Escrito por Luz Edwards / Nº 253 /  22 November 2017
Niños con mamitis: Normal, sano y ¡ultra necesario!

Mamitis, papitis o abuelitis. No importa quién, lo vital es que todos los niños en esta etapa logren un vínculo firme y sólido, que les de seguridad para que con el tiempo puedan desarrollarse en niños sanos e independientes y se atrevan a explorar “un poco más allá”.

Quién no conoce a algún niño que no puede separarse de su mamá ni por un minuto, y rápidamente lo hemos tildado de mamón. Pero la verdad es que la mamitis, es un mecanismo de supervivencia propio del temperamento de los niños que los ayuda a entender el mundo que los rodea. Los vínculos fuertes con los padres les entregan la seguridad que necesitan para poco a poco ir transformándose en seres autónomos e independiente.

Si bien, todos sabemos que los niños pequeños dependen físicamente de sus padres durante los primeros años de vida, es importante que de a poco vayamos observando en qué aspectos nuestros hijos pueden desenvolverse solos e intentar animarlo en el camino hacia la autonomía. Sin embargo, puede ocurrir que el niño no esté emocionalmente preparado para dar ese paso, aunque físicamente parezca tener las habilidades.

En ese momento podría aparecer el concepto de mamitis, donde se juzga de manera negativa el deseo del niño de estar cerca de su madre o padre, dice el psicólogo Jaime Silva, Director del Centro de Apego y Regulación Emocional (CARE) de la Universidad del Desarrollo.

Aquí, el experto entrega algunos datos y razones que pueden ayudar a los padres a comprender esta necesidad de los niños de estar cerca de su madre o del cuidador principal, y la función que esa cercanía tiene en su desarrollo.

• Algunos niños nacen más necesitados de compañía que otros. Mucho de lo que puede observarse en los niños entre 0 y 3 años corresponde a variables congénitas, es decir presentes al nacer. Cada niño nace, entonces, con un temperamento que tiene determinadas características. Este enfoque del temperamento alude a diferencias que tienen los niños en su reactividad, que se caracteriza por una dificultad para tratar con la novedad, sean personas, objetos, lugares o situaciones nuevas. Solo cuando están con personas muy cercanas como la madre o el padre, logran estar tranquilos.

• La sintonía emocional es lo esencial. “No se puede evitar que un niño se sienta inhibido. Lo que sí debemos hacer es darle la compañía afectiva que necesita en sus primeras exploraciones e irle mostrando, lentamente, estrategias para ir enfrentando las situaciones novedosas. Por ejemplo, estrategias atencionales como decirle ‘mira, qué entretenido ese juego, vamos juntos a probarlo”; o estrategias interpersonales como acercarse la mamá a una niñita y conversarle y, luego, invitar a su hija a escena para que se conozcan. Lograr esta sintonía emocional con los hijos es la tarea esencial de la paternidad.

• La curiosidad se bloquea con la pérdida de la seguridad. No hay nadie que explore si no se siente seguro. Esto, en todos los seres humanos de cualquier edad. Si tú sientes miedo o angustia, una sensación de poca seguridad, no vas a poder leer un libro tranquilo, ver una película o salir de compras. Un niño que, por cualquier motivo, no se siente seguro no va a explorar. En cambio, acompañándolo y acogiendo su sentir, la madre o el padre le van ayudando a confiar y atreverse a explorar. Así llegará el momento en que sea capaz de pasarlo bien un poco más lejos. Por ejemplo, los primeros días en el jardín infantil pueden ser un sufrimiento para un niño sensible a la novedad. Pero si se desarrollan las estrategias correctas, el niño va a ir conociendo el nuevo lugar y a las nuevas personas, hasta que se conviertan en un contexto que ya no es nuevo y donde se siente, por lo tanto, seguro.

¿Y cuando es la madre la que no puede separarse de su hijo?

A veces el niño está listo para explorar, pero su madre prefiere que se quede a su lado. En estos casos, dice el psicólogo Jaime Silva, la explicación radica en cómo es la relación de apego entre ellos. Es decir, no es la forma de ser del niño lo que marca la mutua dependencia. “Las madres que son sobreprotectoras generan en el niño la tendencia a sentirse desprotegidos cuando ella no está. Estos niños están permanentemente buscando a la madre como referencia emocional, independiente de si el contexto es novedoso o no. Los cuidadores no lo viven como mamitis o como algo molesto pues ellos son los que le han dado este tono a la relación y es lo que les acomoda”, explica Silva. Un ejemplo de este tipo de relaciones es que, cuando el niño se asusta, la madre también se asusta y va y lo abraza. Esto, genera una sensación de acompañamiento en el niño, pero no de protección.

Para que el niño se sienta protegido es necesario darle un contexto de seguridad y, a la vez, ayudarle a regular su reactividad emocional. Ante un hijo que se asusta, la madre está cerca y lo abraza, pero con su tranquilidad ella le muestra que es no es una situación tan amenazante, y buscan juntos soluciones para que el niño no se asuste la próxima vez. Para acercarse a esa anhelada tranquilidad paternal, un buen consejo es evitar situaciones en las que estemos muy nerviosos o alertas, como ir a un mall con niños chicos o a una plaza muy llena. También podemos propiciar momentos “protegidos” para que los niños exploren en un entorno que a los adultos nos parezca seguro.

Para ser independientes, primero hay que ser dependientes

A esta edad los niños son unas verdaderas esponjas. Y es que en los primeros años aprenden a un ritmo mucho más rápido de lo que lo harán el resto de sus vidas. Es por ello que en este proceso necesitan estar cerca de las personas en las que más confían, para así hacerlos sentir seguros y enfrentar este aprendizaje desde la confianza.

Para que en esta etapa los niños logren el mayor desarrollo posible, los padres debemos generar un ambiente cariñoso y amable en el que los niños sientan que estamos dispuestos a reaccionar frente a sus necesidades, miedos o inseguridades. Esto se conoce como apego seguro, el cual se refiere a la relación de confianza que tienen los niños con la mamá, el papá o la persona que los ciuda. Desde ahí, se atreven a explorar e investigar, ya que saben que cuentan con una red de apoyo en caso de sentirse solos.

Por otro lado, los niños que siguen necesitando a su mamá, incluso en todo tipo de situaciones cotidianas, puede estar mostrando un apego inseguro, en el cual no tienen muy claro que su persona de confianza va a responder cuando lo necesite, creando una situación de inseguridad en la cual no se atreve a iniciar nada por iniciativa propia. Por esta razón, la mamitis no es algo de lo que nos tengamos que preocupar. ¡Al contrario! Aumentar los momentos de cariño, juego y compañía es vital para que nuestros hijos se transformen en niños autónomos, independientes y sobre todo felices.

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