Escrito por Jorge Velasco / Nº 255 /  19 marzo 2018
Identidad Sexual: Más allá de los estereotipos sociales

La identidad sexual comienza a formarse entre los 2 y 3 años y se termina de consolidar a los 18. “Los padres tienen que tener claro que lo femenino y masculino va más allá de los estereotipos sociales y lo más negativo en esta etapa y en todas, es etiquetar a los niños de “afeminado”, “sensible” o de “ahombrada”, dice la sicóloga María Teresa Walker.

La Ley de Identidad de Género ha sido tema de discusión en el Parlamento y en la opinión pública durante los últimos meses. Se trata de una iniciativa que ingresó al Senado en mayo de 2013, que busca reconocer y proteger la identidad de género de las personas y establecer un procedimiento para el cambio de sexo y nombre legal. Más allá de los aspectos legales, el tema ha gatillado una discusión valórica y muchas dudas e inquietudes en los padres. Incluso, muchos psiquiatras y psicólogos dan cuenta de un aumento considerable de consultas de parte de las familias.“La identidad sexual comienza a formarse entre los 2 y 3 años, edad en que los niños se dan cuenta de que hombres y mujeres somos diferentes, principalmente por razones anatómicas”, dice la sicóloga María Teresa Walker, Magíster en Psicología educacional y académica de la Universidad de Los Andes.

Sin embargo, agrega, es en la edad escolar entre los 4 y los 7 años, cuando los niños comienzan a comprender que las diferencias entre ambos sexos son más profundas. Aparecen gustos e intereses distintos. “Pueden jugar a lo mismo, pero de modo diferente”, apunta María Teresa. Por eso, les atraen otros dibujos animados y actividades y prefieren agruparse con niños de su mismo sexo. “Esta es la etapa en la que los niños se juntan entre ellos y las niñitas, entre ellas, porque juegan a lo mismo”, dice la psicóloga.

¿Qué sucede con el desarrollo psicosexual entre los 4 y 7 años?
– Los niños se encuentran en una etapa de latencia; es decir, hay relativa calma de los impulsos sexuales, lo que les permite concentrarse en aprehender el mundo adulto en el cual se están insertando, tanto desde la perspectiva académica como social. Empiezan a entender las reglas y normas del mundo adulto. Por eso, en esta etapa hay poco interés en el sexo opuesto y se centran más en el mismo sexo.
Esto les facilita comprender qué significa ser hombre y ser mujer, tanto por entender a los del mismo sexo, como por diferenciarse del sexo opuesto. En esta tarea juegan un rol muy importante los adultos significativos, padres y profesores, quienes son modelos de ser hombre o mujer.

maria-teresa-walker-255Factores de la Identidad Sexual

Para María Teresa Walker, la identidad sexual se ve influida por diversos aspectos. Están los genéticos, que tienen un peso muy importante en que un niño, a fin de cuentas, se sienta hombre o mujer. “Incluso en aquellos ambientes en que se intenta neutralizar toda la influencia cultural, los hombres suelen mostrar características masculinas y las mujeres, femeninas. Por ejemplo, cuando se les presentan a ambos juguetes típicamente masculinos o femeninos, los niños hombres pueden jugar con un coche de guagua pero al modo masculino, haciéndolo competir en una carrera. Y las mujeres pueden jugar con los autitos, haciéndolos conversar o expresando lo que sienten”, explica la académica.

En el caso de los factores familiares, aparecen los padres y los hermanos como importantes modelos a seguir. En tanto, en el ámbito social, los amigos, profesores y otras personas significativas, además de los medios de comunicación, desempeñan también una influencia relevante.

“Los hermanos, especialmente los mayores, son muy marcadores de la identidad sexual y suelen ‘castigar’ cualquier conducta que vaya en contra de los roles esperados. ‘No juegues a eso que es de niñita’ o ‘esos monitos son de hombre’ son algunas de las frases que se dicen entre hermanos. Por lo tanto, no actúan solo como modelos en la identidad sexual, sino que también expresan directamente lo que se espera de ellos en cuanto hombres o mujeres”, explica María Teresa Walker.
Finalmente, los aspectos biográficos también marcan la identidad. Aquellos eventos que ocurren a lo largo de la vida -por ejemplo, ser víctima de bullying o de abuso sexual- influirán en cómo una persona comprende la manera de ser hombre y mujer.

¿Hay acciones de reforzamiento que los padres pueden hacer para fomentar lo masculino o femenino en los niños?
– Los padres tienen que tener claro que lo femenino y masculino va más allá de los estereotipos sociales. Ser hombre no significa ser bueno para la pelota o no llorar, así como ser mujer no supone ser buena para las manualidades o ser hipersensible. Por lo tanto, lo primero es aclarar qué es ser hombre y ser mujer, lo cual se refiere a un modo de ser y de pararse frente a uno mismo y los demás. Ser hombre se asocia con estar orientado al mundo, facilitando el crecimiento y desarrollo, con un pensamiento más analítico y enfocado en solucionar problemas. En tanto, ser mujer se asocia con la relevancia de los vínculos y del mundo interior; la mujer acoge y personaliza, siendo receptiva con los demás. Para fomentar la masculinidad y la feminidad, es necesario reforzar estas actitudes, más que ciertas actividades (juegos, por ejemplo). No importa tanto lo que hago, sino cómo lo estoy haciendo. Para esto es fundamental el ejemplo que dan los padres: que los hijos vean las diferencias en cómo el papá y la mamá enfrentan la vida, cómo felicita cada uno, qué cosas son importantes para cada uno, cómo se tratan entre ellos, etcétera.

¿Cuáles son las principales problemáticas que pueden aparecer en relación a la identidad sexual?
– En esta etapa pueden aparecer sentimientos de inadecuación o de rechazo a pertenecer al sexo que se tiene. Puede pasar que una niñita sienta que sus intereses son más similares a los de los hombres, u hombres que se sientan más a gusto con el mundo femenino. Esto, la mayoría de las veces tiene relación con el mundo familiar, como casos en que el varón es el único hijo hombre entre varias mujeres o una niña que tiene mucha afinidad con su padre y lo acompaña en sus pasatiempos. Cuando esto ocurre, no quiere decir que ese niño tenga un trastorno o una patología psiquiátrica, como la famosa disforia de género, porque su “inadecuación” tiene relación con intereses y actividades y no con modos de ser. Sin embargo, en esta etapa se confunde ser hombre o ser mujer con realizar ciertas actividades. Por eso, los adultos deben estar atentos y, más que impedir que los niños realicen la actividad que les gusta, deben reforzar el que, al hacerla, lo hagan de un modo femenino o masculino. Por ejemplo, una niñita a la cual le gusta mucho jugar fútbol, se le puede reforzar en la importancia de preocuparse por cada uno de equipo y que no solo importa el resultado, sino también el proceso. Asimismo, un hombre al que le gusta estar y jugar con las mujeres, se le puede reforzar cómo él aporta soluciones creativas cuando se enfrentan a un problema.

¿Qué acciones podrían tener un efecto negativo en la formación de la identidad sexual?
– Lo más negativo en esta etapa y en todas, es etiquetar a los niños de “afeminado”, “sensible” o de “ahombrada”. Las etiquetas son tremendamente dañinas, pues pueden generar profecías autocumplidas. Hay que tener en cuenta que es normal moverse entre ambas polaridades de lo masculino y femenino. Creer que todos los niños con pensamientos o conductas atípicas a su sexo son problemáticos, es enormemente dañino para ellos. Hay que recordar que estás características son un continuo y en diferentes momentos de la vida uno puede acercarse más a uno u otro polo.  Además, la identidad sexual se consolida recién a los 18 años.

¿Qué hacer si algún familiar interpela a nuestros hijos o hijas, diciéndoles que son muy femeninos o ahombradas?
– Eso hay que cortarlo de raíz y nunca permitir que se le diga eso a un niño, ni de parte de un familiar o de un amigo. Hay que recordar los peligros de etiquetar. Además, eso se les suele decir más por lo que están haciendo que por modos de ser. No hay una sola forma de ser hombre o de ser mujer, y es necesario respetar a cada niño, que aún están explorando.

Juegos de niños y estereotipos

“En el tema de vestirse como hombre o mujer, que a veces asusta mucho a los padres, no hay que alarmarse y no hacer un problema donde quizás hay sólo un juego inocente de niños”, explica María Teresa Walker. Es normal que a un niño le llamen la atención los zapatos de taco de la mamá o el maquillaje, porque son atractivos para el mundo infantil. Si a muchos les gusta que le pinten la cara de payaso, ¿por qué esto va a ser diferente?

Pero si estas situaciones ocurren con mucha frecuencia, se pueden modelar y reforzar. Por ejemplo, se puede hacer atractiva la ropa del propio sexo, buscando la manera en que ese niño en particular pueda enganchar. O al niño que le gusta pintarse los labios como la mamá, se le puede invitar a pintarse como un animal o con la bandera de Chile, etcétera. “Eso implica comprender qué es lo que le gusta hacer”, advierte la experta.

 

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