a la mayoría de los padres? De acuerdo a Magdalena López, al momento de criar resulta muy difícil seguir pautas al pie de la letra, porque todos los niños son diferentes, todos tienen diversas necesidades y porque las experiencias son distintas en cada uno de ellos.

“Hoy existe una gran industria que entrega la falsa idea de que se puede comprar la sensación de control sobre todas las variables de las vidas de nuestros hijos, lo que hace que los padres tiendan a apoyarse en ellos para tomar decisiones respecto a la crianza. Si bien, es importante investigar e instruirse, solo debe tomarse como información complementaria a la intuición, ya que nadie conoce más sus hijos que los padres”, comenta López.

No existen fórmulas mágicas que se adapten a cada niño, son los padres los que deben discernir lo que es mejor para sus hijos teniendo en cuenta las características y particularidades de cada familia. La gran receta es buscar momentos para relacionarnos con nuestros hijos, darles parte de nuestro tiempo, y que éste sea de calidad, no basta con estar en el mismo lugar físico. “Es necesario jugar, dialogar, interesarse por saber de ellos, qué opinan de las experiencias que van teniendo, qué cosas les gusta hacer, qué les pareció la película que vieron juntos, sus personajes favoritos. Básicamente comunicarse y conocerse, es esencial para poder orientar su formación, para guiarles en la vida, para ser parte de sus frustraciones y de sus alegrías. Como padres, tenemos que ser agentes activos de su historia”, finaliza la experta.

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