Escrito por Luz Edwards / Nº 255 /  19 marzo 2018
¿Qué carrera estudiar? La primera decisión adulta

Matricularse en una carrera determinada es solo el final de un largo proceso que debiera estar marcado por el autoconocimiento para así descubrir qué ocupaciones nos hacen sentido. Esto, en complemento con un estudio del mercado laboral, la variedad de carreras impartidas y del sello de cada institución, ayudan a tomar decisiones libres y responsables acerca del propio futuro.

Al calor de diciembre, el cierre de año y el ajetreo por las fiestas, hace décadas que se sumó el estrés de la PAA y, luego, de la PSU. El día en que se rinden las pruebas cuaja todo lo que se estudió o no se estudió en el año y el momento en que se dan a conocer los puntajes es la hora de la verdad. Cada joven debe hacerse cargo de una cifra que define sus posibilidades y ser capaz de administrarla con inteligencia.
Desde esta perspectiva, es imposible que no surja un cierto nivel de ansiedad en los alumnos y sus familias, y es normal que sea así ya que se trata del primer paso hacia una nueva etapa de la vida. Sin embargo, el foco de la elección de carrera no debiera estar en ese final del proceso, pues se trata de una búsqueda mucho más amplia y compleja.

Así lo afirma el psicólogo Walter Kuhne, quien está a cargo de la Unidad de Promoción de la Salud de los estudiantes de la Universidad de Santiago. “Actualmente la elección de carrera se toma como una oferta de supermercado. El foco está en la prueba de selección y en para qué alcanza con el puntaje que se logró obtener. El riesgo de esa mentalidad es escoger una carrera de manera funcional, en lugar de pensar en cuál es su vocación, es decir, el llamado a ser de cada uno”, explica el psicólogo.
La vocación va ligada a un sentido de misión; es la causa o el tema de la propia vida, o lo que cada uno quiere lograr. Y en ese sentido, es válido preguntarse ¿es posible esperar que un joven de cuarto medio sepa cuál es su vocación? Kuhne, quien está dedicado a trabajar con adolescentes y universitarios, dice que sí. Sin embargo, en nuestra forma de vida actual tiene poca cabida la reflexión, y es algo que ni los colegios ni los padres motivan. “A los 16 años ya se puede saber qué temas nos entusiasman y cuáles no nos interesan para nada. Hoy está de moda la felicidad y es la meta de todos, pero feliz haciendo qué. Es muy importante responder esa pregunta”, aconseja Kuhne.
Probablemente durante la enseñanza media no se vislumbra la actividad a la que finalmente nos dedicaremos y eso no tiene nada de raro, pues la pregunta vocacional es una construcción que nunca acaba. Además, hay muchos caminos para llegar a satisfacer ese sentido de la vida que tiene cada persona. “Los papás muchas veces por querer asegurar la vida del hijo toman la vía pragmática y lo motivan a escoger una carrera en particular. En cambio, una mirada profunda y a largo plazo abre las posibilidades. Si no resulta la carrera ideal, habrá otra manera de dedicarse a eso que nos llena y que sabemos hacer”, dice Walter Kuhne.

El funcionamiento actual del mercado laboral se suma a ese argumento vocacional y sirve para calmar la ansiedad de los alumnos de enseñanza media. Se dice que cada persona va a cambiar de oficio al menos una vez en la vida y muchos campos laborales ya son globales e, incluso, online. Además, ya está instalada la idea de que lo más relevante es “saber aprender”, pues el conocimiento -el técnico, al menos- va quedando obsoleto rápidamente y un buen profesional es quien se hace cargo de esa realidad. Se trata de un escenario más flexible y con más oportunidades. Por lo mismo, la vocación es clave, pues aporta sentido y compromiso con las decisiones que se van tomando.
Para el psicólogo Walter Kuhne la falta de sentido es lo que explica el fenómeno de los llamados “Nini”, o jóvenes que no estudian ni trabajan y que declaran no estar buscando trabajo tampoco. Kuhne explica que cuando no se tiene claro el sentido de la propia vida aparece una sensación de vacío. “¿Para qué trabajar, para qué estudiar? ¿Porque es lo que toca, porque todos lo hacen? Esas razones no son suficientes y, menos aún, la lógica del consumo, pues ningún sueldo alcanza para comprar todo lo que se desea”, advierte.

La vocación calma el estrés universitario
Ya dieron la PSU, escogieron carrera, pero eso no quiere decir que tengan la situación solucionada. Walter Kuhne, Jefe de la Unidad de Promoción de la Salud de la Universidad de Santiago, dice que entre los alumnos de los primeros años son frecuentes las consultas relacionadas con la adaptación a la universidad. Por un lado, porque hay libertad de asistir o no a clases y muchas posibilidades de “carrete”, entonces es fácil descuidar los estudios. También se trata de un ambiente nuevo y personas nuevas, y para muchos insertarse no es simple.
  “Además, la universidad es estresante de manera oscilante, tiene momentos de hacer nada y momentos en que no se duerme nada. Cuando a esto se le suma la duda vocacional, el alumno puede hacer aguas. En cambio, si el joven sabe que va por su camino de vida y le interesan los temas de la carrera, saca fuerza de ahí”, afirma Kuhne.

El rol de los padres

Dado que la elección de carrera es la primera decisión adulta y que empieza a delinear el futuro de cada persona, es importante que los padres entreguen un apoyo que promueva que esa decisión sea lo más “adulta” posible. Ser dominantes e intentar convencer al hijo de una carrera, es un flaco favor a largo plazo.Walter Kuhne aconseja a los padres acompañar y exigir cariñosamente que el joven tome con responsabilidad el proceso. Es decir, que investigue, que busque información, que saque partido a las oportunidades del colegio, que se dé espacios para la reflexión, tal vez tomar un taller de autoconocimiento, etc.Los padres también pueden estar atentos a las habilidades e intereses de su hijo y promover que tenga experiencias relacionadas que puedan ser enriquecedoras. Por ejemplo, puede ser que a un joven le interesen temas científicos, pero asista a un colegio donde no se fomenta esa área. Si los padres se dan cuenta de eso, lo pueden conversar con su hijo y proponerle ir de oyente a una clase en alguna carrera científica o investigar juntos en internet las distintas áreas, buscar conferencias TED al respecto, etc.Con esa información acerca de sí mismo y del entorno, cada joven debiera avanzar hacia reconocer qué áreas le interesan, en qué labores podría aportar a la sociedad y ayudarlo a volver contento a su casa por las tardes.

Ideas para una elección correcta
Conversa con estudiantes y egresados de las carreras que te llamen la atención acerca de las habilidades que se requieren, los ramos, posibilidades laborales, etc.
Si tienes claro qué estudiar (o, al menos, el área) trata de no descartarlo por algún ramo o arista que parezca difícil. Al tener clara esa posible dificultad, puedes encontrar la manera de salir adelante o de “prevenir” dificultades.
Investiga la parte práctica del ejercicio profesional: sueldo, horarios, ofertas de trabajo y evalúa si calzan con las expectativas de estilo de vida que tienes.
Intenta ver más allá de lo que propone tu colegio, ya que cada establecimiento tiene un sello y fomenta ciertas carreras, pero puede que no sean las que calzan con tu vocación. Con Internet es fácil investigar áreas del conocimiento y, tal vez, leas sobre algo nuevo que te emocione. Puedes sacar ideas revisando los programas de pre y postgrado de las universidades.

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