Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 253 /  22 November 2017
El nuevo rol social de los abuelos

Los abuelos están para consentir. Los papás, para educar. Más de alguna vez escuchamos ese dicho y nos pusimos nerviosos al pensar que mientras estaban en su casa, ellos dejaron que nuestros hijos comieran dulces, vieran televisión y se durmieran a cualquier hora. Pero la verdad es que, aunque a veces no hagan las cosas como nos gustaría, los abuelos se mueven en un plano especial donde pueden aconsejar, traspasar valores y tradiciones, ser escuchados y vistos como aliados.

Hoy la conformación de la familia ha cambiado. Según la Encuesta CASEN 2015, un 17,5% de nuestra población está compuesta por personas de 60 años o más. Teniendo eso en cuenta, y de acuerdo a la Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez, realizada en 2016 por la Universidad Católica, en conjunto con la Caja de Compensación Los Andes, un 37,9% de los adultos mayores vive con sus nietos. “Es decir que en una de cada tres casas, conviven abuelos y niños, fenómeno que no se daba de forma muy frecuente hace algunos años. Además, casi un cuarto de las personas mayores se hace cargo de sus nietos todos los días o varios días a la semana, siendo principalmente mujeres adultas, menores de 75 años”, explica Valentina Vega, terapeuta ocupacional y coordinadora del voluntariado de la Fundación Amanoz, que busca aportar al mejoramiento de la calidad de vida de los adultos mayores.

Así es como los abuelos se han transformado en un apoyo importante para sus hijos en el cuidado de los nietos y en las labores del hogar. A la inversa, ellos son acogidos, protegidos y tienen más seguridad. Dentro de la encuesta de Calidad de Vida en la Vejez, Rosita Kornfeld, Directora Ejecutiva Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento, señala que los resultados arrojaron que los “adultos mayores no son una carga para la familia, más bien son un pilar fundamental de la misma, existiendo reciprocidad de apoyos”.

Teniendo en cuenta esto, en abril de este año la Cámara de Diputados aprobó una resolución que propone entregar un sueldo a los abuelos que cuiden a sus nietos, con la finalidad de hacer un aporte a la economía familiar y permitiendo que los papás de esos niños puedan trabajar tranquilamente sabiendo que los menores están bien cuidados.

“En las últimas décadas nuestra sociedad ha cambiado mucho en relación a la adultez mayor. Es así como hoy siguen siendo personas muy activas hasta avanzada edad. Al mismo tiempo, existen espacios sociales especialmente destinados a ellos, lo que promueve su bienestar físico y cognitivo. Aun así, los nietos pueden ser un gran estímulo para algunos adultos mayores ya que los invitan a conocer lo nuevo y en algún sentido reinventarse. Muchos abuelos se abren a la posibilidad de conocer nuevas tecnologías, músicas, tendencias urbanas, etc., como una manera de comunicarse con sus nietos. En este sentido puede ser tremendamente estimulante ya que los desafía a actualizarse y reinventarse, y de este modo no quedarse apegados al pasado, sino que aprender y nutrirse de las nuevas generaciones”, cuenta Gabriela Carreño, psicóloga del Departamento de Fonoinfancia, perteneciente a la Fundación Integra.

Los abuelos: una institución

Así, poco a poco los abuelos se han ido transformando en una institución dentro de las familias. Tanto, que en la década del 70 en Argentina, nació el término “abuelidad” derivado del inglés grandparenthood. La doctora Paulina Redler, psiquiatra y psicoanalista, fue quien introdujo esta palabra en la lengua española, que define al período de la vida otras veces conocido como tercera edad. Pero eso no es todo, la abuelidad habla sobre a relación de los abuelos con sus nietos como transmisores de valores, enseñanzas e identidad.

Este fenómeno se da porque al existir más distancia entre los mayores y sus nietos, respecto a la que hay entre padres e hijos, estos pueden enseñar con menor ansiedad y más relajo. Además, permite de alguna forma corregir los errores que se pueden haber cometido en el pasado con los propios hijos. Así, se transforman en mentores, compañeros, un pasaje al pasado, fuente de experiencia y sabiduría. Para la psicóloga, una de las funciones de la abuelidad es justamente ayudar los padres a posicionarse en este rol. Y para lograrlo, los abuelos deben apoyar a sus hijos desde un lugar de consejeros y no de autoridad. “Es cierto que muchos abuelos dedican gran parte de su tiempo al cuidado de sus nietos, sin embargo esto no debe confundirlos ya que los padres son quienes deben tomar las decisiones respecto del cuidado de los niños”. Esto no significa que los abuelos no puedan manifestar su opinión, sin embargo es la voluntad de los padres la que se debe imponer al final.

Su experiencia, un tesoro

Pasar tiempo con los abuelos es mucho más que pasarlo bien. Ellos son los guardianes de las tradiciones familiares, las raíces y el sentido de pertenencia. Y su experiencia entrega conocimientos valiosos a nuestros hijos sobre nuestra historia familiar, ayudándolos a conformar su propia identidad. En ese sentido, Carreño explica que el hecho de escuchar el relato de un abuelo, con sus buenos y malos momentos, sueños cumplidos y frustrados, permite a los niños ir anticipando episodios de su vida, sabiendo de antemano que habrá éxitos y fracasos en los que existe la posibilidad de reponerse. “Muchas veces nos cuentan sobre eventos muy difíciles de su vida frente a los que han sabido reinventarse, lo que resulta esperanzador para los niños, ya que de alguna manera se les transmite que han “heredado” la capacidad de hacer frente a la adversidad”, cuenta.

Por su parte, la terapeuta ocupacional de la Fundación Amanoz, relata que de acuerdo a un estudio realizado en Reino Unido, “los niños criados por sus abuelos suelen tener mejores relaciones con personas mayores. Además son menos hiperactivos y se portan mejor, sienten mayor apoyo frente a dificultades y un mayor afecto y contención por parte de la familia. También son más participativos en actividades sociales”.

Otro beneficio para los niños, tiene que ver con tener otros adultos disponibles cuando los padres se ven agobiados por sus tareas y no tienen la capacidad de estar presentes. “No solo pueden ayudar en el cuidado concreto de los niños, sino que también, desde su experiencia pasada pueden nutrir a los actuales padres, transmitiéndoles su propia historia ejerciendo este rol”, tomando lo bueno y aprendiendo de los errores, señala la psicóloga.
Pero los beneficios trascienden la crianza. Aquellas relaciones intergeneracionales, aportan muchos aspectos positivos, principalmente relacionados con la transmisión de la sabiduría adquirida durante toda la vida por parte de la persona mayor: conocimientos, experiencias, aprendizajes, valores, entre otros.

Lo bueno y lo malo

Los abuelos no son como los de antes. Hoy tienen teléfonos inteligentes, por lo que pueden compartir un lenguaje común con sus nietos, juegan fútbol, van a actividades sociales, participan en algún pasatiempo y muchos aún trabajan. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez, “casi un tercio de las personas mayores se encuentra trabajando”, alcanzando un 32,4% en 2016. Pero mantenerse activo va más allá de los panoramas. Un estudio publicado en la revista Evolution and Human Behavior en el año 2016, postula que las mujeres que ayudan a criar a sus nietos mejoran su estado físico, afectando directamente en su longevidad. Es más, los autores aseguran que la mortalidad de los abuelos que crían disminuye en un 33%, respecto a los que no lo hacen.

Según la experiencia de Valentina Vega, los beneficios de cuidar a los nietos son infinitos. “Ellos están viviendo una etapa que está marcada por la pérdida del rol laboral, del cónyuge u otros familiares significativos, de pares, disminución de los ingresos, pérdida de algunas funciones corporales”, explica. Pero agrega que cumplir con este rol los ayuda a compensar, pues les otorga sentido de utilidad, disminuye el sentimiento de soledad, bajan índices de trastornos ansiosos y depresivos, aumenta participación social, “y por supuesto que favorece para mantenerse activos física y cognitivamente, ya que los niños los desafían constantemente con su energía y preguntas, lo cual hace que el abuelo tenga que estar constantemente ‘poniéndose al día’ y esforzándose para seguir el ritmo a sus nietos”, cuenta.

A pesar de todos los beneficios que pueden existir, los expertos llaman a ser cautos. “Esa asociación tiene sus límites. Por ejemplo cuando los abuelos tienen custodia completa y cuidado más demandantes, los riesgos a la salud aumentan”, asegura el estudio antes mencionado. Por lo tanto, el alcance de estos beneficios, dependerá de cuán intenso sea al cuidado.

En ese contexto, Vega agrega que hoy se habla de un fenómeno llamado “La Abuela Esclava”. Este se caracteriza por que “los hijos abusan del tiempo libre de sus padres, delegando casi el 100% del cuidado de sus hijos a ellos. Esto impacta en la calidad de vida de los abuelos, ya que su rol comienza a confundirse con el de padre e impide que disponga libremente de su tiempo para realizar otro tipo de actividades”.

Lo que vemos en Chile y el mundo

La inclusión de los adultos mayores, con miras a mantenerlos activos en la sociedad, traspasa el cuidado de los nietos. En ese contexto existe desde el año 2004 el programa de Asesores Senior, bajo el alero del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), que imparte clases a niños y niñas de sectores vulnerables. ¿La gracia? Los profesores son todos adultos mayores voluntarios, que entregan sus conocimientos y experiencias a sus alumnos. Esta iniciativa, ganó el premio Tomás Belzunegui, organizado por la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología.

Algo similar ocurre en Estados Unidos, donde el programa The Experience Corps –primero de este tipo realizado a gran escala –reúne adultos mayores y escolares con el fin de ayudar a los niños a mejorar sus habilidades académicas y sociales. Esta iniciativa comenzó en 1995 y hoy está en 21 ciudades del país. Desde entonces, ambos grupos han obtenido beneficios: mientras los más chicos reciben estímulo y apoyo, los mayores se sienten útiles y pueden ver los resultados de su labor. Es más, un estudio realizado en la Universidad de Carolina del Sur demostró que los voluntarios no solo se sentían satisfechos y comprometidos, sino que presentaban mejores condiciones de salud.

Por su parte en Seattle, Estados Unidos, un hogar de ancianos alberga además un jardín infantil. Ahí, durante cinco días a la semana, niños y abuelos comparten horas de películas, música, arte o simplemente se visitan. Esto ocurre en un Centro de Educación Intergeneracional del Providence Mount St. Vincent. Ahí, los niños aprenden a escuchar a los mayores, compartir y ser pacientes –como se ve en el cortometraje Present Perfect, donde un niño repite decenas de veces su nombre a un anciano que no logra escucharlo correctamente.

Para ser un abuelo de primera…

• Ponerse al día: Para Valentina Vega, de la Fundación Amanoz, es importante que los abuelos aprendan el lenguaje en el que los niños de hoy se mueven: la tecnología. “Que se atrevan a conocer un poco más de este mundo moderno y que aprendan de la forma en que hablan los nietos. Si es que aprenden más sobre redes sociales, pueden estar atentos a si su nieto o nieta está siendo víctima de cyberbullying”.

• Gozar: Gabriela Carreño, psicóloga de la Fundación Integra, cree que lo importante es que disfruten a los nietos. “Resulta muy importante que los abuelos acompañen a sus nietos desde una actitud de apertura. En este sentido es un desafío transmitir la propia experiencia, sin anular lo positivo de los cambios y de los nuevos elementos que se incorporan a la sociedad”.

• Aprender juntos: Enseñarles algo que les encante, como una forma de transmitir valiosos conocimientos y experiencias. También dejar que ellos les muestren algo. Compartiendo cosas por las que ellos están apasionados, les enseña apertura de miras, además de acercarlos en su relación.

• Mantenerse en contacto: En lugar de quejarse porque los nietos nunca llaman, entren en su mundo, aprendan a mandar mensajes, a usar redes sociales y a mantener una vía abierta de comunicación.

• Ayuda a los papás: Si bien pasar tiempo con ese nieto recién nacido es lo único que quieren, es una buena idea estar disponibles para ayudar en la casa, no sólo con la guagua y de paso pasar tiempo de calidad con los hijos.

• Las opiniones, para uno mismo: A veces por tratar de ayudar, una opinión puede ser tomada como una crítica. Mejor morderse la lengua y dejar que los papás hagan lo que tienen que hacer: criar a sus hijos como mejor lo estimen.

Ideas para pasar el tiempo con los nietos

Quizás la visita del domingo o la parada obligada después del colegio, sean suficientes para que algunos abuelos pasen tiempo de calidad con los más chicos de la familia. Pero un cambio en el panorama es algo que todos agradecerán y que, además, será una excelente oportunidad para crear recuerdos que duren toda la vida:
• A la caza del tesoro: Un paseo por la clásica ruta del colegio a la casa, puede variarse con la búsqueda de tesoros: hojas, flores, pajaritos o sonidos que, además, ayudarán a mejorar la observación de los niños.
• Cuando era chico: Mirar fotografías antiguas de los abuelos o los papás, no sólo crean una entretenida instancia para compartir, sino que también es una oportunidad para que los abuelos traspasen recuerdos familiares, experiencias e historias.
• Compartir un hobby: Empezar un puzzle, armar un avión a escala, bailar o construir algo, son actividades que obligatoriamente generan espacios para conversar y compartir.
• Imitar a los chicos: Una forma diferente de pasar la tarde, puede ser haciendo lo que los niños hacen. Compartir videojuegos u otros intereses que ellos puedan tener, crea complicidad y acerca las relaciones.
• A comer: Cuando los niños crecen y mejora su motricidad, una buena idea es compartir labores en la cocina. Enseñarles sobre comida saludable o quizás compartir un plato de galletas recién hechas.
• Modo vintage: Lo antiguo está de moda. Una buena idea puede ser sacar ropa, discos y otros recuerdos y dejar que los nietos los disfruten. Los más chicos pueden disfrazarse con la ropa de la abuela, mientras que los más grandes pueden gozar uno de los clásicos favoritos del abuelo.

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