Escrito por María de los Ángeles Saavedra / Nº 256 /  12 abril 2018
El poder sanador de los vínculos

Hay una cosa que los niños necesitan para crecer sanos: atención y cariño. Está en nosotros dedicarles tiempo de calidad, escucharlos y hacerlos sentir queridos para formar lazos estables que los transformen en hombres y mujeres seguros y empáticos.

Hemos visto, en los medios de comunicación, los graves problemas que están ocurriendo al interior de varios centros de acogida de niños con problemas familiares o delictuales, donde carecen de un soporte físico, humano y emocional que pueda satisfacer sus necesidades desde la infancia. Luego, vemos con horror cómo esos mismos niños salen a la calle como delincuentes, o bien hacen noticia por haber sido abusados o maltratados. Culpamos al gobierno de turno, a los políticos, a nosotros mismos por dejarlos de lado, mientras que muchos buscan soluciones dentro del mismo sistema. Es en este contexto que un grupo de profesionales decidió poner atención en lo que pasa alrededor de los menores, teniendo en cuenta lo más importante: las personas responsables de su cuidado.

Así, luego de estudiar y analizar una montaña de evidencia científica, nace la Fundación Cuida Futuro, una organización sin fines de lucro cuya misión es entregar conocimientos y ayudar a desarrollar habilidades para garantizar las mejores condiciones de desarrollo de los niños, niñas y adolescentes, poniendo énfasis en los vínculos afectivos entre estos y quienes están a su cargo. Todo esto, partiendo de la base de que cada uno de ellos, sin importar el estrato social o la cultura de origen, requiere una relación estable y saludable con un adulto para poder florecer. “Necesitan que alguien se las juegue por ellos”, afirman.

Y es que, a veces, nos afanamos por buscar la felicidad de nuestros hijos dándoles los juguetes de moda o viajes, pero lo único que realmente necesitan es gratis y está al alcance de nuestra mano (y de nuestro bolsillo): nuestro apoyo, amor y nuestro tiempo.

Ana María Rodríguez, psicóloga de la Clínica Universidad de los Andes, confirma que este es un problema existente en todos lados, independiente del origen de la familia. “Se pueden encontrar vínculos muy fuertes y apego más seguro en familias con necesidades económicas no resueltas, ya que tienen cuidadores o padres dispuestos a preocuparse desinteresadamente del niño, sin esperar nada a cambio. Por otro lado, también existen debilidades y carencias en familias donde los menores tienen de todo, económicamente hablando, pero hay frialdad emocional y los padres, en ocasiones, entregan gran responsabilidad a quienes tienen a su servicio. Esto puede llevar a construir a veces tratos egocéntricos, donde se tiende apreciar a las personas de un modo utilitario o con cierto interés personal, ya que así es como aprenden a relacionarse. En estos casos resulta más complejo ponerse en el lugar de los demás o ser empático”, afirma.

En verdad: es más fácil decirlo que hacerlo, porque a veces los papás o encargados de los menores, no tenemos la experiencia o conocimientos para satisfacer esta necesidad y nos vemos sobrepasados por su comportamiento. Aquí entra en juego la Fundación Cuida Futuro, que tiene como objetivo cuidar a nuestros niños para que crezcan sanos y felices a través de la capacitación de sus cuidadores. “Las necesidades que intentamos resolver son transversales y afectan a todos los estratos sociales. Sin embargo, nuestra principal preocupación son los cuidadores de niños en situación vulnerable”, asegura Sergio Barroilhet, psiquiatra y uno de los directores de la organización.

A su juicio,  que muchas veces las personas responsables no saben cómo lograr vínculos sanos, porque no tuvieron los modelos adecuados o bien porque las circunstancias en que viven son difíciles y no hay tiempo ni espacio emocional para mejorar su crianza y aumentar la calidad de la relación con sus hijos.

TIPS PARA FORMAR MEJORES VÍNCULOS

Aquí hay ocho consejos prácticos, para fortalecer las relaciones familiares y de paso, estrechar los vínculos emocionales con nuestros hijos.

1. Ser consistentes: Establecer rutinas, límites y reglas permite que el niño desarrolle comportamientos saludables.
2. Ejercitar el respeto: No pasarlos a llevar, entregándoles límites pero permitiéndoles aprender de sus errores y superar sus miedos e incertidumbres.
3. Invertir tiempo: Niños y adolescentes se pueden ver favorecidos por conversaciones uno a uno y tiempo exclusivo para ellos, donde tengan la oportunidad de tomar la iniciativa, mientras que los papás siguen su liderazgo.
4. Seguirle el juego: Con el afán de no interrumpir sus ganas de conocer, explorar y desarrollarse, es bueno dejarlos liderar los juegos.
5. Estar presente: La presencia física sirve para que los niños sepan que pueden contar con nosotros. Además, es fundamental estar presente emocionalmente e interactuar de manera consciente y atenta.
6. Poner atención a las señales: Con el fin de atender de la mejor manera las necesidades de los niños, es importante captar las señales que ellos nos entregan y ser capaces de interpretarlas correctamente.
7. Entregar respuestas cariñosas: Ser atento y cuidadoso, son respuestas que ayudarán a construir un sentimiento de seguridad.
8. Adquirir experiencia: No es mala idea estudiar o aumentar nuestra expertise para saber cuál es la mejor manera de interactuar con nuestros hijos. Un ejemplo de esto, son los talleres de la Fundación Cuida Futuro.

eliana-vinculos-256Vínculo: previene, protege e impulsa

Hoy, la falta de soporte emocional y humano hacia nuestros niños se puede explicar por un entorno social y familiar complejo, como el uso de drogas o el alcoholismo, o bien por la escasez de tiempo que les dedicamos diariamente, la que ha provocado que muchos crezcan como adolescentes solitarios y en algunos casos, con serios problemas de salud mental. Robert Winston y Rebeca Chicot, autores del libro The Essential Baby Care Guide, afirman en un artículo publicado en el London Journal of Primary Care que hay evidencia desde los campos de la psicología, neurobiología y otras ciencias, que demuestran que la negligencia, inconsistencia de los padres, además de la falta de amor, pueden conducir a problemas de salud mental de largo plazo, así como también disminuir la felicidad de los niños. Aquí es donde entra en juego la creación consciente de lazos emocionales entre los menores y al menos una persona adulta, que se haga responsable de jugársela por ellos.

De acuerdo a la Fundación Cuida Futuro, la literatura científica señala consistentemente que el gran factor de riesgo para una mala salud mental es la carencia de vínculos emocionales sanos durante la infancia y adolescencia. “La habilidad de un niño para formar y mantener relaciones sanas durante su vida, pueden estar notablemente afectadas por la falta de vínculos sanos en la primera infancia”, aseguran los autores.

Es más, si nos detenemos a mirar el lado biológico por un momento, Winston y Chicot afirman que los niños que han sufrido negligencia pueden tener un menor desarrollo en el hemisferio izquierdo del cerebro que puede llevar a depresión, además de sensibilidad exacerbada en el sistema límbico, donde se concentra la parte emocional y que puede ocasionar ansiedad. Los autores afirman también que pueden ver un crecimiento reducido en el hipocampo, lo que contribuye a dificultades de aprendizaje y falta de memoria.

Así, podríamos decir que los cuidadores tienen el futuro de nuestra infancia en sus manos. Y que dentro de los múltiples beneficios de un vínculo sano, están la resiliencia, empatía, capacidad de sociabilizar y ajustar el comportamiento a ciertas situaciones. En resumen: ser una persona funcional, capaz de establecer relaciones sociales sanas con los demás.

De acuerdo a Ana María Rodríguez, los vínculos son un eje central en el desarrollo.  “A que a lo largo de nuestra vida nunca estamos solos. Desde que nacemos nos relacionamos y aprendemos patrones de quienes nos acompañan desde la primera infancia y a lo largo de nuestra existencia”, asegura y explica que éstas deben comenzar a formarse idealmente antes de nacer. “Cuando los padres tienen la ilusión de tener a su hijo junto a ellos, momento en que surge la relación y vínculo en su mente”.
Pero aunque no todos tienen la oportunidad de nacer y crecer en ambientes seguros y cariñosos, nunca es tarde para reparar los daños en los vínculos ya existentes o para generar nuevas relaciones saludables y enriquecedoras. “Es un trabajo que puede necesitar de apoyo psicológico, y en ocasiones toma largo tiempo, pero es positivo intentarlo. Vale la pena”, asegura la psicóloga.

entrevistados-vinculos-256Aprender haciendo

Para lograr el objetivo y empoderar a padres y cuidadores, el trabajo de los profesionales de la Fundación Cuida Futuro se centra en dar apoyo, a través de talleres e intervenciones, a personas que sean los encargados de la crianza de los niños, ya sean padres, abuelos u otros parientes, o incluso el responsable de un grupo de niños en un centro de acogida. “Nuestra misión es entregarles conocimientos y ayudarlos a desarrollar habilidades de acuerdo a la evidencia disponible, para garantizar las mejores condiciones de desarrollo para sus hijos pequeños o adolescentes”, explica Sergio Barroilhet.

Con la meta puesta en hacer un real cambio en nuestra sociedad, este trabajo lo realizan basándose en cuatro pilares fundamentales: el de Intervención, por medio de la realización de charlas abiertas, seminarios temáticos, talleres grupales y actividades personalizadas en temas de crianza y cuidado infantojuvenil. Un segundo eje es el de Investigación, que mide la calidad y eficacia de estas intervenciones, además de buscar nuevas estrategias con base científica que ayuden a la misión de la Fundación. La Difusión es el tercer pilar, que pretende dar a conocer y sensibilizar a la sociedad respecto de la importancia de los vínculos de calidad entre cada niño y su cuidador durante los años de desarrollo: y finalmente, la Gestión se encarga del funcionamiento orgánico de todos los demás ejes, y que estos puedan contar con los medios para llevar a cabo su trabajo.

En este contexto, Sergio Barrioilhet, explica que para las intervenciones en el formato taller e individual realizan primero una evaluación previa. “Los padres o cuidadores principales contestan cuestionarios en áreas como estilo y satisfacción parental, conducta infantil, entre otros. Al terminar, repetimos este cuestionario para ver los cambios que se han producido y así objetivar la efectividad de la intervención” cuenta.

Así es como Eliana, colombiana y mamá de Franco y Nicole, mellizos de un año y medio, tuvo la oportunidad de asistir a uno de estos talleres, siguiendo la metodología Play Therapy. Aunque para ella el solo hecho de ser mamá le entrega vínculos naturalmente cariñosos con sus hijos, de todas maneras optó por participar en el curso impartido en el jardín infantil de Santiago donde asisten, acompañada de su pequeño Franco. “Para mí es importante tomar la iniciativa y capacitarme en estos temas, puesto que tiene que ver directamente con su desarrollo, y de entender cómo ser una buena mamá. Es por ello que esta actividad me interesó para enriquecerme y crecer personalmente. Ahí aprendí que todo se da naturalmente, pero no tomamos conciencia de ello y lo transformamos en una rutina, por lo que debemos valorar cada momento y hacerlo especial”, cuenta y agrega que para ella es importante fortalecer los vínculos porque desarrolla una conexión con sus hijos más allá de la comunicación verbal.

Según el director de Cuida Futuro, gracias a este trabajo de campo, en la Fundación han podido apreciar cómo la gran mayoría de padres y cuidadores quieren a sus niños, y están interesados en saber cómo hacerlo mejor para tener una buena relación y a la vez educarlos para que sean personas de bien y con mayores oportunidades. “Tenemos muchos testimonios de personas que luego de hacer los talleres quedan maravillados con los cambios en la conducta de sus niños y la mejoría en el vínculo con ellos, lo cual también queda evidenciado en la evaluación objetiva que hacemos al terminar la intervención. Eso nos inspira y motiva a poder crecer y llegar a más y más cuidadores, y especialmente a los que más necesitan nuestra ayuda”, finaliza.

Súbete a la bicicleta

La Fundación Cuida Futuro trabaja con el sistema de la “bicicleta”, poniendo a disposición cursos y talleres para quienes puedan pagar. Con esos fondos ayudan a pagar otras intervenciones tan necesarias en sectores más vulnerables.
Por ello, en los meses de mayo y junio de este año se realizarán talleres presenciales y telefónicos bajo la metodología Triple P -o de Parentalidad Positiva para Padres- orientados a apoderados de niños entre dos y diez años. El programa, que tiene su origen en la Universidad de Queensland, hoy está presente en más de 20 países y es uno de los únicos con resultados comprobados científicamente. Incluso, la ONU lo ha catalogado como el mejor de este tipo gracias a sus resultados.

Triple P tiene como objetivo crear una instancia de trabajo en donde se entreguen instrumentos concretos que ayuden por medio del aprendizaje de estrategias que mejoren la relación y el vínculo, a promover conductas positivas y a prevenir y manejar las negativas. Junto con ello, busca entregar herramientas prácticas para la crianza con el fin de lograr una mayor armonía en las familias, como también prevenir problemas de comportamiento en el futuro.

Cuidemos la Infancia: ¿Cómo está Chile?

En 2011, una investigación realizada por la reconocida psicóloga y directora del Instituto de Estudios Infantiles del Bryn Mawr College en Pensilvania, Leslie Rescorla, indicó que Chile ocupaba el puesto número 24 en los índices de bienestar infantil, problemas conductuales y emocionales de preescolares a nivel internacional.

Esto puede explicarse, en parte, por otro estudio realizado por la Universidad de Chile, en base a uno de los programas de Chile Crece Contigo, donde se encontró que el 74% de los adultos cree que pasan tiempo insuficiente con sus hijos  debido principalmente al trabajo.

Por otra parte el Cuarto Estudio de Maltrato, realizado por la UNICEF en  2012, mostró que el 71% de los niños y niñas encuestados reciben algún tipo de maltrato: un 51,5% señala haber sufrido violencia física y el 25,9% ha sido sujeto de violencia física grave.

Esta es solo parte de la evidencia que indica que nuestros niños necesitan vivir en entornos de cariño y que, para eso, es fundamental aplicar estrategias de crianza que mejoren los vínculos emocionales entre ellos, y quienes estamos a su cargo. “Antes que todo, hay un niño o adolescente que necesita urgentemente de guía, de contención, conexión, comprensión, de soporte, de cuidado”, aseguran en la Fundación Cuida Futuro.

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