Escrito por Fotos Comunicaciones Arzobispado de Santiago., Francisco Morón Montero / Nº 255 /  27 March 2018
Familia Aibijian: La fuerza para  recomenzar como refugiados

Bolik y Mariette, junto a sus dos hijos, Cherbel, de 8, y Natalie, de 12, son una de las 14 familias sirias que llegaron a nuestro país el 12 de octubre del año pasado, en calidad de refugiados y en busca de una nueva vida. Conversamos con ellos a más de tres meses de su llegada, conocimos su difícil historia, nos comentaron cómo se han sentido en Chile y del encuentro de su hija mayor con el Papa Francisco en su reciente visita al Santuario de San Alberto Hurtado.

Quedamos en reunirnos a las 14:00 horas en su nuevo hogar, en la comuna de Macul. Irma, intérprete que trabaja para la Vicaria de Pastoral Social Caritas del Arzobispado de Santiago, nos ayudará a poder comunicarnos con la familia Aibijian. Si bien ya llevan tres meses de clases intensivas de español, y conocen muchas palabras y modismos, aún les es difícil poder establecer una conversación fluida en nuestro idioma.

Al tocar el timbre del departamento, ubicado en un undécimo piso, sentimos a los niños de la casa que juegan emocionados, esperándonos con ansias. “Hola, bienvenidos”, nos dicen en su idioma. Luego de eso, “¿cómo están?”, en español. Los niños ya han aprendido bastante de nuestro idioma en las clases, han sido los más avanzados del grupo. Entramos al hogar de esta familia, en las murallas siguen colgados los recuerdos de bienvenida que les preparó la gente de la Vicaria para su llegada.
Como es tradición en su cultura, nos esperaban con arroz con leche casero al estilo árabe, preparado por Mariette y Natalie. Sorprendidos por el recibimiento, nos sentamos junto a ellos en la mesa y comenzamos a conversar mientras degustamos el rico postre con un toque de canela.

“A Mariette la conocí en la iglesia en Alepo, pero al poco tiempo ella se fue del país por cuatro años, y yo la extrañé mucho. Cuando regresó, hablé con su familia y pedí su mano. Hoy llevamos 13 años de matrimonio y dos hijos, Cherbel de 8 y Natalie de 12”, nos cuenta el dueño de casa, Bolik, quien, en Siria, antes del conflicto, trabajaba en una empresa de muebles.

Tras entrar un poco más en confianza, la familia comienza a relatar los duros momentos que pasaron producto de la guerra que azota a su país. “Estuvimos en Alepo hasta el año 2014, la situación era muy difícil. Vivíamos en un sector muy peligroso, por eso un día decidimos arrancar hacia El Líbano, por nuestros niños que tenían mucho miedo, pero sobre todo por el ruido de las bombas. Siempre teníamos una mochila con las cosas básicas lista para arrancar. Estábamos esperando el momento, hasta que un día no escuchamos ruido de bombas y tomamos la decisión de correr y arrancar. Charbel (el hijo más pequeño), cuando tenía dos años, comenzó a decir palabras que no eran acorde a su edad, como bomba, guerra o muerte, y a tomar una actitud muy violenta al ver como normal todo lo que ocurría en su entorno. Esa fue otra de las razones que nos hizo tomar la decisión de irnos”, relata Bolik emocionado.

Su esposa Mariette continúa el relato: “En Siria teníamos muchos amigos en la iglesia, en el barrio y en la familia. Además, mi esposo tenía un muy buen trabajo antes de la guerra. Por estas y otras razones para nosotros fue muy difícil tener que dejar todo atrás, arrancar y comenzar nuevamente. Esto lo hicimos por los niños, por la familia”, recuerda.

Tras arrancar de Siria, al igual que la gran mayoría de sus compatriotas, llegaron a El Líbano. Allí intentaron rehacer su vida nuevamente, pero fue muy complicado. A pesar de no convivir con la violencia a diario como en su país, tuvieron que enfrentar otros problemas que relata Bolik. “Los primeros tres meses en El Líbano fueron buenos, nos quedamos con familiares de Mariette, pero después nos tuvimos que ir. Vivíamos en una pieza los cuatro, no teníamos cocina ni baño. Los libaneses eran muy duros con nosotros los sirios, nos trataban muy mal. El gobierno no permitía que trabajáramos y me quitaron mis documentos. Los últimos tres meses en El Líbano fueron muy difíciles e incluso se nos pasó por la cabeza volver a Siria, pero Dios siempre está con nosotros, y nos abrió esta posibilidad de venir a Chile y encontrar la tranquilidad nuevamente”.

Tras el proceso llevado a cabo por el Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) y la Vicaria de Pastoral Social Caritas del Arzobispado de Santiago -desde donde viajaron El Líbano, en el mes de agosto del año pasado, para conocer y entrevistar a las familias-, un total de 15 grupos fueron seleccionados, pero solo 14 llegaron a nuestro país, bajo la calidad de refugiados, entre ellos los Aibijian.

La decisión más difícil: partir a Chile

“Las decisiones más difíciles que hemos tenido que tomar en nuestras vidas fue salir de Siria, cuando nos tuvimos que ir a El Líbano y cuando nos vinimos a Chile, un país donde todo es distinto, comenzando por el idioma. El viaje fue tan fuerte como extraño. El 70% de nuestros pensamientos estaban en El Líbano y Siria con nuestras familias, amigos y recuerdos; el otro 30% estaba en Chile, en cómo sería nuestra vida tan lejos de casa, cómo nos adaptaríamos o cómo nos recibirían. Pero al llegar y ver toda la gente que nos estaba esperando, quedamos muy tranquilos. Fue algo muy cómodo para nosotros, sentimos paz y tranquilidad al bajarnos del avión, algo muy bueno que no sentíamos hace muchos años”, relata emocionada esta familia.

¿Conocían algo de nuestro país antes de saber que vendrían?
– “Cuando vivíamos en Siria, antes de la guerra, teníamos unos vecinos que eran doctores que se vinieron a vivir a Chile, por eso sabíamos un poco de este país. Además, investigamos por Internet y nos pareció un excelente lugar para recomenzar”, cuenta Bolik.

¿Cómo se han sentido desde su llegada?
– “Este es un país muy tranquilo, muy bueno. La gente ha sido muy amable con nosotros, siempre nos quieren ayudar en todo, desde ir a comprar a otras cosas más domesticas. El chileno se ha mostrado muy solidario. Estamos muy felices de estar aquí, felices y tranquilos. Siria no es muy diferente a Chile. Pretendemos quedarnos aquí para siempre por nuestros niños. Se nos ha hecho complicado pero es lo que por ahora pensamos”, relata Mariette. Bolik interviene y agrega: “Queremos pensar y tenemos toda la esperanza de que nos vamos a quedar a vivir aquí en Chile para siempre, pero la verdad es que eso aún no lo sabemos. Ha pasado muy poco tiempo desde que llegamos y hasta el momento vamos bien, pero claramente nos sentimos como gente de afuera, es difícil sentirte como en tu propio país, el futuro nos inquieta”, comenta.

¿Cómo se ven en un tiempo más?
– “Lo más importante para nosotros es aprender el idioma y trabajar. Nos encantaría hacer un restaurante de comida árabe aquí y mostrar nuestra cultura. Para nuestros hijos es muy importante que entren a la escuela y así puedan mejorar su futuro”, cuenta Bolik.

¿Esperan con ansias el mes de marzo en el que sus hijos entran al colegio?
– “Estamos muy contentos y expectantes. Nosotros ya somos adultos, pero nuestros hijos aún son pequeños, entonces se tienen que formar y como chilenos para ellos será mucho más fácil”. Natalie agrega: “Estoy muy feliz de entrar al colegio. Tengo muchas ganas de conocer amigos nuevos, aprender el idioma y también cosas nuevas”, cuenta entre risas y emoción que se deja ver en su rostro.

Natalie-Bolik-y-Mariette-255_2

CON EL PAPA FRANCISCO EN CHILE

“Acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados”. Esas fueron las palabras del Papa Francisco, quien desde que comenzó su pontificado ha tenido una preocupación especial por ellos. En su visita a nuestro país, en el mes de enero, no estuvieron ausentes los refugiados ni los migrantes. En el Santuario de San Alberto Hurtado, dos familias de refugiados sirios fueron invitados al encuentro. La pequeña Natalie Aibijian tuvo la fortuna de estar sentada junto a Francisco.

¿Qué sintieron al ver a su hija al lado del Papa?
– “No se cómo expresar lo que sentí al ver a mi hija al lado del Papa Francisco, una alegría y emoción tremenda, una imagen que jamás olvidaré”, responde Mariette emocionada. Y Bolik agrega: “Estamos felices por la oportunidad que tuvimos de representar a nuestros compañeros, que nos nombraran y que nos tomaran en cuenta. Quizás nos hubiese gustado tener una conversación más íntima, pero de todos modos estamos felices y agradecidos por esta bella oportunidad”.
Natalie, quien estuvo sentada junto al Papa Francisco, relata que estaba un poco nerviosa. “Recuerdo que me tomó la mano y me dio un beso, pero no recuerdo más”, cuenta. Mariette agrega, entre risas: “Estaba tan nerviosa que movía mucho las piernas y los brazos. Después, cuando terminó todo, no se acordaba de mucho”.

¿Qué importancia le dan a la fe en sus vidas?
– “Nuestra fe es tan grande, que nos trajo hasta Chile. Si como cristianos no tenemos fe, nada resultaría. La fe es lo que nos mueve, nos da fuerzas y esperanza, la fe nos trajo hasta aquí y nos dio esta oportunidad de tener una nueva vida. La fe siempre nos acompaña a todas partes”, explica Mariette.

Reportajes Relacionados

About Author

Carolina

(0) Comentarios de lectores

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *