Escrito por Priscilla Heiss / Nº 253 /  22 November 2017
Educar mirando a los ojos y no su éxito

Enseñarles a nuestros hijos lo que es realmente importante resulta una hazaña cada vez más difícil. Corren tiempos en que los valores fundamentales han perdido importancia frente al éxito y los bienes materiales. En este panorama -a ratos perturbador- debemos esforzarnos por recuperar y transmitir la esencia de del ser humano, con el fin de que nuestros hijos puedan recorrer su vida de la mejor forma; con altos y bajos, pero seguros de que el esfuerzo, el amor, y la honradez son valores imposibles de transar.

No hay duda que el mundo en el que vivímos hoy es bastante lejano al que vivían nuestros padres o abuelos. Basta con abrir el diario o navegar en la web para encontrarse con un mar de noticias relacionadas a casos de corrupción, engaños o colusiones, lo que habla de una importante crisis moral que no deja ajeno a nadie. Lo cierto es que vivir y criar niños en este mundo no es tarea fácil. Y es que los modelos esenciales han sufrido efectos. Si antes la honorabilidad, el respeto, la sinceridad eran modelos a seguir, hoy éstos han sido reemplazados por el éxito, la fama, el dinero y el poder.

Es en este mundo en el que con el tiempo hemos empezado a competir en una alocada carrera por criar y educar niños cada vez más exitosos.
Para la especialista española Celia Rodríguez Ruíz, Licenciada en Psicología por la UNED y Licenciada en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid, educar es una labor que tiene, entre otros fines, el fin de preparar a las nuevas generaciones para desenvolverse con éxito en la sociedad, por eso la educación es un reflejo de las demandas y necesidades sociales. Es así como encaja perfecto esta tendencia de los padres de hoy que viven en una carrera constante por criar hijos con éxito, lo que corresponde a un reflejo y consecuencia del tipo de sociedad en la que nos desenvolvemos.

“Vivimos en una sociedad competitiva e individualista, con una crisis enorme de valores humanos, donde el valor de la persona se mide por sus éxitos, no por lo que es en su interior. En esta sociedad actual si no tienes éxito no eres nadie y no tienes valor. Pero no vale cualquier tipo de éxito, tiene que ser uno que los demás admiren e incluso envidien. Se trata de un tipo de éxito competitivo. Más que tener valor por el logro y la superación personal, lo tiene porque nos permite ser mejor que los demás”, señala Rodríguez.

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En relación a lo anterior es que los padres también ven la crianza como una oportunidad de éxito, y de mostrarlo al resto para sentirse mejores y hacer frente a sus propios fracasos sociales. “Los padres tienen la necesidad de mostrar el éxito para cubrir una necesidad social de reconocimiento. Esta necesidad es natural, todos en cierto modo necesitamos el reconocimiento y la aceptación de nuestros congéneres, de nuestro grupo social. El problema es que esa necesidad hoy en día, se centra en valores superficiales y se torna primordial, dejando de lado el propio reconocimiento y auto aceptación”, señala Celia Rodríguez.

Vitrina virtual

Es precisamente en esta realidad en que las redes sociales han tomado un lugar imponente, y si bien han traído beneficios inmensos también representan una “vitrina virtual” enorme en las que diariamente ponemos al descubierto nuestra vida, intereses, y supuestos “éxitos”.
Para muchos hoy vivir sin Facebook o Instagram sería un desastre. Su uso, además de ayudar a contactarnos con gente que no vemos seguido, puede derivar en una práctica adictiva por vivir en un estado constante de apariencia positiva y exitosa.

La dramaturga y escritora peruana Mariana de Althaus, escribió sobre esa necesidad de los padres de hoy por que nuestros hijos destaquen y de que todos se enteren de sus hazañas, lo que se transforma en una verdadera fuente de ansiedad, sobre todo en las redes sociales. “Suele ocurrir que detrás de una mujer o un hombre que muestra constantemente la ‘genialidad’ o los logros de sus hijos en redes sociales, hay una persona insatisfecha con sus propios logros y los de sus hijos funcionan como medallas que permiten disimular que no hemos conseguido nuestras propias medallas”, comenta.

Frente a esta vitrina de las redes sociales, Celia Rodríguez comenta que hoy estas plataformas se convierten en una herramienta excelente para cubrir las necesidades de aceptación y de reconocimiento. Pero esta cobertura es aparente, no es real, y en lugar de afrontar la necesidad y reducirla, incrementan la misma. En este sentido explica que cuando una persona expone en sus redes sociales sus logros y los de sus hijos, premios y éxitos, lo hace porque necesita que los demás le reconozcan, ya que esconde una baja autoestima e inseguridad personal. Es entonces cuando al exponer sus aparentes éxitos y obtener reconocimiento por parte de los demás, a través de “likes” y comentarios, se alimenta su autoestima, pero no se desarrolla. La autoestima sigue siendo baja, pero por un momento se puede sostener a base de reconocimiento externo, que genera un aparente y ficticio bienestar y sensación de seguridad.

En búsqueda de lo esencial

Es precisamente en este mundo moderno en que también nos hemos olvidado de la educación de nuestros padres la que estaba basada más en la felicidad que en el éxito, en la honestidad más que en la fama. Por su parte Mariana de Althaus, cree que hoy las familias con menos hijos hacen que los padres los vean como verdaderos tesoros y estén constantemente bombardeados por información sobre crianza.

“En mi caso, mis padres me dejaban aburrirme durante horas, no sintieron la necesidad de meterme a mil clases particulares de inglés, natación, etc. Precisamente esas horas de aburrimiento me desarrollaron la creatividad y la imaginación. Tampoco me trazaron metas, me dejaron descubrir mis propios talentos y me permitieron desarrollarlos, aun cuando eran talentos que normalmente no producen dinero ni notoriedad. Además desarrollaron en mí el culto por el pensamiento, la lectura, el trabajo y el respeto a los demás, por encima de todas las cosas”, recuerda.

Celia Rodríguez cree que en estos tiempos debemos más que nunca enseñar el valor del esfuerzo a nuestros niños, ayudarlos a comprometerse con sus metas, pero no con el fin de tener éxito, sino con fines más humanos, menos superficiales. “Se trata de educar a los niños para que se superen a sí mismos, para que acepten sus fracasos y aprendan de ellos, pero no para que sean mejores. La recomendación es de sentido común, dejemos de comparar a los niños, dejemos de valorarles por sus logros (calificaciones, logros deportivos, etc.) y empecemos a valorar su persona, su camino y sus intentos. Debemos alejarnos de etiquetas y nosotros los adultos mirar en el interior, alejarnos de las redes sociales y aprender a dejar esta absurda competición. Quizás el primer paso de este reto educativo es una transformación personal, un cambio de perspectiva, cuando los adultos nos alejemos del estrés conseguiremos que los niños también lo hagan”, enfatiza.

Educar el carácter

Resulta fundamental que en este escenario en el que nos ha tocado criar, recordemos la importancia de educar desde pequeños el carácter de nuestros hijos. Nicky Morgan quien fuera ministra británica de Educación con David Cameron hizo bandera de la educación del carácter. “Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso”, decía en su cruzada por extender ese tipo de educación.

Pongamos en práctica estas actitudes con nuestros hijos:
• El ser entusiastas: Las ganas con las que hacemos las cosas, muchas veces puede marcar toda la diferencia.
• Tener metas claras: Enséñales a identificar qué es lo que desean realmente.
• Ser valientes: Las personas que logran sus sueños saben que deben enfrentarse a muchos obstáculos antes de triunfar.
• Ser imaginativos: La creatividad es la capacidad de ver lo que otros no. Debemos alentar sus sueños, su inventiva, ponerles retos.
• Tener confianza en ellos mismos: La confianza es muy importante en todos los aspectos, porque de allí surge la fuerza para seguir avanzando.
• Ser organizados: Esto no necesariamente tiene que ver con ordenar la ropa, sino más bien con establecer prioridades, y la prioridad máxima siempre debe ser el ser felices con quiénes somos y lo que somos.
• Ser persistentes: Enséñales a no ser una persona que se rinda ante el menor tropiezo, sino que asuman los desafíos como parte de la enseñanza y el crecimiento.
• Valorar: Pero sobre todo debemos enseñarles a valorar su vida, su familia, sus amigos, sus oportunidades, su salud, sus sueños, a ser conscientes de que entre millones de posibilidades, les tocó ser ellos y eso por sí solo ya los hace especiales.

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