Escrito por Jorge Velasco / Nº 255 /  19 marzo 2018
Educación para la inclusión

Si bien todavía los niños con necesidades educativas especiales enfrentan casos de discriminación en los colegios y escuelas, el país avanza a paso firme hacia la inclusión. “Los estudiantes aprenden a que en una sala de clases y en una sociedad somos distintos y que eso no es un déficit”, afirma Antonietta Ramaciotti, académica de la Universidad de Los Andes. Sin embargo, y a pesar de sus beneficios el proceso requiere de un cambio de mentalidad y de la capacitación de los educadores.

Chile avanza rápidamente hacia la mejora en sus estándares para que no se discrimine a las personas en los distintos ámbitos del desarrollo de la sociedad. Uno de ellos es el educacional, donde el país ha hecho un largo trabajo para resguardar los derechos de los niños con necesidades educativas especiales.

A partir del Informe Warnock, elaborado en el Reino Unido durante la década del setenta, el concepto de educación especial comenzó a evolucionar. Pasó a basarse en principios como normalización, donde se busca acoger la diversidad; sectorización, que implica que los recursos educativos se encuentren cerca de las personas; e integración, que establece que los alumnos deben educarse en un entorno común de acuerdo a sus necesidades.

“A nivel mundial y también en Chile, a través de los años se pasó de un enfoque biomédico centrado en el déficit de las personas, a uno más psicosocial en que la visión es cómo el medio puede ayudar u obstaculizar para que puedan salir adelante. Se trata, entonces, de una construcción social y de una responsabilidad de todos”, comenta Antonietta Ramaciotti, directora de la Escuela de Pedagogía Básica y del Programa de Magíster en Psicopedagogía de la Universidad de los Andes.

Este cambio de paradigma para la educación de niños con necesidades especiales es una realidad cada vez más fuerte. “El sistema escolar, de alguna manera, tiene que hacerse cargo de cómo responde para que los alumnos aprendan”, apunta Ramaciotti. La neuropsiquiatra Amanda Céspedes también entrega su mirada: “La enseñanza inclusiva exige al profesor hacerse cargo de enseñar de verdad a todos los alumnos, recurriendo a estrategias innovadoras y a la creatividad en la búsqueda de cómo llegar a cada uno”.

Sin embargo, los casos en que ello no ocurre se suceden uno tras otro. Fue lo que aconteció en 2017 con Abril Reyes, alumna con síndrome de down del colegio Carlos Alessandri Altamirano de Algarrobo, que cuenta con un Programa de Integración Escolar (PIE). En marzo del año pasado fue privada de participar de una clase, ya que el curso debía ir a un lugar que, según su profesora, quedaba muy lejos. Posteriormente, los profesionales del equipo PIE del colegio denunciaron este hecho ante su director y se empezó una investigación. A pesar de ello, a fines de año el establecimiento le negó a Abril la evaluación final de educación física y el 27 de noviembre se comunicó por mail a sus padres que la niña era dada de baja. Si bien el colegio revirtió su decisión posteriormente, en enero de este año los padres de la alumna presentaron acciones legales contra el establecimiento.

Se trata de un ejemplo que muestra que el cambio de mentalidad y de metodología que requiere la inclusión es un proceso que debe marchar paso a paso. “Avanzar hacia la inclusión implica transformar la escuela para acoger a todos los estudiantes. Es decir, no solo que se permita su acceso a los establecimientos educacionales, sino que se generen las condiciones para que puedan participar y progresar en aprendizajes de calidad. Esto requiere cambios en las políticas, pero también en la cultura y en las prácticas de las instituciones escolares, procesos que en algunos casos son lentos y requieren de la participación de toda la comunidad educativa”, reflexiona Alida Salazar, coordinadora de Educación Especial de la División de Educación General del Ministerio de Educación. A ello, agrega, se suma la existencia de prejuicios respecto de las posibilidades de aprendizaje de los estudiantes con discapacidad y con necesidades educativas especiales (NEE), y de una cultura escolar competitiva, con el foco puesto en los resultados de pruebas estandarizadas.

INCLUSION-255_02Legislación para la integración

Actualmente, la legislación en Chile sobre esta materia es amplia. A partir de estas leyes cambia el uso del lenguaje y aparece el concepto de necesidades educativas especiales (NEE). “Eso implica que hay personas que tienen necesidades distintas, que no se alcanzan a resolver con los recursos con los que se cuenta habitualmente y, por lo tanto, el medio tiene que generar herramientas adicionales para responder a ellas”, dice Antonietta Ramaciotti.

Destacan los Decretos Supremos Nº 01/98 y 374/99, a partir de los cuales se instalan en el sistema educativo los Programas de Integración Escolar (PIE). Estos se definen como una estrategia del sistema educacional para obtener los recursos humanos y materiales que permitan dar respuestas educativas ajustadas a niñas, niños o jóvenes con necesidades educativas especiales (NEE), ya sea por discapacidad o trastornos específicos del lenguaje en la educación regular.

A su vez, la Ley 20.422 (2010) establece normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social para personas con discapacidad. En tanto, la Ley 20.201 (2007) de Subvenciones y el Decreto Supremo 170 (2009) que la implementa, otorgan recursos adicionales para el proceso de enseñanza-aprendizaje especial y definen necesidades permanentes (discapacidades visuales, auditivas y cognitivas que acompañarán a la persona toda su vida) y transitorias (asociadas a personas que necesitan algún apoyo en algún momento de su vida para superar problemas como trastornos específicos del lenguaje, trastornos específicos del aprendizaje como dislexia, y déficit cognitivo leve).

En específico, el DS 170 establece las bases para las evaluaciones o diagnóstico de ingreso de los niños con necesidades transitorias y permanentes, para así identificar a quienes serán los beneficiarios de la subvención y fomentar a los PIE como un apoyo a la educación. Entre 2014 y 2017, los establecimientos con Programas de Integración Escolar pasaron de 4.888 a 5.499 y los estudiantes integrados se elevaron de 251.000 a 341.000.

La Ley General de Educación (20.370) de 2009 buscó ampliar la integración a todos los sistemas escolares (incluido el privado) y el Decreto 83 de 2015 del Ministerio de Educación obliga a la adecuación del Currículum Nacional para que todos los estudiantes de educación parvularia y básica (con financiamiento estatal o no) puedan acceder a él, con apoyos educativos y especializados cuando se necesiten.
La aplicación del Decreto 83 en este rango etáreo no es casualidad. Según explica Amanda Céspedes, la inclusión se facilita durante la primera infancia (antes de los 5 años), porque en ese tramo del desarrollo todos los niños son más tolerantes y no establecen diferencias. “Sin embargo, en la pubertad los chicos y chicas centran la valoración en lo físico y en las habilidades que concitan admiración. Es la etapa en la que se activan mecanismos de segregación y el penoso corolario del rechazo y la exclusión para algunos grupos”, cuenta.

Uno de los últimos eslabones en esta cadena fue la puesta en marcha de la Ley de Inclusión (20.845), que comenzó a operar en marzo de 2016. Esta iniciativa nació con el objetivo de que en los establecimientos educacionales que reciben subvención del Estado se eliminen todas las formas de discriminación arbitraria que impidan el aprendizaje y la participación de los estudiantes. Como una de ellas tiene que ver con los ingresos, se determinó el fin al lucro en todos ellos.
“Antes los colegios particulares podían adherir a las leyes de integración, pero hoy en día la ley chilena dice que toda institución educativa va a tener que responder a las diferencias de los niños. Además, hay un Decreto 83 que se está implementando por etapas y que señala que se deben hacer adecuaciones curriculares para responder a las necesidades de los alumnos”, resume Antonietta Ramaciotti. Esto ha llevado, por ejemplo, a que universidades como la de Los Andes adecúe la malla curricular de la carrera de Pedagogía Básica, con didácticas que respondan a las nuevas demandas.

Como consecuencia también, los colegios particulares están conformando equipos con educadores diferenciales, fonoaudiólogos y psicopedagogos para realizar las adaptaciones necesarias del currículum y trabajar con los profesores para llevarlas a cabo en la sala de clases. “Lo que están haciendo los colegios es implementar el Diseño Universal de Aprendizaje (DUA). Se está capacitando a los profesores para que planifiquen distinto, pensando en las características de su curso”, agrega la académica de la Universidad de Los Andes.

inclusion_255_03BENEFICIOS DE LA INCLUSIÓN

A fin de cuentas, después de todos estos años de experiencia y de iniciativas en el trabajo educacional sobre la inclusión, ¿cuáles son los beneficios para los niños con necesidades educativas especiales y aquellos que no las tienen?
“Es una relación ganar-ganar. Los estudiantes aprenden a que en una sala de clases y en una sociedad somos distintos y que eso no es un déficit. Ser diferentes o que cueste aprender o tener una discapacidad visual es parte de la vida del ser humano y la sociedad es así. De esta forma, los niños aprenden a mirar al otro de una manera no lastimera, a vivir en sociedad, a valorar otras cosas y no poner barreras. Por otro lado, los niños con necesidades especiales se desarrollan de una forma normal: lo que obtengan en la vida es producto de su esfuerzo y de sus capacidades”, comenta Antonietta Ramaciotti.

Entre las ventajas para los alumnos que tienen compañeros con necesidades especiales figura también el presenciar ejemplos como tenacidad y perseverancia para enfrentar dificultades. “Algunos niños con síndrome de Asperger -ejemplifica Amanda Céspedes- motivan a los demás, ya que suelen ser eruditos en temas específicos, mostrando gran dominio y motivación constante por aprender”. Además, los estudiantes con NEE potencian algunas áreas débiles en su desarrollo, como ocurre con la comunicación en los niños Asperger.

Todavía, sin embargo, queda mucho por avanzar. “Se debería continuar con la reforma que se encuentra en marcha, apoyando el cambio cultural y de prácticas tanto pedagógicas como directivas. También sería importante seguir aumentando el número de establecimientos que se suman a los Programas de Integración y apoyando a los docentes en estrategias de diversificación de la enseñanza”, resume Alida Salazar.

Y es que lograr la inclusión en los establecimientos educacionales es un proceso que puede llevar años, ya que exige un cambio de actitud y el desarrollo de nuevas habilidades en los equipos docentes que la van a implementar. “Es necesario tener presente que muchas formas ocultas de discriminación están en el ADN de los chilenos. Por eso, hay que derribar prejuicios en los adultos que llevan el título de educadores y que pueden dañar emocionalmente a niños que se apartan del estándar deseado”, afirma Amanda Céspedes.

Reportajes Relacionados

About Author

Carolina

(0) Comentarios de lectores

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *